VISIÓN A FAVOR DE LOS OPRIMIDOS: Semana 1, día 5. Una inherente dignidad universal.

VISIÓN A FAVOR DE LOS OPRIMIDOS: Semana 1, día 5. Una inherente dignidad universal.

Pablo ofrece un fundamento teológico sólido para la dignidad y el florecimiento humano que es inherente, universal e indestructible mediante cualquier valoración, sea de raza, religión, género, nacionalidad, clase, educación o posición social. Creemos ahora que la razón por la cual este hombre disfrutó de un éxito inmenso en un corto tiempo es porque le devolvió la dignidad humana a un mundo que la había perdido hacía tiempo. Un dios más en Grecia o Asia Menor hubiese importado poco, pero cuando Pablo le dijo al pueblo avergonzado que ellos eran templos de la divinidad, esto hizo arder sus corazones de esperanza y deseo.

 

El acontecimiento de Pentecostés en Hechos se desvía para enfatizar que gente de todo el mundo escuchó a los galileos hablar en las lenguas individuales de los peregrinos luego de que viento y fuego descendieran del cielo (ver Hechos 2:1-11). Al menos 17 naciones o grupos son mencionados y “alrededor de 3000 personas” (Hechos 2:41) fueron bautizadas y recibieron al Espíritu Santo aquel día. El mensaje teológico es claro: El favor de Dios es totalmente democrático e inmerecido. Fue concebido para terminar con tribus, etnias y religiones elitistas. Pero no duró demasiado; para el 313 el cristianismo comienzó a alinearse con los imperios y emperadores de Roma y Constantinopla.

 

Una de las razones por las cuales las enseñanzas de Pablo tienen tanta influencia en Asia Menor se debe a que él restauró la dignidad humana en un tiempo cuando quizás 4 de cada 5 personas eran esclavos, las mujeres eran consideradas propiedad de los hombres, el templo de la prostitución era una forma de adoración y la opresión y la injusticia hacia los pobres y los extranjeros eran la norma universal. Los derechos humanos no existían aún. Dentro de este Imperio corrupto Pablo clama: “Un mismo Espíritu nos fue dado para beber” (1 Corintios 12:13). Él nivela completamente el campo de juego: “Ustedes, todos ustedes, son hijos e hijas de Dios en Cristo Jesús… por lo que no hay distinción entre hombre o mujer, judío o griego, amo o esclavo, sino que todos son uno en Cristo Jesús” (ver Gálatas 3:26-28).

 

¡Esto es bastante impresionante, considerando el mundo dividido de aquel contexto! A criterio de Pablo, el viejo mundo se había ido para siempre y un nuevo mundo había nacido. Esto seguramente era imposible y aterrador para algunas personas, pero absolutamente atractivo y esperanzador para la mayoría que no gozaba de su dignidad, sean quienes fueran. ¿Quién no quiere escuchar que es bueno y valioso? ¿Quién no quiere ser rescatado de su marginación social? Nunca más el cuerpo sería una cosa barata, degradada por la esclavitud o el abuso sexual, verbal y físico. Pablo está diciendo: “Ustedes mismos son el templo de Dios”. Los eruditos ahora creen que esta es la idea organizadora suprema de Pablo. Semejante afirmación inesperada acerca de la dignidad humana comenzó a transformar al Imperio romano entero.

 

La enseñanza de Pablo acerca de la sexualidad (1 Corintios 6:15-20) no es el mensaje moralista que muchos de nosotros hubiésemos esperado que viniera del cristianismo. Pablo sólo está diciendo que tu cuerpo tiene dignidad así que debes preservarlo y defenderlo. Hoy lo llamaríamos un sentido saludable de la identidad y los límites. Cuando en su momento una mujer no gozaba de ninguna protección sexual, esto fue revolucionario. Una mujer podía ahora reclamar autonomía y negarse a darle su cuerpo a cualquier hombre que lo quisiera. Un hombre podría empezar respetando y siendo responsable con su propio cuerpo. Este mensaje es dignificante y positivo, no un dedo acusador y moralista. Pero ahora nos estamos acercando a la historia desde otro lugar. Las personas que odian al cristianismo, tras siglos de moralismo vergonzante, también deben ser honestas y admitir que el feminismo emergió fuerte y mayoritariamente en las culturas occidentales que fueron formadas por lo que René Girard brillantemente denominó “el virus del Evangelio”.

 

 

 

Fuente original:

https://cac.org/universal-inherent-dignity-2016-03-24/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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