VISIÓN A FAVOR DE LOS OPRIMIDOS: Semana 2, día 1. Cegado por el privilegio.

VISIÓN A FAVOR DE LOS OPRIMIDOS: Semana 2, día 1. Cegado por el privilegio.

Nunca comprendes realmente a una persona hasta que consideras las cosas desde su punto de vista, hasta que te metes en su piel y caminas en ella. —Harper Lee (1926-2016), Matar a un Ruiseñor.

 

Una vez en posición de poder, después del IV siglo, la Iglesia comenzó a interpretar las Escrituras de forma muy distinta. Una vez que el Faraón es tu benefactor y protector, hay muchas preguntas que ya no se pueden hacer. No se puede preguntar acerca de la liberación de esclavos en la casa del Faraón, ni hacer preguntas de justicia e igualdad en su fiesta de cóctel. Y si llegas a hacer dichas preguntas, no recibirás respuesta, sino que serás silenciosamente —o salvajemente— eliminado. Eso quedó muy claro en Éxodo.

 

Una vez que el cristianismo fue protegido por los emperadores, una vez que nos movimos fuera de las catacumbas hacia las basílicas (“palacios”) ya no pudimos sentir el rechazo que Jesús experimentó por haber nacido pobre en un país ocupado. Cambiamos los lugares, y, por lo tanto, cambiamos nuestro punto de vista: ya no desde abajo hacia arriba, sino de arriba hacia abajo.

 

Por lo tanto, lo alto fue en donde, desde ese momento, la mayoría del clero residió o tuvo puesta su mirada. Esa ha sido la perspectiva desde la que mucha de nuestra predicación e interpretación de las Escrituras ha venido: varones blancos, europeos, singularmente educados, en su mayoría cómodos, usualmente célibes. Yo mismo soy uno, y no todos somos malos. Pero no somos todos. Cuando la historia y la religión son enseñadas exclusivamente desde el lugar privilegiado de las personas en el poder—que es casi siempre el caso— no somos capaces de ver la realidad justo enfrente de nuestras narices. Vivimos con un sesgo que no reconocemos: privilegio y fácil acceso al privilegio. Esto es lo que San Francisco, por ejemplo, intentaba reformar.

 

En todos los países donde he hablado en el transcurso de los años, los laicos han aceptado que los obispos y sacerdotes vean la realidad desde el lado de la administración y muy pocas veces desde el lado de la clase trabajadora, donde Jesús incuestionablemente residía. Cuando tuvimos un liderazgo de servicio, la iglesia prosperó; en cuanto dejamos de tenerlo, a menudo experimentamos, y con buena razón aún hoy en día, un virulento anticlericalismo.

 

Pasemos a otro ejemplo de cómo el privilegio nos impide ver la realidad. Yo ingenuamente pensaba que ya habíamos dejado atrás el racismo cuando fui educado en la década de 1960. Aquellos de nosotros que somos blancos tenemos mucha dificultad en darnos cuenta que constantemente recibimos un trato especial sólo por el color de nuestra piel. Esto se llama “privilegio blanco”, y es invisible para nosotros porque es parte de la misma estructura de nuestra cultura. Como conscientemente no tenemos actitudes racistas o comportamiento racista evidente, amablemente nos consideramos a nosotros mismos como personas con mente abierta, igualitarios y por lo tanto ciertamente no racistas. Como nunca hemos estado del otro lado, en gran medida no reconocemos el acceso estructurado del que disfrutamos, la confianza que pensamos merecer, la suposición de que siempre pertenecemos y no nos tenemos que ganar dicha pertenencia. Todo esto lo damos por sentado y normal. Sólo alguien de fuera puede detectar estas actitudes en nosotros.

 

Los “Estados de pecado” siempre son incapaces de criticarse a sí mismos, lo cual es en gran parte la razón de que sean pecado, para empezar. El mal depende de un disfraz y trata de verse como una virtud para sobrevivir. Deberíamos ser astutos para escuchar el “Magníficat” de María en el que ella subversivamente dice que Dios “derroca a los poderosos de sus tronos y exalta a los humildes” (ver Lucas 1:52). No es de extrañarse que esta valiente mujer haya sido elegida para ser la madre de aquel que dijo la verdad. Jesús debe haber aprendido un poco de eso a través de ella.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/blinded-by-privilege-2016-03-27/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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