07 Varón de Guerra es el Señor. Su hijo, Príncipe de Paz.

Abrazando mi ateo interior, me percato de algunas situaciones que quisiera se consideraran:

Si bien Dios es el mismo ayer hoy y siempre, en el Antiguo Testamento leemos que él es demasiado violento. Así se manifiesta en todas las guerras en las que ordenaba aniquilar pueblos enteros sin tener piedad de nadie (a propósito, no se encuentra mucha diferencia entre estos textos y el actuar en la actualidad del Estado Islámico). Entonces expresiones como perdonar 70 veces 7, poner la otra mejilla y al que te quite lo que es tuyo dale también la capa quedan opacadas por la violencia, la conquista y la fulminación bajo la lógica de la guerra.

El Nuevo Testamento propone lo contrario. El perdón, la paz, la reconciliación, el amor, la fraternidad, etc.; otra lógica muy diferente basada en el amor y la consideración por los más indefensos.

¿A qué se debe esta dicotomía?

Mil gracias.

Julio Andrés Torres, Colombia

 

¡Saludos compatriota! Gracias por invitar a un ateo a nuestra conversación. A decir verdad, en ciertas ocasiones me resulta más fácil hablar con personas que han menguado en su fe o no tienen ninguna, en vez de aquellos que son creyentes. Y lo digo porque aunque en medio de círculos ateos y agnósticos se puedan encontrar fundamentalismos, en mi experiencia, son menos las disonancias cognitivas de estos grupos frente a los cristianos.

Para intentar tener una aproximación más o menos ordenada a tu interrogante, quiero explicar el porqué de mi saludo. Pude notar que escribes desde Colombia, la misma tierra desde la cual construyo esta respuesta. Y de eso se trata exactamente el asunto con el que tu ateo interior tiene molestias.

Más allá que consideremos los relatos bíblicos, por lo menos de los primeros libros de la Escritura, históricos o no, es importante resaltar que estos describen y tienen como destinatarios personas que vivieron una época en particular, con una cosmovisión en particular, en medio de unas condiciones sociales particulares y algunas condiciones de supervivencia también particulares.

Aquí es cuando comienzo a sentirme un poco como Rob Bell en su maravillosa serie, traducida por La Conversación en Curso, ¿Qué es la Biblia? Y así como el autor gringo, tu respuesta no puede ser teología, pero sí reflexión teológica. A propósito, lee la serie de Bell dando clic aquí.

Volviendo al tema de las particularidades humanas en la época de los escritores y destinatarios de los textos bíblicos, no podemos perder de vista cómo era la vida entonces. Si tú ves guerra en la Biblia, es porque la sociedad era violenta y la única vía para poder sobrevivir era la violencia. ¿Qué quiero decir? Antes que Israel se constituyera una nación, los clanes eran las sociedades demográficas y ellos se organizaban para poder sobrevivir.

Entonces estos crecían y se convertían en pueblos y luego naciones, que a la postre, llegaban a transformarse en reinos. Para nosotros los latinoamericanos el concepto de Monarquía no es muy familiar puesto que empíricamente no hemos tenido contacto con una, sin embargo, para las sociedades europeas es mucho más fácil familiarizarse con el término porque en muchos de sus países aún existen.

Hago esta referencia porque es la base central de los textos que a nuestros ojos resultan muy violentos, pero para los escritores y los destinatarios no. Esto pasa porque si eres parte de una tribu en medio del desierto o de un campo y estás en ventaja de productos relacionados con cosechas o animales (comida) frente a otras tribus a tu alrededor, seguramente serás víctima de violencia o saqueos. Por más pacifista que seas.

Eso era exactamente lo que ocurría con las personas que escribieron el texto bíblico. En su época todo se resumía a matar o ser muerto. Nota que la Biblia nos va mostrando la evolución del pueblo de Israel, desde ser una familia patriarcal, hasta convertirse en tribu, luego en una gran comunidad de tribus, luego en un pueblo de esclavos, luego en pueblo errante, luego en un pueblo asentado y finalmente en un reino, el cual termina su existencia en la cautividad.

