¿Qué hay en una palabra?

¿Qué hay en una palabra?

La comunicación es un tipo de embarazo. En la mente de un orador, es concebido un pensamiento, entonces habla, escucha, y luego, en última instancia, da a luz un nuevo pensamiento en el paisaje mental del oyente. Por ejemplo, cuando digo “árbol”, una imagen se construye en tu imaginación, una nueva forma de vida dentro de tu mente; una idea platónica de un roble o un arce aparece de la nada dentro de tus pensamientos. Este icono mental representa tu comprensión de la palabra. (Por cierto, esta aprehensión es independiente de las intenciones del orador).

En muchos aspectos, las palabras son metáforas que apuntan a los objetos que representan. La palabra “árbol” no es un árbol; es simplemente un señalador para la cosa real. Nuestra comprensión del mundo se basa en un conjunto más profundo de presuposiciones. Significado exige significado. La razón exige razón: 1 + 1 = 2, sólo cuando estamos de acuerdo sobre el significado de estos símbolos. Lo mismo es cierto para las palabras. Las palabras son nuestro marco de significado. Cada una es una metáfora apuntando a algo más allá de su simple y técnica articulación.

Las palabras tienen un poder increíble. Las palabras crean mundos. Las palabras que usamos nos definen a nosotros mismos y al mundo que nos rodea. Dan forma a nuestra realidad. Nuestras palabras determinan nuestras ideologías.

En la India hay un grupo de personas que han sido oprimidos por más de 3000 años. Se llaman Dalits (parias). Son relegados a los peores puestos de trabajo, limpiar alcantarillas y remover los cuerpos de animales muertos de las carreteras. Incluso las vacas, cuyos cuerpos ellos sacan de al lado de la carretera, son tratados con mucho más respeto. A lo largo del tiempo, la identidad del grupo de los Dalits (también llamados “intocables”) ha sido despojado de toda dignidad. “Ellos no han sido oprimidos solo económica o incluso físicamente, sino también ideológicamente”, afirman Jean Luc Racine y Josiane Racine, quienes dicen que la libertad definitiva vendrá cuando los Dalits se definan a sí mismos de una manera nueva. De acuerdo con los Racines la pregunta es: “¿Qué nueva identidad podrá soportar el proceso de emancipación?”. ¹

Las palabras son los guardianes de la historia. Si la “intocabilidad” de los Dalits se siente muy extraña a nuestros oídos americanos, examinemos algunas palabras impulsadas dentro de nuestras propias fronteras. Estas son palabras que incluso me siento incómodo de escribir. Nigger (negro). Wetback (inmigrante ilegal). Red Neck. Cracker (blancos pobres de las zonas rurales del sur de EE.UU.). Chinks (chinos). Spicks (hispanos). Estas palabras están preñadas con una potencia increíble. Estas palabras no tienen un historial de tolerancia, de aceptación o compasión. No, estas palabras cuentan la historia de la opresión, de un paisaje americano de racismo y desconfianza . Sin nuestro pasado, estas palabras no tendrían connotaciones negativas. Aun dentro de nuestro paisaje histórico de esclavitud y vergüenza, estas palabras tienen implicaciones de gran alcance.

Las palabras son la base sobre la cual construimos nuestras vidas. Esto se considera verdadero incluso para las maravillosas palabras como amor, luz, justicia, honor, verdad, alegría, paz, redención, felicidad o belleza. Estas son bellas palabras, sin embargo, son palabras que conocemos sólo en parte.

Hemos visto destellos de estas entidades en nuestro planeta, pero sólo por un momento. ¿Cómo podemos saber el significado completo de la justicia en un planeta donde el poder cruel tiene la última palabra? ¿Cómo podemos conocer la paz con el trasfondo del incremento de máquinas bélicas cada vez más sofisticadas?

Hoy en día, miles de niños de seis años de todo el mundo pasan hambre, preguntándose cómo conseguirán su próxima comida. Tragedia. En este mismo momento, miles de niñas inocentes son obligadas a prostituirse. Tragedia. Esta misma hora, millones de personas mueren debido a la falta de acceso a agua limpia. Tragedia.

Tragedia. Tragedia. Tragedia. Y, sin embargo, si estos son los simples hechos, ¿cómo podemos llamarlos trágicos?

