Tribus y violencia

Tribus y violencia

El Señor le dijo a Abram ve…

Entonces Abram fue…

Génesis 12

 

Vamos a hablar de tribus. En el antiguo Cercano Oriente tu tribu era tu familia, tu linaje, tu casa, tu identidad, tu tribu era todo. Y todo el mundo pertenecía a una tribu.

Trabajabas para el bienestar de tu tribu, como todos los demás en la tribu. Acumulabas posesiones, librabas batallas, hacías alianzas, todo en nombre de la preservación de la tribu. Y si hacías algo inaceptable, algo vergonzoso, se reflejaba negativamente en tu tribu.

Ahora, a Génesis 12. Según la historia, Dios llama a un hombre llamado Abram para ser el padre, el líder de una nueva tribu (más tarde el nombre de Abram fue cambiado a Abraham, y él tuvo muchos hijos, muchos hijos tuvo padre Abraham, yo soy uno y tú también…). (No me pude resistir). (Si te perdiste ese momento de pura hilaridad, es una estrofa de una canción en la que repites esa estrofa una y otra y otra vez, cada vez más rápido hasta que todo el mundo se desmaya. Buenos tiempos).

Pero entonces, a la promesa hecha a Abram se añade:

y todas las familias de la tierra serán benditas a través de ti.

Las tribus (también llamadas naciones en las escrituras hebreas) en ese momento existían para su propio bienestar y preservación. Esta tribu, la que Abram lideraría, sería diferente. Esta tribu existiría para bendecir a todas las otras tribus.

Esta era una idea completamente nueva.

Y a medida que la tribu de los hijos de Abram crecía, llevaba consigo este sentido de llamado, este sentido de que eran diferentes, que tenían un papel único que desempeñar en el mundo.

Recuerda, en la historia de Génesis, en el capítulo antes de encontrarnos con Abram, la humanidad había perdido el rumbo a tal punto de que estaban construyendo una torre para ser dioses. Así que, si la humanidad se había dirigido hacia la dirección equivocada, ¿cómo cambiar las cosas? Empiezas una nueva tribu, una nueva humanidad, una tribu que se movería con, no contra Dios.

Ahora, un poco más sobre las tribus.

Las tribus tenían dioses y diosas, fuerzas que seguían y veneraban, y por quienes se creían protegidos y guiados. Así que cuando ibas a la batalla contra otra tribu ―generalmente por la tierra, el acceso, los recursos o la riqueza― estabas luchando contra ellos, pero al mismo tiempo tu dios estaba confrontando a su dios (ese es el subtexto de la historia de David y Goliat). Y cuando ganabas, los eliminabas y te llevabas todas sus cosas. ¿Por qué? Porque, ¿y si dejabas algunos hombres vivos y más tarde se juntaban ―tal vez el hijo del rey que mataste fuese su líder― y llegaban a conseguir su venganza? No podías correr el riesgo. O tal vez matabas a los hombres, pero tomabas a las mujeres. Y a los burros, y todo lo que querías. Aquello era llamado botín de guerra. Había reglas acerca de cómo funcionaba esto, porque las tribus lo habían estado haciendo de esta manera por mucho tiempo.

¿Brutal? Sí.

¿Violento? Sí.

¿Primitivo? Sí.

¿Barbárico? Sí.

Tu identidad tribal no se trataba solamente de tu linaje y de tus dioses, se trataba de seguridad. El mundo era extremadamente peligroso, y sin la protección de una tribu podías fácilmente encontrarte esclavizado o algo peor, por otra tribu. Esto no era como la selección de un partido político moderno o una afiliación religiosa, tu supervivencia estaba en juego. Cuando uno lee esas historias del Antiguo Testamento acerca de esto y sobre acumular tantos hombres guerreros, una cierta cantidad de espadas, caballos o camellos, o hacer una alianza con el rey fulano de tal, no era un hobby. Esto era la vida o la muerte. Asesinar o ser asesinado. Y sin importar cuántas batallas hubieras peleado y ganado, siempre estarías a una batalla de distancia de que tu enemigo te aplastara y eliminara por completo a tu tribu, o de que asesinara a algunos y el resto fuese tomado para ser asimilado en la tribu conquistadora. (Por esta razón la hospitalidad era tan importante, cuando los extranjeros pasaban por tu campamento los invitabas a entrar, cuidabas de ellos y te asegurabas de que fuesen bien tratados, porque el más mínimo desaire o inhospitalidad podría desencadenar quién sabe qué tipo de violencia inter-tribal. Qué es lo que sucede en la historia de Sodoma y Gomorra…).

Imagina lo que pasaría si la tribu vecina obtiene una nueva tecnología, como el hierro o el bronce. Sería aterrador el saber que, si hubiera una batalla, serias superado. Toda tu forma de vida estaría en juego (esa es la tensión entre los filisteos y los israelitas durante la historia de David y Goliat).

Es en este mundo y en este tiempo que leemos la historia de un hombre llamado a ser el padre de una nueva nación, una nueva tribu, una que existe no sólo para su auto preservación sino para un propósito mucho más alto, el de bendecir a todas las otras tribus.

Esta es la historia de la tribu de Abraham, también llamada Israel.

¿Puedes ver cuán radical fue esta idea?

¿Puedes ver cómo esta idea habría tomado un tiempo para hacerse popular? (¿Y puedes ver por qué Jesús sigue recordando a su pueblo su vocación original?).

¿Puedes ver lo difícil que habría sido hacer este tipo de salto en una cultura en la que la afiliación tribal y la preservación era el valor más alto?

¿Puedes ver cómo sin importar lo que te hayan dicho acerca de quién eras y cuál era tu llamado, aun tendrías un filtro, una lente, una manera de ver el mundo?

¿Puedes ver lo fácil que hubiera sido ganar una batalla, masacrar a todos en la tribu derrotada y luego darle el crédito a tu dios, contando más tarde historias sobre cómo tu dios les dijo que lo hicieran?

Rob Bell

Rob Bell

Autor, Conferencista.

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