04 Sé un buen cristiano

Me gustaría saber y aprender qué significa ser un cristiano.

Deibis García, Guatemala

 

Gracias por tu interesante cuestionamiento Deibis. Como ya se ha mencionado en esta serie con anterioridad, para tu pregunta no existe una respuesta sino muchas. Desde este hecho, la responsabilidad recae sobre ti y sobre todos aquellos que nos enfrentamos a estos cuestionamientos al decidir por cuál de ellas apostamos nuestra vida.

En primer lugar, cristianismo no estamos seguros sea una idea de Jesús (su supuesto creador); más bien el desarrollo de este concepto sería tardío, una vez que las primeras iglesias descubrieron que a pesar que esperaban el regreso inminente de Jesús, este no volvía, a pesar que pasaban los días, los meses y los años.

Entonces si cristiano deviene de la palabra Cristo, todo esto se lo debemos a Pablo, quien en última instancia habría sido quien “Cristificó” a Jesús. Eso no es gratis. Recordemos por ejemplo los antecedentes del apóstol de los gentiles. Él no puede negar su influencia helenística (griega) por su formación, su contacto con la alta cultura de su tiempo desde su condición de ciudadano romano y también lo cerca de la cultura judía al ser él mismo, al parecer, un destacado fariseo. Esta idea se puede evidenciar en sus textos, los cuales al ser leídos intentando desprenderse del sesgo religioso, pueden caber perfectamente en una suerte de tendencia neoplatónica.

De hecho, Pablo no conoció a Jesús, sino que su contacto con Dios fue desde la teofanía, aspecto para nada desdeñable si es que se quiere lo quiere llevar a él y a su escuela al centro del espectro como objeto de estudio. Desde allá viene el cristianismo. Por ahí en la misma Biblia se habla que a los seguidores de Jesús post resurrección, se los consideraba cristianos (Hechos 11:26).

Ulises Oyarzún explica que los textos paulinos son primarios y los evangelios reaccionarios. Los segundos justamente porque a nuestros ojos, los primeros estarían de alguna manera desdibujando la filosofía y ética que representaba el Hijo del Hombre. Teniendo esta primera capa de posibilidades, hoy no nos debería costar reconocer que en el nombre del cristianismo se hicieron cosas buenas, no tan buenas y otras muy malas.

Para entenderlo, hay que echar mano de la historia. En primer lugar, resultaría paradójico que uno de los argumentos que esgrimen los apologetas con respecto a la importancia del cristianismo y la misma existencia de Jesús, es que él fue el único que partió la historia en dos. Antes de Cristo y Después de Cristo. Una lamentable declaración por la ascendencia histórica que tiene.

Y es que para que mundialmente se aceptara tal convención, el cristianismo fue literalmente en contravía de los postulados del Maestro de Galilea. A través de la guerra, el genocidio, la conquista de territorios y reinos, el cristianismo se impuso en el mundo conocido de los primeros siglos de nuestra era. Gracias a Constantino la religión cristiana fue insertada con violencia, a la fuerza en medio de sociedades que si no la abrazaban, lo pagaban con su misma vida. Lo mismo ocurrió, para citar otro ejemplo, a través de la conquista de América, en el descubrimiento.

Pero no sólo esto. La teología cristiana construida desde hermenéuticas literalistas, ha defendido a través de los siglos aberraciones como la esclavitud en los Estados Unidos, el feudalismo y la defensa de estados católicos romanos en nuestros países, en detrimento de la libertad de culto que ha afectado a manifestaciones protestantes y evangélicas, las cuales sufriendo persecución, fueron llevadas incluso a peligro de muerte de sus integrantes. Comportamientos nada extraños desde la cristología de Pablo, quien hablando en su lenguaje familiar, presentó la imagen de aquel Cristo que pragmáticamente sirvió a las culturas en los tiempos bíblicos y siglos siguientes.

