¡Saaaaaaabana!

¡Saaaaaaabana!

Hay una historia en la Biblia acerca de un hombre llamado Pedro, que cae en un trance.

Como tú lo haces.

Pero no es tu trance ordinario, en este trance Pedro ve el cielo abierto, una sábana desciende a la tierra y en esta sabana hay todo tipo de animales, el escritor tiene mucho interés en que sepamos que son animales de cuatro patas, así como reptiles y aves. Pedro oye una voz que le dice:

Levántate, mata y come.

Pedro protesta.

“Pero hago compras en mercados orgánicos, me preparo un batido de brócoli cada mañana, incluso ordené ese nuevo tofu…”

Pedro protesta, diciendo:

Nunca he comido nada impuro

a lo que la voz responde

No llames impuro lo que Dios ha purificado.

Esto sucede tres veces, la sabana vuelve a subir, y Pedro se queda ahí sentado tratando de dar sentido a lo que acaba de suceder.

(Por cierto, la palabra usada aquí para trance en el original griego es la palabra ekstasis. De donde obtenemos nuestra palabra en español éxtasis).

Un poco más sobre Pedro: fue criado en un pueblo de pescadores llamado Capernaúm. Su gente estaba profundamente comprometida con el cumplimiento de la Torá, que incluía las partes acerca de evitar la impureza. Ellos entendieron que Dios es santo y puro, y organizaron sus vidas alrededor del reflejo de esta pureza. Estas leyes de pureza incluían comida y también gente. De la misma manera que tú no tocarías un animal muerto, ellos tampoco tocarían a alguien que era considerado impuro. Su compromiso de ser limpios era tan extenso que ni siquiera entrarían en la casa de alguien que ellos consideraran impuro, lo que significaba cualquier persona que no fuese judío. O sea, básicamente, todos los demás.

Ahora, de vuelta al viaje del éxtasis de Pedro.

Tan pronto como su trance termina, hay un golpe en la puerta, algunos romanos ―lo extremo en lo impuro preguntándole si vendría con ellos a la casa de su líder. Él está de acuerdo en ir con ellos, llega allí y les dice que va contra las leyes de su pueblo entrar en la casa y luego añade:

Pero Dios me ha mostrado que no hay que llamar a nadie impuro o inmundo.

¿Dios me ha mostrado?

¿Dios lo ha hecho?

¿Cómo?

¿Cómo le mostró Dios a Pedro esta nueva verdad?

A través de una alteración.

Pedro tenía un marco, un paradigma, una manera de ver el mundo basada en su entendimiento de quién es Dios y lo que significa seguir a Dios. Un elemento central de esta comprensión era la convicción de que algunas personas eran puras y algunas personas eran impuras. Puedes ir a las casas de algunas personas, y no puedes ir a las casas de otras personas.

Pero entonces él tiene una experiencia que no encaja dentro de ese marco. ¿Y cuál es su primera reacción a esa experiencia?

¡De ninguna manera, Señor! Nunca he comido nada impuro…

Él se resiste a esta nueva comprensión.

¿Y cuál es la base de su resistencia?

¡Sus convicciones religiosas!

En el trance, Dios le dice que coma de todo y el argumenta con Dios acerca de por qué no puede comer de todo, y su argumento se basa en su devoción a Dios. Se resiste a Dios en el nombre de… Dios.

Es posible resistir el crecimiento, cambio o expansión de la conciencia que Dios desea para ti apelando a tus convicciones religiosas.

Ahora, un poco acerca de la naturaleza del crecimiento. Nuevas etapas de crecimiento, madurez y conciencia traen consigo una mayor

libertad,

inclusión,

y

complejidad.

Antes, no podía comer de todo, ahora es libre para comer de todo.

Antes, tenía un sistema de categorización sobre quien es limpio y quién no, pero ahora todos están incluidos.

Antes, las cosas eran bastante simples: Toda la humanidad podía ser dividida en pura e impura. Pero ahora, la gente que él anteriormente pensó que estaba sucia… no lo está.

Libertad,

inclusión,

complejidad.

A continuación, un poco acerca de la alteración. Son interrupciones que suelen ser los catalizadores para nuestro crecimiento. Viajas, pruebas, te encuentras con nueva gente de otras tribus, lees cosas nuevas, oyes nuevas perspectivas, ves datos o investigaciones que no habías visto antes, y descubres que tus anteriores maneras de categorización, etiquetado y creencias no son adecuadas.

Tienes una elección en ese momento: ya sea ignorar, negar o minimizar tu experiencia, o abrirte al dolor muy real de dejar esa forma de comprensión atrás.

Esto es a menudo increíblemente emocionante y liberador, pero también puede haber una dimensión traumática en ello, como si jalaran la alfombra debajo tuyo. (Yo llamo a esto El Factor McLaren). Como si el terreno estable sobre el que has estado caminando durante tanto tiempo ahora estuviese temblando.

Y, sin embargo, no se puede volver atrás.

Una vez que has probado, no se puede pretender que no lo has hecho.

Imagina a Pedro paso a paso a través de la puerta de esa casa romana por primera vez. Todo en su crianza le decía que estaba poniendo en peligro su posición con Dios por hacer eso, y sin embargo él ahora había visto algo nuevo.

Y una vez que ves, no puedes volver atrás.

Mi esperanza es que esto te traiga un tremendo estímulo a medida que creces, cambias y ves cosas nuevas. Tal vez estabas entregado a una manera de ver al mundo (¡y leer la Biblia!) que no te funciona más, y sin embargo esa previa manera de compresión aún tiene un extraño poder sobre ti. Tal vez sea la gente que te enseñó eso, planteos que te haces, líderes que te dijeron que era la única manera de verlo y que si rechazabas esa única comprensión tu relación con Dios sufriría.

O tal vez estuviste marinado en un calmo, relajado y racional mundo de evidencia y datos en el que lo único confiable son los hechos. Te defines a ti mismo como el tipo lógico y racional que no se deja llevar por cuentos de hadas. Pero la verdad es que has tenido experiencias que no caben en ninguna de tus bonitas, pulcras y modernas categorías. Puede que incluso utilices la palabra divino… pero no frente a determinados amigos, familiares o compañeros de trabajo.

De donde quiera que vengas, no niegues las alteraciones.

No entres en pánico cuando la habitación de vueltas porque has visto algo real, vivificante, bello, bueno y esperanzador que no cabe en ninguna de tus cajas.

Está bien. No eres el primero. Así es como funciona. Así es como crecemos. Así es como Dios a menudo obtiene nuestra atención.

No te resistas.

Disfruta del éxtasis.

Rob Bell

Rob Bell

Autor, Conferencista.

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