Soñando dentro del mundo: Más allá de la neurosis, la perversión y la psicosis

Soñando dentro del mundo: Más allá de la neurosis, la perversión y la psicosis

Una de las críticas más frecuentes contra el psicoanálisis es que en realidad es una disciplina normalizadora. Que tiene como objetivo reintegrar a la persona dentro de un sistema social del que se siente separado.

Políticamente hablando, esta definición es vista como cuestionable porque la experiencia de la alienación psíquica atestigua un ambiente problemático. El verdadero movimiento radical, entonces, no es reintegrar una comunidad dentro de un sistema en el cual su síntoma colapsa, sino más bien darle las armas para que puedan superarlo mejor. Estas conductas neuróticas, perversas y psicóticas son por lo tanto idealizadas y leídas como fuertes arrebatos contra los sistemas opresivos.

En definitiva, nuestro mundo está en crisis y la supuesta anomalía psíquica de un “desorden” subjetivo es de hecho el punto de Arquímedes que se usará para derribar al sistema opresivo que le dio origen a la misma.

Desde esta perspectiva la normalización de una persona o comunidad manifiesta una forma de reinserción en un ámbito opresivo político, social o religioso. En lugar de dar a luz un apropiado objeto político disidente, uno que produzca ciudadanos dóciles y obedientes. Esta crítica adquiere incluso mayor poder persuasivo cuando uno considera lo imposible que sería sostener una clínica terapéutica que busca incrementar el descontento y la alienación. La postura de análisis parecería estar en oposición a una política radical.

En vista de esto, hay una tendencia en donde algunos académicos celebran el movimiento político de la neurosis, la inmoralidad o la psicosis.

Apoyándome en las reflexiones de Todd MCGowan en su excelente libro “Disfrutando lo que no tengo”, quiero hacer retroceder esta celebración de tales condiciones en forma individual o comunal.

Es cierto que la neurosis, la perversión y la psicosis gritan contra un sistema que les da lugar, pero el problema en cada caso radica en la forma particular en que permanecen impotentes para cambiar lo que reclaman.

En el caso de la neurosis, la persona o comunidad se retrae a la fantasía como un medio para escapar de las exigencias de la vida. La fantasía provee una forma de imaginar una libertad sexual, política y religiosa, sin embargo esta fantasía no afecta la realidad social que rechaza. Tiende a ser un refugio del mundo tal como es, un mundo puro y privado de perfecto placer.

En la perversión la persona o comunidad lucha contra un sistema opresivo, represivo e hipócrita. No se refugia en alguna vida de fantasía, sino que trata de vivirla. Sin embargo, el problema aquí es que el acto inmoral requiere de la lucha en contra, obtiene placer de provocar al sistema que rechaza. A causa de esto se convierte en un tipo de transgresión que exige lo que rechaza con el fin de sostener su libidinosa economía.

Finalmente, en la psicosis, puede verse un intento de construir un tipo de mundo distinto que supere al existente. Sin embargo, raramente obtiene un equilibrio. En la paranoia el individuo o comunidad construye un mundo que contradice radicalmente la realidad social. Este es un mundo de conspiraciones oscuras, villanos maniacos y tramas engañosas, todo destinado a dañarlos a ellos. Debido a la naturaleza extrema de estas fantasías solo en momentos únicos obtendrán algún tipo de lucidez. La visión paranoica es demasiado extraña para hacer algún tipo de cambio y permanece al margen.

En cambio, el psicoanálisis perfila un enfoque diferente. Es verdad que la psicología del ego puede verse como una manera de reintegrar a las personas en su entorno social, adaptándolos a su mundo. Sin embargo, la apropiada tradición freudiana rechaza esto. En esta tradición el individuo “normal” (o sea la persona que hace todo lo que la sociedad juzga como decente, justo y honrado) es visto como alguien que presenta un particular tipo de reacción anormal.

Para Freud, la persona sana no es alguien que tiene una mínima necesidad de fantasear, es decir, alguien que esta tan satisfecho en su propio mundo que no necesita de un complemento superior. Más bien, la persona sana es capaz de movilizar sus fantasías de un mundo mejor para que estas toquen directamente al sistema social, contribuyendo a su constante transformación. En lugar de apartarse del mundo, la comunidad o la persona sana es capaz de dejar que sus sueños impacten el mundo que los sostiene y trabajar para un verdadero cambio. Encontrando satisfacción en este acto.

Al contrastar esto con el acto neurótico, podemos decir que nuestra fantasía de un mundo mejor no es lo que utilizamos para poder enfrentar el dolor que sufrimos, sino que es un combustible que alimenta nuestro deseo para hacer el mundo en el cual vivimos menos doloroso.

Esta es la diferencia entre una esperanza que utilizamos para evitar cambiar el mundo (por ejemplo: tenemos la esperanza de que el mundo venidero sea mejor que este), y una esperanza que demanda involucrarnos para cambiar al mundo (por ejemplo: una esperanza que sea justicia para las minorías cruelmente manipuladas por el estado). En otras palabras, una esperanza que necesita mi involucramiento para convertirse en una realidad. Un tema que abordo en “El mago Divino”.

Resumiendo, los sueños no deberían apartarnos de la realidad, sino que tendrían que inspirarnos para cambiar la misma.

 

Fuente original:

http://peterrollins.net/2015/04/dreaming-into-the-world-beyond-neurosis-perversion-and-psychosis/

 

Peter Rollins

Peter Rollins

Filósofo, Teólogo, Autor, Conferencista.

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