VISIÓN A FAVOR DE LOS OPRIMIDOS: Semana 2, día 2. Aprendiendo a ver.

VISIÓN A FAVOR DE LOS OPRIMIDOS: Semana 2, día 2. Aprendiendo a ver.

Nunca hubiera visto mi propio privilegio blanco si no hubiera sido forzado a salir fuera de mi cultura blanca dominante al viajar, trabajar en la cárcel, escuchar las historias de los aconsejados y, francamente, hacerme completamente el tonto en muchos escenarios sociales, ¡muchos de los cuales yo tenía la libertad de evitar! Y así, el reconocimiento tardó en llegar. No sólo soy blanco, también soy varón, sobreeducado, del clero (de cleros, los separados), un célibe católico, sano y americano. Me he beneficiado del privilegio blanco en tantos frentes que muchas, muchas veces he malinterpretado la situación antes de empezar a sentir lo que los demás sentían y ver lo que otros podían ver claramente. ¡Muchos deben haber volteado los ojos y espero que me hayan perdonado! La educación sobre el privilegio blanco es la mejor entrada para ayudarnos a aquellos de nosotros que pensamos que no somos racistas a reconocer que, estructuralmente y a menudo, inconscientemente aún lo somos. Nuestro fácil avance ha sido muchas veces a costa de que otros no avanzaran en lo absoluto.

 

El poder nunca se rinde sin luchar. Si toda tu vida ha consistido en vivir sin cuestionamientos en tu posición de poder —un poder que te fue dado culturalmente, pero que piensas que te ganaste— casi no hay manera de que renuncies a él sin sentir un gran fracaso, sufrimiento, humillación o derrota. El problema es que no podemos programarlo. Todo lo que podemos hacer es dejar de sostener nuestro poder por la idolatría del dinero, las posesiones, las posiciones de poder, el entretenimiento superficial, la adoración de celebridades y atletas, y la economía de la guerra. Todo esto depende de nuestra común fascinación con estar en la cima. Mientras realmente queramos seguir en lo alto y sigamos haciendo las mismas cosas privilegiadas que haríamos al llegar allí, nunca habrá un amor real por la igualdad, la verdadera libertad, o el Evangelio. Esto nos desafía a cada uno de nosotros a cambiar y no sólo a aquellos que están temporalmente en “la parte superior”.

 

La agenda básica de justicia de Jesús fue una vida sencilla, en humildad y amor al prójimo. Todos tenemos que vivir de esta manera. Desde esta posición, Dios puede hacer su obra con bastante más facilidad.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/learning-to-see-2016-03-28/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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