Suposiciones y reunión de Alcohólicos Anónimos

Suposiciones y reunión de Alcohólicos Anónimos

Recuerdo el primer sermón que di como si fuera ayer. Es uno de los recuerdos más vívidos que tengo. Tenía 21 años y me ofrecí para dar el sermón (¿Quién hace eso? ¿Quién se ofrece para predicar un sermón?). Supe desde el momento en que me puse de pie para empezar a hablar que eso era lo que se suponía que tenía que hacer con mi vida. Realmente se sintió como si fuese el primer día del resto de mi vida, como si mi vida hubiese empezando toda de nuevo, como si estuviera hecho para esto.

Me doy cuenta de que puede sonar dramático, pero eso es lo que pasó.

Ese sermón resultó ser el primero de muchos.

Habría de estudiar un pasaje de la Biblia, luego prepararía un sermón y entonces lo daría, luego estudiaría otro pasaje de la Biblia, prepararía un sermón y lo daría…

Que es lo que he estado haciendo desde hace un tiempo. Y me encanta más que nunca. Me encanta el trabajo, el proceso, el sudor, la enloquecedora sensación que viene cuando está terminado, pero no por completo. Me encantan las horas de estudio y reflexión. Me encanta ver como encajan. Me encanta cuando estoy trabajando en algo y de repente veo lo que no había visto antes. Me siento allí solo en mi escritorio, mezo mi silla hacia atrás y tomo una profunda respiración, porque estoy abrumado de que lo que sea que haya descubierto tengo que compartirlo con la gente.

Digo todo esto porque, como predicador, la Biblia es donde comienzas. Y la Biblia, como todos sabemos, puede ser un problema. Algunas personas están en contra de ella, pero no tienen ni idea de lo que hay en ella, algunos simplemente no le tienen confianza, algunos la ven como un obstáculo para la evolución y la iluminación, y otros simplemente siguen repitiendo los mismos versos que han estado repitiendo durante años, preguntándose por qué todo el mundo ―incluyendo ellos― es tan aburrido. Y luego, algunos tienen tanto bagaje asociado a ello que ni siquiera saben por dónde empezar…

Encuentro a la Biblia más fascinante que nunca. Como he pensado en todos estos años predicando, me he dado cuenta de que hay una serie de ideas que han dado forma a cómo me acerco a la Biblia, voy a hacer mi mejor esfuerzo para explicar esas ideas aquí.

Así que si estás quemado, desanimado o sepultado bajo una montaña de equipaje cuando vienes a la Biblia, esto es para ti.

En primer lugar, tienes que comenzar con lo que tienes.

Tengo un amigo que se llama Peter Rollins (sugiero la lectura de sus libros, que son espléndidos) que señala que una de las razones de porqué las reuniones de AA (Alcohólicos Anónimos) son tan poderosas es porque todo lo que tienes es tu materialidad. ¿Qué quiere decir con materialidad? En una reunión de AA no puedes fingir. No te puedes ocultar. No puedes ser nada ni nadie que no sea lo que eres y lo que haces. Eres impotente ante el alcohol, tu vida se ha vuelto inmanejable, y necesitas ayuda. Estás allí, en esa habitación, sentado en esa silla plegable, bebiendo café, en tu bruta esencia.

Si dijeras: “Hola, soy ______ y soy alcohólico, pero tienen que entender que no es gran cosa. Realmente soy una persona increíble que ha logrado todo tipo de cosas asombrosas, no es realmente mi estilo estar en una reunión como ésta…”, todos sabríamos que no estás listo. No eres serio. Es sólo después de tocar fondo, cuando estás dispuesto a sentarte con tu dolor e impotencia y enfrentarla, reconocerla y aceptarla como lo que realmente es en toda su cruda materialidad, que tienes la chance de un día limpio y sobrio.

Ahora, pensemos en la materialidad en relación a la Biblia.

La Biblia es una serie de escritos de personas reales que vivieron en lugares reales en tiempos reales. Eso es lo que tenemos. Eso es la Biblia, antes que nada. Ahí es donde empezamos. Estas personas que escribieron estas cosas eran egocéntricas, divertidas, codiciosas, amorosas, impredecibles, generosas, apasionadas y propensas a hacer cosas realmente estúpidas.

Justo como nosotros.

Tuvieron experiencias.

Contaron historias.

Ellos hicieron todo lo posible para compartir esas historias y poner lenguaje a esas experiencias.

Cuando te acercas a la Biblia, entonces, tienes que comenzar con qué es lo que tienes, qué es lo que sabes sobre ella, lo que realmente es.

Ahí es donde comienzas.

En segundo lugar, entonces, cuantas más suposiciones arrastres a la Biblia, menos interesante la encontrarás.

Empecemos con un ejercicio: Tú tienes pensamientos acerca de Dios y la Biblia. Creencias. Escepticismo. Convicciones. Enojo. Experiencias. Cosas que la gente te ha dicho. Cosas que has leído. Opiniones acerca del Dios en el cual crees o no crees. Y cualquier otra cosa. Imagina esos pensamientos como canicas. Cada uno de ellos una pequeña bola brillante.

