VISIÓN A FAVOR DE LOS OPRIMIDOS: Semana 1, día 4. El disfraz más doloroso de Dios.

VISIÓN A FAVOR DE LOS OPRIMIDOS: Semana 1, día 4. El disfraz más doloroso de Dios.

En Jesús encontramos un ejemplo casi extremo de Dios tomando partido. Comienza despojándose a sí mismo de toda divinidad (ver Filipenses 2:6-7), viene como un bebé sin hogar, luego un refugiado en un país extranjero, luego un invisible carpintero en un país colonizado y ocupado por un poder imperial, terminando como un “criminal”, acusado y torturado por los líderes de ambos sistemas de poder, el templo y el Imperio, abandonado por su círculo más cercano, sometido a la pena de muerte en el ritual público más humillante y, finalmente enterrado rápidamente en una tumba sin distintivo. Si Dios de alguna manera planeó esta historia, seguramente tenía pensado que el mensaje fuera claro, subversivo e inevitable. Sin embargo, convertimos a Jesús en un ícono alrededor del cual cualquier establecimiento sacerdotal o policial puede congregarse sin siquiera sonrojarse.

 

Ilia Delio, una científica y teóloga franciscana, nos desafía a tomar el escándalo y el movimiento descendente de la Encarnación seriamente y dejarlo reacomodar nuestras prioridades.

 

Una tendencia de la encarnación es evidente hoy en nuestra cultura globalizada. El “problema” de los inmigrantes, los destinatarios de planes sociales, los presos, los enfermos mentales… los discapacitados y todos aquellos que son marginados por la sociedad, es un problema de encarnación. Cuando rechazamos nuestra familiaridad con los pobres, con los débiles, con los sencillos y con los desagradables, definimos a la familia de la creación por sobre y en contra de Dios. En lugar de Dios, decidimos quién merece nuestra atención y quién puede ser rechazado. Por causa de nuestros temores profundos, gastamos tiempo, atención y dinero en preservar los límites de nuestra privacidad y tratando de aumentar nuestro poder y conocimiento.  Nos sellamos a nosotros mismos herméticamente para estar afuera del indeseable “otro”, el extraño, y haciendo esto, nos cerramos a Dios. Rechazando a Dios en nuestro vecino, rechazamos al amor que puede curarnos.

 

Hasta que no aceptemos la realidad creada con todos sus límites y dolores como la presencia viviente de Dios, el cristianismo no tendrá nada para ofrecer al mundo. Será una cita de promesas vacías. Cuando perdemos la prioridad del amor de Dios en la débil y frágil humanidad, perdemos a Cristo, el fundamento en el cual nos basamos como cristianos.

 

La compasión sucede a la Encarnación permitiendo que la Palabra de Dios eche raíces dentro de nosotros para hacerse carne. La Encarnación no está terminada; no está completa aún porque su propósito es completarse en nosotros.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/gods-most-distressing-disguise-2016-03-23/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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