VISIÓN A FAVOR DE LOS OPRIMIDOS: Semana 1, día 1. Teología de la liberación.

VISIÓN A FAVOR DE LOS OPRIMIDOS: Semana 1, día 1. Teología de la liberación.

Uno de los grandes temas de la Biblia, que comienza en las Escrituras Hebreas y continúa con Jesús y Pablo, fue denominado “la opción preferencial por los pobres”; yo la denomino “visión a favor de los oprimidos”. Vemos los comienzos de esta cuestión unos 1200 años antes de Cristo, con las personas esclavizadas en Egipto. A través de su historia, Dios elige comprometer a la humanidad en una conversación social de larga data. El éxodo hebreo escapando de la esclavitud, con sus idas y vueltas y callejones sin salida, finalmente los lleva a la Tierra Prometida, eventualmente llamada Israel. Este es un clásico arquetipo de la continua travesía espiritual desde la caída en la esclavitud hasta la liberación. Esta es la historia universal.

 

Moisés, él mismo un hombre oprimido (un asesino prófugo que cuida a las ovejas de su suegro), al principio se encuentra con Dios en una zarza ardiente (Éxodo 3:2). Como tantos otros inicios de experiencias religiosas, esto sucedió mientras Moisés se encontraba solo exterior e interiormente. El encuentro es tan práctico como trascendente al mismo tiempo: “Quítate los zapatos; esto es Tierra Santa” (ver éxodo 3:5). Esta experiencia religiosa es seguida por un llamado a un costoso compromiso social con su propio pueblo oprimido, el cual no le había interesado hasta entonces. Dios dijo: “He oído el clamor de mi pueblo en Egipto. Tú, Moisés, enfrentarás al Faraón y le dirás que deje ir a mi pueblo” (ver Éxodo 3:9-10).

 

Allí, en el comienzo de la tradición judeo-cristiana, está la perfecta integración entre acción y contemplación. Primero, la experiencia transformadora tiene lugar a través de una zarza ardiente. Inmediatamente cobra implicancias sociales, económicas, históricas y políticas. ¿Cómo hacemos para siempre perder esto de vista cuando las Escrituras comienzan de esta manera? La conexión es clara.

 

No hay una experiencia auténtica de Dios que no te sitúe en el mundo de un modo totalmente diferente. Luego de un encuentro con la Presencia Real, ves las cosas de forma diferente y eso te libera de tus usuales compromisos y tus bajas expectativas; el sistema que te da seguridad, tu estatus, tu economía y tu propia identidad. La pantalla de tu vida se expande exponencialmente. Esta transformación tiene costosas consecuencias. Moisés tuvo que dejar el palacio del Faraón para hacerse nuevas preguntas y convertirse en el libertador de su pueblo.

 

Creo que la historia del Éxodo es la raíz de toda la teología de la liberación, la cual Jesús enseña y ejemplifica completamente, especialmente en los tres evangelios sinópticos (ver Lucas 4:18-19). Jesús es primeramente el sanador de los pobres y los oprimidos. El hecho de que ni siquiera lo notemos revela nuestra ceguera ante la preferencia obvia de Jesús.

 

La teología de la liberación se enfoca en liberar a las personas de la opresión religiosa, política, social y económica (más claramente, lo que el Papa Juan Pablo II llamó “pecado estructural” y “maldad institucional”). Va más allá de solamente tratar de liberar a los individuos de sus propios y particulares “malos comportamientos”, lo cual parece ser el significado de la palabra pecado para la mayoría de las personas en nuestra cultura individualista. El pecado estructural es aceptado como bueno y necesario a nivel empresarial o nacional. Muchas organizaciones —incluyendo la iglesia— y gobiernos se salen con la suya e incluso son aplaudidos por matar (guerras), por su codicia, por su vanidad, por su orgullo y por su ambición. Sin embargo, los individuos son condenados por hacer las mismas cosas. Esta conveniente grieta nunca creará grandes personas, naciones o religiones.

 

La teología de la liberación, en lugar de legitimar el interés en el statu quo, trata de interpretar la realidad, la historia y la Biblia, no desde el lugar del poder, sino desde el lugar del dolor. Su punto de partida no es el tratamiento del pecado sino “¿Dónde está el sufrimiento?”. Nuestro punto de partida hace toda la diferencia en nuestro modo de leer la Biblia. Jesús pasa poco tiempo tratando de descubrir a los pecadores o imponer códigos de pureza de cualquier tipo. Él simplemente va hacia donde está el dolor. Te desafío a intentar desmentir esto.

 

 

 

Fuente original:

https://cac.org/liberation-theology-2016-03-20/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

Deja un comentario