Un cambio de corazón y un cambio de mente: Conectando la teología con la vida

Un cambio de corazón y un cambio de mente: Conectando la teología con la vida

La última vez hablé acerca de utilizar las herramientas de la ética y la psicología como medio para leer mejor las Escrituras, y surgió el tema de “la cabeza contra el corazón” en los comentarios. Este es un tema muy importante, y me pareció que merecía una discusión aparte. Es particularmente importante porque la idea de cabeza y corazón se trata de, en última instancia, tener nuestras teorías conectadas a la realidad y a la experiencia.

Déjame empezar definiendo algunos términos. Cuando hablo de “corazón” me refiero a nuestras experiencias y a cómo estas afectan nuestros sentimientos, que es cómo percibimos y experimentamos la realidad. Cuando hablo de “cabeza” me refiero a la manera en que entendemos cognitivamente estos sentimientos y experiencias, incluyendo la idea del lenguaje. Si sólo tenemos lo cognitivo, desconectado de nuestra experiencia de vida, se mantiene meramente teórico, separado de la experiencia vivida. Así que el corazón (nuestra experiencia de vida) es importante, tal vez podríamos decir que es principal. Sin embargo, también necesitamos lo cognitivo para dar sentido a nuestras experiencias y sentimientos. Rayos, el hecho de que estés leyendo esto, y pensando si estás de acuerdo conmigo, significa que estás participando en lo cognitivo. Básicamente, se trata de dar sentido y proporcionar un marco a nuestras experiencias y emociones. Esto no necesita ser un profundo ejercicio filosófico. Es algo que todos hacemos constantemente. Por ejemplo, un niño de cinco años podría pensar: “Estoy sintiendo algo, creo que se siente bien, es causado por esta otra persona que yo llamo ‘mamá’, esto es un abrazo, me hace sentir seguro y amado. Me encantan los abrazos de mi mamá”. Todo eso se trata de la comprensión, la conceptualización del significado de nuestras experiencias. En resumen, tanto la cabeza (nuestra comprensión) como el corazón (nuestros sentimientos y experiencias) son esenciales para nosotros. Tienen impacto en la teología, pero también, y desde luego mucho más, impactan la manera en que todos experimentamos la vida.

Con esta breve introducción, consideremos un comentario realizado por Kent en mi blog anterior (que fue el impulso para esta conversación). Él comienza diciendo esto:

“Vivir una vida siendo amado por Dios y amando a los demás no es difícil. Desde mi perspectiva, somos cambiados (nacidos de nuevo/nacidos de lo alto/convertidos en nueva creación —la descripción bíblica que se quiera utilizar—) cuando experimentamos el amor de Dios en nuestros corazones (el cerebro derecho) a través de la revelación intuitiva”.

En primer lugar, hay muchas más cosas en el comentario de Kent con las que estoy de acuerdo que con las que no. Así que permíteme comenzar con lo que estoy de acuerdo. Es cierto que los humanos nos formamos a través de relaciones amorosas. Idealmente, de niños somos formados por el amor de nuestros padres y después de eso crecemos para ser amorosos, responsables, reflexivos y maduros. Hay, por supuesto, un paralelo con el amor de Dios, y nos encontramos con esa idea expresada en la declaración de que “Dios nos amó primero” (1 Juan 4:19), que es el contexto en el que respondemos amando a los demás. Como dice Pablo: “todo lo que importa es la fe que actúa en el amor” (Gálatas 5:6). Una vez más, del mismo modo en que somos formados por el amor de nuestros padres terrenales, la idea es que Dios, nuestro Abba celestial, nos ame, y ese amor nos forme dando lugar a que amemos a los demás. La confianza/fe de nuestra experiencia con un amoroso Dios relacional se expresa a sí misma en nosotros, amando a otros de la misma manera en que hemos sido amados, en resumen, la confianza se expresa en actos de amor.

