Todas las cosas son tuyas – Parte 2

Todas las cosas son tuyas – Parte 2

Todo les pertenece a ustedes,

ustedes pertenecen a Cristo,

y él pertenece a Dios.

―1 Corintios 3

El verano pasado fui a un espectáculo de danza de la Parsons Dance Company. La compañía fue fundada por David Parsons, uno de los principales coreógrafos contemporáneos del mundo, y sus actuaciones son impresionantes.

Hacia el final del espectáculo hubo un número en solitario. Todas las luces estaban apagadas a excepción de un foco blanco que iluminaba a un bailarín de pie, solo en la parte posterior del escenario. La música empezó a sonar, él comenzó a moverse y luego algo impresionante sucedió, comenzó a volar.

No realmente.

Pero eso es lo que pareció.

Lo que hicieron fue apagar la luz del escenario y encender una luz estroboscópica que titilaba mucho más lento de lo que normalmente titila un pulso de luz estroboscópica. Cuando el estroboscopio se apagaba el bailarín corría y saltaba de manera que cuando se prendía estaba en el aire y entonces se apagaba, él aterrizaba, corría y saltaba de nuevo justo antes de que se prendiera otra vez… Desde la perspectiva de la audiencia, en realidad sólo se lo veía cuando él estaba en el aire, apareciendo y reapareciendo en diferentes lugares por todo el escenario.

El efecto fue abrumador.

La gente comenzó a moverse visiblemente en sus asientos, jadeando, y luego vitoreando y aplaudiendo, pero no demasiado, porque era tan fascinante que apenas tenías energía para hacer algo más que simplemente mirar. Sabías que había una explicación ―la luz estroboscópica no era difícil de entender― pero la sorpresa y la conmoción de eso quitaba el aliento de una persona. Tus ojos estaban viendo algo que no podías creer al mismo tiempo que tu cerebro estaba luchando para averiguar qué era exactamente lo que veías. La sincronización, la genialidad de la coreografía, la altura de sus saltos, todo ello combinado para producir una experiencia asombrosa. Tan simple, y a la vez tan difícil y tan brillante.

(Para aquellos de ustedes que se están muriendo de curiosidad: https://www.youtube.com/watch?v=UB1ZnvCuXzg&feature=youtu.be para echar un corto vistazo).

Te conté de ese momento porque mientras escribo esto me doy cuenta de hasta qué punto mis palabras se quedan cortas para explicarte la experiencia que tuve. Solo puedo señalar, compartir, tratar de explicar (darte un link de YouTube para un breve vídeo que no alcanza a hacer justicia), haciendo mi mejor esfuerzo para poner en palabras mi experiencia.

Lo que nos lleva a la Biblia.

Piensa en esta frase que Pablo usa al final de 1 Corintios: todo es de ustedes. Es tan grande que es casi demasiado grande, ¿verdad? Es tan amplia, masiva, inclusiva, afirmante, optimista, alegre, positiva, abrazadora, inspiradora, edificante, valiente y audaz; sobre todo porque él lo hace a propósito.

Sus amigos en Corinto se han vuelto mezquinos, divisivos, pequeños, atascados en los mismos ridículos viejos debates sobre quién les gusta más, quién es mejor, de qué lado están, a quienes siguen y quién tiene más razón… Él hace todo lo que puede aquí para sacudirlos de su pequeñez, comenzando a propósito con las divisiones entre ellos y llamándolos a celebrar la verdad a través del maestro que sea, pero luego sigue adelante. La vida, la muerte, el mundo, el presente y el futuro, pareciera estar a propósito tratando de volar sus mentes con lo mucho que les pertenece.

Señalo esto porque muchos de los debates que la gente tiene acerca de la Biblia son increíblemente aburridos. Irrelevantes. Generadores de distracción. Y pequeños.

Hay un tiempo y un lugar para casi cualquier pregunta, pero los escritores de la Biblia escribieron estas cosas para que otros experimentaran lo que ellos habían experimentado.

Toma esta línea de Pablo:

Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8).

¿Qué significa nunca ser separado del amor?

¿Es así como tú vives todos los días?

¿En cada pensamiento recuerdas constantemente que ese amor es la base de tu ser?