¿Lo tienes? Bueno. Ahora toma todas esas canicas y ponlas en el bolsillo. O en un cubo. O en el porta vasos de tu coche. Ya entiendes el punto. Colócalos a un lado. Apártalas de tu vista.

Ahora, lee la Biblia.

Sin alguna de esas canicas.

Adelante.

Pruébalo.

Escoge un pasaje al azar.

Lánzate.

Haz tu mejor esfuerzo para leer sin ninguna idea acerca de Dios penetrando en el cuadro.

Si haces esto, todo lo que tienes son las palabras en la página. Escritas por gente, transmitidas por gente, editadas por gente, escogidas por gente.

Eso es lo que tienes.

Ahora, pasemos a algunas de esas preguntas que a menudo surgen cuando la gente habla de la Biblia. Vamos a centrarnos en algunas de las preguntas más comunes, casi cliché, como:

¿Por qué Dios le dijo a esa gente que matara a esas otras personas?

O

¿Por qué Dios creó a las personas si sabía que ellos enredarían las cosas?

O

¿Por qué Jesús tuvo que morir, no podía Dios haber salvado al mundo de otra manera?

Las has oído, ¿verdad?

He aquí porqué las menciono: Si se les dijera a las personas que hacen esas preguntas, ¿de dónde sacaron sus ideas acerca de este ser llamado DIOS?, probablemente contestarían: De la Biblia.

¿Me sigues?

¿Ves por qué esto puede ser un problema?

La persona que hace preguntas como éstas ya tiene una serie de supuestos, creencias y pensamientos acerca de Dios y la Biblia que trae a su lectura. Así que mientras lee, está constantemente comparando lo que está leyendo con lo que ya tiene decidido acerca de cómo y quién es Dios. (Esto es especialmente cierto para la gente religiosa que creció oyendo acerca de una versión en particular de Dios. Puede ser muy, muy difícil escuchar la Biblia de otra manera).

Entonces, el arte, el desafío, la invitación en la lectura de la Biblia, es poder ser consciente de tus canicas y mantenerlas en el cajón tanto tiempo como puedas. Esto a menudo es el porqué las personas que crecieron en la iglesia, van la universidad, toman una clase de literatura o de religión comparativa, tienen que leer la Biblia como parte de sus cursos y de repente, la encuentran fascinante. En realidad, su crianza los inoculó contra la fascinante naturaleza de la Biblia, porque se pasó mucho tiempo diciéndoles lo que es…

Lo cual me lleva a un tercer punto: Ten cuidado con los sermones en los que el punto es demostrar algo acerca de la Biblia.

No sólo que a menudo son bastante aburridos y confusos sobre a quién están destinados (estas son personas que se levantaron el domingo por la mañana, y posiblemente la mejor cosa que pensaron que podían hacer era entrar en el coche y conducir hasta un edificio para escuchar a alguien hablar sobre un libro que fue escrito hace miles de años, por personas de un continente diferente, en una cultura diferente, que hablaban un idioma diferente. Probablemente no necesitan mucho convencimiento…).

sino que son una gigantesca manera de perder el punto.

La Biblia no es un argumento, es un registro de la experiencia humana. El punto no es probar que es la palabra de Dios o inspirada o cual fuere la palabra que la gente use, el punto es entrar en esas historias con tal intención y vitalidad que encuentres qué es lo que inspiró a las personas a escribir estos libros.

(Cuando encuentras algo inspirador, la última cosa en tu mente es probar que es inspirado, estás demasiado atrapado siendo realmente inspirado).

Si estás tratando de demostrar qué es,

ya te has perdido en la maleza profunda.

Pero si profundizas en la humanidad de la misma, es cuando las cosas se ponen interesantes…

En cuarto lugar, entonces, tienes que dejar que sea lo que es.

Hay un montón de pasajes que son bastante misteriosos, palabras en el idioma original para las cuales no tenemos equivalentes modernos adecuados, historias que involucran prácticas y rituales para los cuales no tenemos ningún contexto…

Pero si mantienes tus canicas en el cubo, y lees y escuchas con atención, empezarás a ver la historia detrás de la historia, la historia acerca de gente despertando a una comprensión más grande y expansiva de quien entienden que es Dios y lo que creen que Dios está haciendo en el mundo.

Tus preguntas, entonces, empiezan a tomar un nuevo carácter porque comienzas a darte cuenta de que cuanto más te introduces en la humanidad de sus historias, más descubres que hay algo trabajando, algo insistente, algo perdurable, algo que no soltaba a esas personas.

Y entonces te das cuenta de que esa misma fuerza, presencia, atracción, llamado, está hoy trabajando dentro de ti. Y de los que te rodean.

Y lo que sea que no dejó ir a esas personas, no te dejará ir a ti.

Así que sean cuales sean tus perspectivas sobre la Biblia, déjala ser lo que es.

Si todavía estás aferrándote a bagaje innecesario, déjalo ir.

Si no puedes leer sin apresurarte a juzgar, pon algunas canicas más en el cajón.

Si sólo eres capaz de leer de una manera, pide nuevos ojos.

A continuación, echemos un vistazo a un par de lugares en la Biblia que demandan que los dejemos ser lo que son, comenzando con la resurrección.

Rob Bell

Rob Bell

Autor, Conferencista.

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