Sin embargo, a menudo la experiencia… dejando de lado (con escalofríos) los sentimientos y emociones… ha sido hablada de formas muy despectivas por los teólogos, que tienden a ser muy “intelectuales” y desconfiados de las emociones y la experiencia. Es una verdadera pena, porque las emociones y la experiencia son vitales para el ser humano. Es más, una teología que está desconectada de la experiencia y los sentimientos está desconectada de la vida, de las relaciones (incluyendo la relación con Dios) y del amor. Hay un término bíblico utilizado para describir ese tipo de teología enfocada sólo en lo intelectual: Muerte. Por eso, cuando la teología desestima la experiencia, los sentimientos y el corazón, eso significa que está muy quebrada.

Experiencia: Cambiando tu Corazón

Como se señalé anteriormente, nuestras experiencias nos moldean y nos forman. Ellas nos hacen lo que somos. La buena noticia es que esto no es algo que sólo ocurra en la niñez. Experimentar el amor también puede cambiarnos de maneras positivas como adultos, al igual que experimentar traumas como adultos puede cambiarnos de manera negativa.

Eso se conecta a la teología en que, si pensamos que las personas cambian simplemente a través de información, estamos malentendiendo algo muy básico acerca de cómo funcionamos los seres humanos. Cambiamos, incluyendo el cambio mental, por lo que experimentamos. Cambia mi corazón y eso seguramente cambiará mi mente. Así que, si como pastores queremos cambiar a alguien para mejor, si queremos cambiar la forma en que tratamos a los demás, una parte crucial de cómo llegamos a ese cambio, es mediante las experiencias positivas que nos remodelan.

Déjame darte un ejemplo. Una determinada escuela de terapia de matrimonios, conocida como Terapia Enfocada en las Emociones (TEE), hace hincapié en la importancia de la experiencia de emociones positivas en la pareja como medio principal para sanar relaciones y reconstruir conexiones en un matrimonio. Digamos que hay una pareja en la que el hombre es una especie de bruto. Él irrumpe y le quita autoridad cuando ella está educando a sus hijos. No obstante, a medida que el terapeuta ahonda en esto, resulta que el hombre en realidad es bastante inseguro, pero siente que tiene que ser “fuerte” para mantener las cosas unidas. Esto no es algo que el terapeuta le diga, sino algo que él descubre sobre sí mismo. En otras palabras, la TEE le ayuda a llegar a una parte vulnerable de sí mismo, debajo del muro protector de su “fuerte” comportamiento externo.

A su vez, como su mujer experimenta que él tiene estos sentimientos vulnerables, se abre, viendo un lado de él que nunca había visto antes, ella experimenta sentimientos de empatía y comprensión hacia él. Experimentar esto juntos como pareja los une. Por lo tanto, se trata de ayudar a las parejas a salir de los viejos patrones de conflicto, trayéndolos a lugares vulnerables bajo ese conflicto externo (sus miedos, sus inseguridades, sus heridas), con el fin de construir empatía y conexión.

El propósito de esto no se trata principalmente acerca de comprender algo cognitivamente, sino mucho más de experimentarlo juntos, y de cómo esa experiencia positiva al ser comprendida, mientras fueron vulnerables, los condujo a una profunda conexión.

El punto de todo esto es que los practicantes, que trabajan directamente con personas, personas que necesitan ayuda con sus relaciones, con el amor, descubren que la experiencia juega una parte crucial en este trabajo. Es a través de provocar positivas experiencias emocionales —no simplemente mediante la comprensión cognitiva, sino principalmente a través de experimentar sentimientos vulnerables juntos— que se construye la empatía y la conexión, la pareja se vuelve a conectar, y el matrimonio es sanado. Imagina lo que pasaría si los pastores aprendieran la forma de provocar experiencias emocionales positivas en las personas y cómo esto podría afectar a la formación espiritual.

