Tierra con alma

Tierra con alma

“El Señor Dios formó al ser humano (adam) del polvo de la tierra (adamah) y sopló en su nariz el aliento (espíritu) de vida, y el humano (adam) se convirtió en un alma viviente.” –Génesis 2:7

El suelo es terreno milagroso: es la matriz de toda la vida en la tierra. Como nos dice el segundo relato de la creación en Génesis, toda vida surge “de la tierra”, plantas, animales y humanos. No caímos como espíritus puros del reino de las formas perfectas y nos encontramos encarcelados en materia despreciable (como afirma el platonismo); sino que fuimos formados del polvo de la tierra, inspirados por Dios y convertidos en almas vivientes. Somos humanos del humus, tierra con alma; somos una misteriosa síntesis del polvo de la tierra y el aliento de Dios. En cierto sentido los humanos son rocas muy complicadas y autoconscientes, rocas tan magníficamente complejas que somos capaces de soportar la imagen del Creador y compartir el espíritu del Creador. De hecho, el salmista es movido a alabar a Dios diciendo:

¡Gracias por hacerme tan maravillosamente complejo!

Tus obras son maravillosas, lo sé bien.

(Salmos 139:14)

Nuestra conexión con el suelo significa que compartimos un parentesco con toda la creación; de hecho, cada ser vivo comparte un ancestro en común: el suelo del que venimos. Es en este sentido que hablamos de “Madre Tierra”, como lo hizo San Francisco de Asís en su Cántico de las criaturas.

Alabado seas mi Señor en todas tus criaturas,

especialmente en el hermano sol,

por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor,

de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana,

la madre tierra,

la cual nos sostiene y gobierna

y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas…

Sí, tenemos nuestro origen en el suelo. No estamos emparentados con los automóviles, computadoras o teléfonos celulares; estas son herramientas inanimadas creadas por criaturas. Pero estamos relacionados con el musgo, los árboles y los alces, estos son parientes creados por nuestro Creador. Alguien me dijo que compartimos aproximadamente el 60% de nuestro ADN con las bananas. ¿Eso te ofende? A mi no. Me siento honrado de estar relacionado con el Hermano Árbol de Banana. Pero como hermanos mayores, tenemos la tarea de cuidar al Hermano Árbol de Banana, a todos los demás árboles y a todos los seres vivos.

(Digo “hermano mayor”. En el segundo relato de la creación de Génesis, los humanos son creados primero, luego las plantas y finalmente los animales. Veo esto como complemento del primer relato de la creación, donde el orden de la creación es plantas, animales y finalmente humanos, a quienes se les da “dominio” -la tarea de gobernar sabiamente- sobre toda la creación de Dios).

Así que no olvides quién eres. No eres una máquina con alma, eres tierra con alma. Y para que florezca tu alma, necesitas mantener una conexión con el suelo y el mundo natural. Si vivimos demasiado de nuestras vidas con pisos artificiales debajo de nuestros pies, techos sobre nuestras cabezas e iluminados por luces fluorescentes, tenderemos a una patología del alma. Necesitamos estar afuera. Necesitamos algunas caminatas en el bosque, algunos paseos tranquilos en la playa, algunas caminatas extenuantes en las montañas. Como mínimo, necesitamos algunas visitas regulares a un parque donde podamos tener algo de comunión con el Hermano Sol y la Madre Tierra.

No retrocedas a la horrible noción de la Era Industrial de que la naturaleza es algo que debe ser conquistada o explotada. No te relaciones con la naturaleza con arrogancia y avaricia; camina suavemente entre la naturaleza con humildad y gracia. Si destrozamos la naturaleza al explotarla, mataremos algo de nuestra propia alma. Cuando tratamos de actuar como máquinas, nos alejamos de nuestra humanidad hacia algo menos que humano: descendemos de lo humano a lo inhumano.

Seamos guardianes sabios y compasivos de la buena tierra de Dios, la matriz de la cual estamos formados. No le prestes atención al ignorante que podría burlarse de ti por abrazar un árbol. (Nunca te avergüences de darle un abrazo a la Hermana Árbol). En cuanto a los cristianos que vergonzosamente desestiman el cuidado de la creación con palabras espantosas como “todo va a arder”, reprenderlos suavemente en el nombre de Jesús. No estamos llamados a ser agentes de degradación, sino agentes de nueva creación. María Magdalena confundió al Cristo resucitado con un jardinero, no con un minero.

La vocación original de la humanidad era administrar sabiamente la creación de Dios y esa vocación nunca se rescindió. Hoy el cuidado de la creación es una responsabilidad urgente para todos los que buscan seguir a Jesús a la Nueva Jerusalén. La Nueva Jerusalén es la ciudad jardín que Juan de Patmos establece como alternativa al yermo sulfuroso del lago de fuego. Debemos cooperar con el “jardinero” en la ciudad verde, no con la bestia en el lago ardiente.

Recuerda que eres tierra con alma. Y recuerda la sabiduría del Elder Zosima en Los hermanos Karamazov de Dostoievski,

“Ama toda la creación de Dios, tanto la totalidad como cada grano de arena. Ama cada hoja, cada rayo de la luz de Dios. Ama a los animales, ama a las plantas, ama cada cosa. Si amas cada cosa, percibirás el misterio de Dios en las cosas. Una vez que lo hayas percibido, comenzarás a percibir incansablemente más y más de él todos los días. Y finalmente llegarás a amar al mundo entero con un amor completo y universal”.

 

Sol y arena

El hombre ciego en la puerta

El sol en mis ojos,

la arena entre los dedos de mis pies,

son mejores para mi alma

que mil “Me gusta”

(¡Sí!).

Soy tierra con alma,

una roca complicada

(¡Vamos!).

Respirado en

y por Dios;

césped consciente,

una mota del universo

contemplándose a sí misma

y a Dios.

Evolucionado e involucrado,

pero no completamente resuelto,

me tomará más de ochenta años

aprender la partitura

de esta misteriosa sinfonía

que los científicos llaman supersimetría.

Todo lo que sé es que

si todo lo que hago es

vivir dentro de mi cabeza

me sería lo mismo

estar muerto.

Tengo que tener el sol en mis ojos

la arena entre mis dedos

y el viento cortante en mi cara,

si quiero correr mi carrera

como humano de carne y hueso

y no uno hecho de unos y ceros.

Así que pondré mi pie sobre el viejo humus del bosque,

o subiré a la alta tundra,

o a un antiguo granito,

o caminaré descalzo sobre la arena que baña el mar,

o por algún empedrado desgastado,

antes de que mis pies estén hacía adelante en una caja.

Mientras esperamos el amanecer de la nueva creación,

por muy agradable que sea el periodo

hasta que recibamos la orden de resucitar,

imagino que echaremos de menos el sol y la arena.

 

Fuente original:

Soil With A Soul

Brian Zahnd

Brian Zahnd

Fundador y Pastor de Word of Life Church

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