Pablo escribe esto porque en su experiencia nada ―y hablamos de un hombre que fue golpeado, sufrió naufragios, tuvo numerosos atentados contra su vida, fue traicionado y pateado en la cara―, nada podía convencerlo de que el amor no es la realidad más profunda del universo.

Este es un hombre que experimentó lo peor que los seres humanos pueden hacerse unos a otros, y su respuesta no fue negarlo, decir que no era horrible o degradante o fingir que no había momentos en los que quería morir, su respuesta fue una y otra y otra y otra vez afirmar que hay un amor del que no podemos ser separados…

¿Es esto lo que la gente habla en los estudios bíblicos? ¿Por qué otra cosa más leerías los libros de esta biblioteca? Tú lees este libro porque quieres más de eso, ¿correcto? Quieres experimentar ese amor, esa gracia y alegría, quieres que penetre en todos los poros de tu ser, quieres ver al mundo y más concretamente a tu vida como una eléctrica visualización de este amor, ¿verdad?

O esta frase de Pablo:

Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los del pueblo del Señor, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo, y conocer el amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que seáis llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios. (Efesios 3).

Me encanta esa parte

cuán ancho, largo, alto y profundo es el amor de Cristo.

Genial, ¿no?

Él escribe porque quiere que sus lectores estén arraigados y cimentados en el amor, gente que sea inquebrantable, valiente y esté cimentada en la realidad de este amor.

Él escribe a sus amigos en Éfeso:

Rezo para que los ojos de vuestro corazón sean iluminados. (Efesios 1).

Cuándo la gente te pregunta de qué se trata la Biblia, ¿respondes: Se trata de ser más iluminado?

Porque así es como lo pone Pablo.

Entonces, ¿qué significa esto para nosotros en el 2014?

Primero, prueba esto: Repite esta línea: Todas las cosas son tuyas, como un mantra durante todo el día. Escríbelo en la pared, en tu mano, o haz un protector de pantalla. Cuando te encuentres con algo hermoso, algo inspirador, algo que te moviliza, algo que aferra tu corazón, dilo a ti mismo. Déjalo formar surcos en tus vías neurales. Que sea la canción que escuchas. Déjalo grabarse en tu corazón. Déjalo abrir tu mente. Déjalo darte ojos para ver lo que te perdiste hasta ahora.

En segundo lugar, Pablo escribe porque su experiencia de la resurrección de Cristo lo abrió, lo hizo más grande, amplio, abrazador, rebosante de alegría, valiente, lleno de asombro y admiración.

Tú puedes ver al mundo de esta manera.

Tú tienes esta elección. Tú tienes esta opción. Tienes esta oportunidad. Mientras avanzas durante el día y te enfrentas a los habituales tipos de molestias y dolores, presta atención a lo que te hace. Recuerda que todas las cosas son tuyas.

Imagínate arraigado y cimentado en el amor. Cuando te encuentres atraído a personas que vienen de muy diferentes orígenes y perspectivas, sé el primero en celebrar lo que sea que es bueno, verdadero y hermoso en medio de ti, sin importar de dónde viene o quién lo dice ni cómo llegó allí.

Si estás rodeado de pequeñas, frágiles, estrechas y mezquinas voces, deja de escucharlas. Si eres parte de un grupo o comunidad que te absorbe la vida, deja de ir. Si tienes a alguien continuamente diciéndote todas las formas en que no eres lo que ellos piensan que deberías ser, diles amablemente que los has oído y ahora es tiempo de que cesen su charla.

Todas las cosas son tuyas.

Durante miles de años la gente ha tenido experiencias de lo divino que los ha dejado sin habla. Momentos en que la luz estroboscópica se hizo presente, el bailarín parecía volar y se encontraron inquietos en sus asientos, con la mandíbula por el suelo, con la mente volada.

Toda religión, toda espiritualidad, toda doctrina, todo dogma, todas las creencias, todas las declaraciones de fe, todo empezó allí, con una experiencia sin aliento.

Tu invitación es vivir asumiendo que nada puede separarte del amor de Cristo, de que esa nueva vida es realmente posible, que lo divino está tan cerca como tu aliento, que el universo está de tu lado y todas las cosas son tuyas.

Rob Bell

Rob Bell

Autor, Conferencista.

Deja un comentario