Por eso es que hoy en diversos círculos teológicos y eclesiásticos se está cuestionando seriamente el significado del cristianismo en nuestros días y su desarrollo de fe. La propuesta más ampliamente acepada en comunidades críticas, es la lectura de las Escrituras tomando a Jesús como ficha hermenéutica bíblica.

En ese sentido, los cristianismos se han fundamentado en diversas lecturas; desde la de la ley de Moisés, desde los profetas, incluso desde Pablo. La pregunta sería, ¿desde qué vertiente me apropio de mi fe cristiana y la practico? Porque aunque teóricamente muchos grupos afirman entender a Jesús como el único camino al Padre, como quien reveló la imagen de Dios, como el mismo Dios; al momento de leer las Escrituras pareciera que esto no fuera del todo así.

De lo contrario, no se habrían peleado guerras en el nombre de Cristo, no se habrían sometido voluntades a través de la violencia, no se habrían construido imperios tiranos usando la cruz como estandarte, no se habría permitido y mucho menos promovido la esclavitud, e incluso, la diferencia de clases y algunas decenas de etcéteras más.

En nuestros días, no se discriminarían personas por razón de ser pecadoras, no se manipularían a los asistentes de las iglesias para esclavizarlos a voluntad del pastor o apóstol, no se mentiría sobre el dar diezmos, ofrendas, primicias, pactos, etc.; no existiría el autoritarismo o la infalibilidad de los líderes religiosos, en general, no habría mucho de lo que vemos hoy en día que empuja a las personas lejos, muy lejos de la gracia de Dios, a tal punto que no quieren volver a saber de él.

Por eso me llama profundamente la atención el mensaje del relato del juicio a las naciones registrado en Mateo 25:31-46

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda.

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.

Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?

Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles.

Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.

Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.

Y es que por más que quisiéramos cerrar los ojos a lo obvio, resultaría imposible ignorar la naturaleza de las declaraciones del Señor en el evento escatológico descrito en este relato, en el que la razón por la condena o salvación, será la actitud permeada de una clara carga social como comportamiento en la vida; así que me uno a tu interrogante Deibis, ¿qué significará ser un buen cristiano?

Esto me hace recordar cuando a Jesús le preguntan cuál es el más grande mandamiento y al final de su respuesta él enfatiza en que las personas conocerán que son verdaderamente sus discípulos si se aman los unos a los otros (Juan 13:35). Lo interesante de la respuesta no es que Jesús haya dicho que nos daríamos a conocer por ser sus discípulos si tuviésemos la sana doctrina (más bien es un postulado de Pablo), o si hiciéramos el culto correctamente o si guardáramos los días sagrados o la ley; no se refirió a comportamientos morales o éticos más allá del amor.

Y estas pistas se repiten sistemáticamente a lo largo de los evangelios, justamente cuando el mismo hijo de Dios tiene comportamientos amorosos hacia los necesitados, los desprotegidos, los enfermos, leprosos, pobres, prostitutas, pecadores, etc.

En otra oportunidad le preguntan al Maestro cómo identificar a los falsos maestros y lobos vestidos de oveja. La respuesta de Jesús puede resultar un tanto desconcertante, pero invita a la absoluta reflexión. “Por sus frutos los conoceréis”, menciona (Mateo 7:15). Buena esa, pero, ¿cuáles frutos? He escuchado a muchos predicadores afirmar que dichos frutos son riquezas, fama, vivir en victoria, no experimentar enfermedad, contar con una iglesia numerosa como la arena del mar; etc. Sin embargo, encuentro no menos que atractivo que para Pablo el fruto debe ser el del Espíritu y lo relaciona en su carta a los Gálatas 5:22. Para el apóstol, evidenciar que el Espíritu Santo mora en nosotros nos llevará a ser amorosos, felices, pacíficos, pacientes, buena gente, bondadosos, desarrolladores de fe, enseñables y tener dominio propio. Características que claramente tienen que ver con nuestro desarrollo propio en función de nuestras relaciones con los demás.

Interesante conclusión, pero más interesante aún que vaya en contravía del mainstream de lo que se está predicando en nuestros púlpitos hoy en día.

David A. Gaitán
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