Hans Urs von Balthasar dice que la tragedia depende de un sistema de creencias. “La reunión de estas dos palabras, ‘tragedia’ y ‘fe’, es profundamente significativa, porque lo que se rompe en lo trágico presupone una fe en la inquebrantable totalidad”. ² Esperanza es creer en un mundo que no existe aún, una concesión hacia el reino de los cielos. Tener esperanza es creer que la vida podría ser mejor. En última instancia, es nuestra creencia en esta “totalidad inquebrantable” lo que potencia la tragedia. Porque sin esta esperanza, la tragedia ya no es una tragedia, simplemente es algo esperable. Sin una creencia que conciba un mundo mejor, lo trágico es un hecho.

Así que se nos da una opción en el borde de estos dos mundos. La elección entre la desesperación o la esperanza. Desesperar es negar que la tragedia es tragedia. Desesperar es no creer en la tragedia y redefinirla como aceptable, inmutable, inalterable. Tener esperanza es llamar a las injusticias y corrupciones exactamente lo que son: tragedias. Contra todo pronóstico, contra todo lo que conocemos sobre este mundo, podemos optar por tener esperanza en uno mejor, uno de amor, de paz, de una forma de satisfacción y consuelo que nunca hayamos realizado plenamente. Nosotros elegimos traer estos mundos a la existencia con las palabras.

Crear es asociarnos con el Creador. En las creencias Abrahámicas (el judaísmo, el cristianismo y el islam), el Creador crea con la palabra. Luz, oscuridad, día, noche, agua, tierra, plantas y animales… son traídos a la existencia con palabras. En las escrituras hindúes, hay una historia de la creación similar, en la cual la orden verbal proviene de Visnú, “Crear el mundo”. En todos estos sistemas de creencias, la palabra tiene un poder tremendo. El relato cristiano de la creación prácticamente no hace ninguna distinción entre Dios y la Palabra en el principio. Juan 1:1 dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”.

El artista es un puente entre la desesperación y la esperanza. El artista, más que nadie, es responsable de la re-creación, re- definición y re-pensamiento del mundo que nos rodea. Todo poema, cada canción, cada pintura, tiene una enorme posibilidad. Cada una de estas creaciones puede ser una carta de renuncia Al Mundo que Es o una ventana Al Mundo que no Es. Cada poema/pintura/canción puede ser un vehículo para una nueva realidad, en la que el artista interpreta un papel, no importa cuán pequeño sea. El artista trae un mundo a la existencia al pintar. El lienzo, la pintura, la brocha, estas conocidas cantidades de existencia y realidad son herramientas para entrar en lo desconocido. Las notas de la canción son un puente de lo que es a lo que aún no es.

No escribo canciones cuando estoy feliz. Cuando estoy contento, llevo a mi esposa a cenar, voy a surfear. Salgo con mis amigos y toco ridículas melodías. Pero cuando estoy deprimido, me vuelvo para buscar algo más allá de esta vida. Cuando estoy solo y nada tiene sentido y el mundo ha perdido su sabor, busco notas y palabras que acompañen una trascendencia que se eleve por encima de la tragedia. Busco la canción para comprender la presente tragedia en el contexto de la esperanza de un mundo mejor. Busco palabras que me recuerden una historia más grande, canciones que reconozcan la tragedia y se muevan más allá de ella. Miro a los artistas que me dan ventanas, palabras que hagan que una nueva vida nazca dentro de mí.

¿Es escapar? ¿Es un mecanismo de defensa? Tal vez un poco, pero siento que es mucho más que eso. La canción se convierte en una desafiante esperanza. Una declaración de que las injusticias y los absurdos de nuestra existencia posmoderna no son la última palabra. La música se convierte en una confesión de incredulidad del mundo que me rodea. La negativa a creer que estas tragedias y horrores son el fin último. La negativa a aceptar la opresión de los Dalits como otra cosa que no sea una tragedia. La no aceptación de que los hambrientos niños de seis años sean algo más que una tragedia. La canción es escrita en defensa de un mundo más allá de éste, en defensa de las verdades que rara vez llegan a la primera plana de un periódico. Las palabras crean mundos.

 

¹ Identidades Dalit y la dialéctica de la opresión y la emancipación en una cambiante India: el caso Tamil y más allá, Jean Luc Racine y Josiane Racine.
² El lector von Bathasar p. 92

Fuente original:
http://www.huffingtonpost.com/jon-foreman/whats-in-a-word_b_423969.html

Jon Foreman

Jon Foreman

Músico, líder de Switchfoot.

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