Tuve un sueño horrible en el que te veía morir

Tuve un sueño horrible en el que te veía morir

La opinión del filósofo Jean Paul Sartre sobre la libertad y la responsabilidad puede llegar a ser difícil de entender. Su declaración de que somos radicalmente libres para elegir en un momento dado entre diferentes opciones, pareciera sonar como si él estuviese diciendo que hay una parte de nosotros que puede examinar diferentes situaciones, y luego tomar una decisión sobre qué hacer en un espacio afectado por alguna cadena causal (poniéndolo de esa manera suena agotador).

Pero Sartre no está afirmando que sólo existe una parte de nosotros (algún fantasma dentro de la máquina) que en cualquier momento es libre de elegir, sino que somos libres. La expresión “la existencia precede a la esencia” es la afirmación de que la conciencia en sí misma es una señal directa de una libertad radical. Esto significa que todo lo que hacemos es nuestra carga y que la negación de la responsabilidad es un acto de mala fe.

Una buena manera de pensar en la libertad de Sartre es referenciarla con la obra de Freud sobre los sueños. Para Freud hay un sentido de que somos responsables de lo que soñamos. Los sueños son nuestros, y aun así no podemos controlarlos. No los elegimos y raramente tenemos la oportunidad de influenciarlos de una manera consciente. Se sienten ajenos a nosotros, cuando en realidad son una profunda parte nuestra. En palabras de Žižek, son un tipo de extraterrestre del espacio interior (lo que Lacan llama “extimidad”).

Es por eso que, desde una perspectiva freudiana, aún esas cosas que soñamos y nos perturban son un reflejo de una suma de deseos o anhelos. Si tengo un sueño donde veo a un amigo ahogarse, no puedo escapar del hecho de que lo soñé. En el sueño podría sentir una horrible sensación de pánico al estar en el agua y verlo desaparecer debajo de ella, pero la sensación de pánico en realidad puede ser la defensa que empleo para protegerme de confrontar esos deseos.

El sentimiento de horror provee una manera de censurar ese deseo que hay dentro mío debido a la auto-repugnancia que de otra manera sentiría. Los celos u odio que podría tener en contra de este amigo se ven disfrazados fuertemente por mi aparente disconformidad emocional.

Utilizamos esta misma lógica cuando decimos frases como: “Yo no soy racista, pero…” o “Lo digo sin ofender, sin embargo…”. Aquí vemos como una persona es capaz de discriminar o insultar y al mismo tiempo proteger su imagen. Cuando una persona escribe: “Odio decir esto, pero…”, en general, una cosa que casi siempre se evidencia es que no detestan mucho decirlo, de hecho, les provoca cierto grado de placer hacer este tipo de declaraciones.

 

Fuente original:

http://peterrollins.net/2014/03/i-had-a-horrible-dream-in-which-i-watched-you-die/

Peter Rollins

Peter Rollins

Filósofo, Teólogo, Autor, Conferencista.

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