La experiencia es vital. El amor es vital. Pero estoy en desacuerdo con la afirmación de Kent de que esto “no es difícil”. El amor es bueno, pero sin duda no es fácil. ¡Si el amor fuera fácil, los terapeutas matrimoniales no tendrían trabajo! El amor es difícil, y no viene a todos nosotros de manera intuitiva. Las parejas a menudo necesitan aprender cómo comunicarse, cómo relacionarse entre sí de maneras que los unan en lugar de maneras que los pongan en conflicto. Una parte de ello es que la mayoría de nosotros no sólo tenemos experiencias felices como niños, sino que también venimos con algo de “bagaje” emocional que acarreamos a nuestras relaciones íntimas. Es decir, hemos aprendido algunas formas desastrosas de relacionarnos con los demás, y por eso necesitamos aprender a amar bien. Cuanto más cerca estás de alguien, más profunda es la intimidad, y más difícil se vuelve.

Re-enmarcando: Cambiando tu mente.

Todo esto no quiere decir que no haya lugar para el intelecto, para lo cognitivo. De hecho, lo cognitivo es crucial, ya que sin ello no tendríamos manera de darle sentido a nuestras experiencias y sentimientos. De hecho, la forma de entender y enmarcar algo realmente cambia los sentimientos que tenemos al respecto, cambia la forma en que lo experimentamos. Por ejemplo, cuando era niño me rompí la muñeca jugando al fútbol, y como ocurrió en el contexto deportivo creí que era cool. Cuando algunos niños me fastidiaban en el colegio y me empujaban contra el casillero, eso me molestaba mucho. El dolor físico involucrado era trivial comparado con la rotura de mi muñeca, pero la experiencia emocional de la intimidación era muy perturbadora, mientras que romperme un hueso se sentía cool. La forma en que enmarcamos nuestras experiencias, la narrativa en donde las situamos, cambia la forma en que realmente las experimentamos emocionalmente.

La teología se trata de la manera en que enmarcamos las cosas. ¿Cómo podemos darle sentido a lo que somos como seres humanos? ¿Cómo podemos darle sentido al sufrimiento en nuestro mundo? La forma en que enmarcamos este tipo de cosas hace toda la diferencia. ¿Enmarcamos la desgracia humana como una señal de que Dios está enojado y nos castiga? ¿O enmarcamos el sufrimiento en el contexto de un Dios que comparte nuestro sufrimiento? Ese marco cambia la forma en que experimentamos la vida, y es por eso que las imágenes negativas de Dios pueden ser tan perjudiciales y debilitantes para las personas. No se trata sólo de una teoría aparte porque afecta nuestra experiencia de vida, en este caso de una mala manera.

Del mismo modo que podemos tener experiencias tanto positivas como negativas (del corazón), también podemos tener comprensiones de la vida (intelectuales) que puedan ayudarnos y sanarnos o comprensiones que nos estorben y nos hagan daño. Así que la forma en que damos sentido y enmarcamos nuestras experiencias importa enormemente, e incluso da forma a la manera en que experimentamos la vida. Es por eso que las cuestiones cognitivas y la teología importan, porque la teología mal enmarcada nos puede bloquear de experimentar el amor de Dios, y la buena teología puede permitirnos experimentar una vida llena de significado y amor.

A fin de cuentas, no necesitamos escoger entre cabeza y corazón, entre pensar y sentir, entre lo experiencial y lo cognitivo. Más bien, tenemos que entender la forma en que ambos trabajan juntos. En pocas palabras, la cabeza interpreta al corazón, es decir, nuestra comprensión enmarca nuestras experiencias. La forma en que esto funciona no es lineal (primero uno y luego lo otro), sino más bien una relación circular donde ambos se influyen mutuamente.

Así que en lugar de menospreciar a una o la otra como mala (los intelectuales que dicen que las emociones son “débiles” y “poco fiables”, o los emocionales que dicen que lo cognitivo es “frío” y “desconectado”), necesitamos ser capaces de abrazar ambos aspectos de nosotros mismos, reconociendo que son partes vitales de lo que significa ser plenamente humano. De hecho, lo que pensamos y lo que sentimos no está separado sino entrelazado, influyéndose uno al otro. No son rivales, sino compañeros; dos amantes en un baile.

 

Fuente original:

http://www.therebelgod.com/2016/05/a-change-of-heart-and-change-of-mind.html

Derek Flood

Derek Flood

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