En medio de las dinámicas sociales de todas y cada una de estas épocas, la violencia es el común denominador porque si no matabas, te mataban. En general el pueblo de Israel usó la conquista únicamente en Canaán, la tierra que recibió como promesa a Moisés para asentarse allí.

Pero en el desierto debieron luchar, luego en su tierra debieron hacer lo mismo para defenderla y así sucesivamente. Pero la guerra es sucia. En la guerra no hay ganadores ni perdedores, sino que en la guerra hay muertes, viudas, dolor, huérfanos, pobreza, llanto, miseria, prostitución, desesperanza y nueva esperanza.

Así que si no peleas, llega el pueblo enemigo y te asesina, viola a tus esposas e hijas, se lleva esclavos a tus hijos y toma tus posesiones. No existía la diplomacia, no había derechos humanos ni cumbres internacionales de juego limpio. Nada de eso. Todo se solucionaba a través de la negociación, en algunos casos, pero la subsecuente guerra en la mayoría.

Ahora. Por un lado existe un grupo de creyentes que sostienen que efectivamente, Dios ordenó cada una de las guerras descritas en el texto bíblico, con todo y sus barbaries, ataques, niños estrellados contra las rocas, etc. La mayoría de quienes defienden esta idea, explican que Dios se manifestó de una manera en el Antiguo Testamento y de otra diferente en el Nuevo Testamento; siendo el mismo Dios, pero con planes diferentes para cada momento de la historia (en algunas corrientes cristianas conocido como dispensacionalismo, en otras como la Soberanía de Dios).

Sin embargo, algunas relecturas nos invitan a la reflexión y el cuestionamiento de todos estos textos difíciles… ¿Y si Dios se mantiene al margen de lo que la cultura contemporánea en aquellos tiempos dictaba? ¿Y si el autor bíblico al ver una respuesta esperada a su oración, entendió que fue Dios quien en realidad quería que actuara de esa manera? ¿Y si las Escrituras nos están hablando a través de la narrativa, dándonos un mensaje de Dios detrás de todos estos sucesos?

Porque así como dice Bell, los textos fueron escritos por personas reales en momentos reales y cuentan historias reales. Permíteme Julio darte un ejemplo, por favor.

Hoy día hay personas que tienen necesidades de toda índole. Algunos de ellos hacen promesas a Dios pidiéndole que los ayude en una u otra situación y si esa ayuda viene, entonces la promesa deberá ser cumplida. Un ejemplo dentro del ejemplo —así como en la película Inception—, sería algo así como que Miguel hace una oración diciendo: Dios, si me ayudas con mi examen de admisión a la universidad, dejo los videojuegos para siempre. Resulta que Miguel recibió su ingreso a la universidad y como consecuencia quedó convencido, por la oración que realizó días atrás, que fue Dios mismo quien le ayudó con su examen y gracias a eso él podrá ingresar.

Entonces Miguel, muy emocionado le cuenta a su novia todo lo sucedido, incluyendo la determinación de abandonar los videojuegos por siempre. Una promesa no se debe romper fácilmente, menos cuando se ha hecho a Dios mismo.

Al pasar las semanas, la novia de Miguel tiene una reunión familiar en la que sale el tema a relucir y ella les cuenta a todos que Miguel, por mandato de Dios, dejó los videojuegos porque lo distraían para poder ingresar a la universidad y en consecuencia, Él lo respaldó en su examen. Una tía de la novia de Miguel escucha la historia y la refuerza diciéndole a su hijo, ¿Si ves? Dios detesta los videojuegos, así que debes dejarlos de una vez por todas.

De esta manera, un deseo que había nacido en el corazón de Miguel como una promesa, se transformó en un mandato en la boca de la novia de Miguel y a su vez en un objeto de condena según la visión de la tía de la novia de Miguel. El primo de la novia de Miguel entonces hizo un ensayo y en él escribió que Dios odia los videojuegos, su escrito se encontró cientos de años después y la Comunidad de Fe de la Vida Sana y Orgánica tomó esta idea como fundamento de su doctrina.

¿Y si algo semejante ocurrió con aquellos relatos bíblicos violentos en los que los autores afirman que Dios mismo dio una orden? Esta posibilidad puede sonar demasiado progre, e incluso hereje para algunos; sin embargo bien podríamos considerarla puesto que el texto bíblico veterotestamentario es el resultado de tradiciones orales de cientos de miles de años.

Permíteme ilustrar esto un poco más. Para ello, quisiera invitar al teólogo chileno Ulises Oyarzún, quien explica que en el tiempo en el que se escriben las Escrituras judeocristianas, la ciencia no existía. No por lo menos a la manera en que la conocemos actualmente. ¿Te has dado cuenta Julio, que en la actualidad los servicios meteorológicos pueden predecir el clima y si caerán lluvias o no? Pues bien, en los días que son descritos en los relatos bíblicos, esto no era posible y la lluvia era esencial para los cultivos y para el ganado. Literalmente para que los clanes o los pueblos no murieran de hambre.

Así que cuando una casa sembraba una parcela y pasaba el tiempo sin recibir la lluvia, la desesperación comenzaba a reinar. Entonces, como los integrantes de este clan no sabían cuándo podría llegar, hacían todo tipo de ritos para que los dioses, o en el caso judío, Dios, enviara la lluvia. Al recibir respuesta afirmativa, esta casa quedaba convencida que lo que había hecho estaba bien y agradaba a la Divinidad. Exactamente lo mismo ocurría con las batallas y las guerras. Cuando ganaban, era porque Dios había peleado por ellos, el pueblo había actuado correctamente, cuando perdían es porque en algún momento ellos habían actuado mal.

De esta manera se comienza a construir la imagen del Dios del cielo, omnipotente, guerrero, proveedor, amo del cielo y la tierra, dueño del oro y de la plata, Dios poderoso, Rey, conquistador, etc.

En este escenario, Jesús viene con un mensaje bastante interesante y revolucionario para su época. Él se propone introducir en medio de los judíos la imagen de Dios Padre. Recordemos que cuando el Nazareno caminó en la Palestina del Siglo I, todo el territorio estaba bajo el dominio de Roma, logrado a través de la guerra y la barbarie.

En medio de esta situación y todas las implicaciones sociales que esto trae consigo, este predicador itinerante, no solo comienza a desplazar las imágenes guerreristas de Dios, sino que además adopta un discurso de la no violencia… Es como si hubiese dicho, Lo que ustedes conocen de Dios y creen que él es, en realidad no es tan exacto; mírenme a mí y entonces verán al Padre (Dios).

Y entonces comienza a hablar de la respuesta pacífica a acciones violentas; la otra mejilla, la otra milla, el orar por los enemigos, el amar al prójimo, el perdonar setenta veces siete, etc. En esto, los anabaptistas nos pueden enseñar muchísimo. Jesús lo que nos estaba enseñando es que solo hay una vía para acabar con los ciclos de violencia: La no violencia.

Permíteme aportar un ejemplo, por favor. Nuestro país ha sido golpeado durante varias generaciones por la violencia y los asesinatos. Así, la familia o clan de los Escobar, asesinaron a un miembro de la familia de los Rodríguez Orejuela; en respuesta, los Rodríguez Orejuela, asesinaron a un miembro de la familia Escobar; como consecuencia, estos responden con un asesinato y así hasta que se exterminan, literalmente los apellidos.

La propuesta de Jesús es entonces que frente al primer asesinato por parte de los Escobar, los Rodríguez Orejuela respondieran con no violencia y perdón. Esta sería la única manera para evitar los subsiguientes muertos. Responder al mal con bien. Resistencia.

Seguir este tipo de postulados nos alejan de la necesidad intrínseca humana de resolver todo a las patadas y caminar hacia la resolución civilizada de conflictos. Lo que hace Jesús a través de su discurso (el Sermón del Monte) y su vida (Sanar la oreja del soldado que viene a apresarlo), es decirnos que el mal no es la salida y que, si nosotros lo escuchamos a él y obedecemos sus palabras, podremos ser agentes que propicien el Reino de Dios en la tierra, reduciendo las muertes, las violaciones, los desplazamientos, etc.; no sólo orando, sino actuando.

David A. Gaitan
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