Por supuesto que soy feliz, tengo miles de fotos que lo prueban (Mecanismos de defensa – Parte 2)

Por supuesto que soy feliz, tengo miles de fotos que lo prueban (Mecanismos de defensa – Parte 2)

Es bien sabido que uno de los mecanismos de defensa preferidos por los adictos es la negación. El estereotipo es el del alcohólico que dice: “Yo no soy alcohólico, puedo dejar de beber cuando quiera”.

De hecho, la prevalencia de esta defensa en la adicción, es una de las razones por la que lo primero que se hace en una reunión de AA es actuar en contra de ella, reconociendo que se es un alcohólico.

Esto es tan conocido hoy en día, que podría resultar un poco extraño si un amigo te pregunta si alguna vez has sido un alcohólico. Porque los alcohólicos que no están tratando con el tema, tienden a decir “no”; el problema se plantea en relación a la forma de responder. Después de todo, si tú dices “no”, estás respondiendo exactamente de la misma manera que el alcohólico en línea de negación. Las cosas se ponen aún peor si luego dices “pero realmente no lo soy”. Porque entonces tu amigo te puede responder diciendo “sí, eso es exactamente lo que un alcohólico diría”.

Entonces, ¿cuál es la diferencia entre la honesta negación de alguna realidad y la negación como mecanismo de defensa? Antes de acercarnos a una respuesta a esto, es importante señalar que la elaboración de la diferencia en la práctica es mucho más difícil que la comprensión de la diferencia en teoría.

En situaciones terapéuticas, el terapeuta debe tener cuidado de evitar pensar que él entiende a la otra persona mejor que ella a sí misma. El trabajo de los terapeutas implica hacer preguntas de sondeo y escuchar con atención el discurso del analizado para que el analizado pueda llegar a saber si está o no en negación a sí mismo.

Por supuesto, el terapeuta podría sospechar negación, pero no puede saberlo a ciencia cierta y debe evitar pensar que lo hace. Es muy fácil para nosotros imputar motivos en otras personas cuando la realidad es a menudo mucho más compleja de lo que aceptamos. Dicho esto, podemos crear algunos ejemplos ficticios con el fin de tener una idea de cómo funciona la negación como defensa.

Básicamente, la diferencia entre una negación honesta y una negación como mecanismo de defensa se insinúa en la fuerza y la repetición de la afirmación. Alguien que no es un alcohólico no anda por ahí diciéndose a sí mismo y a otros que no lo es. Si alguien pregunta, dirá que no y no pensara mucho más sobre el tema. Por el contrario, una persona con un problema de alcoholismo tiende a decir que no lo es en un abrir y cerrar de ojos. Por ejemplo, un hombre puede estar en una fiesta donde no hay mucho alcohol y ofrecerse para salir a comprar algo. A medida que va por su abrigo podría decir de pasada: “No es que yo sea un alcohólico ni nada, solo me apetece un pequeño trago”.

Tales actos no están diseñados principalmente para convencer a otras personas, sino para convencer al que hace la afirmación. Una estrategia que implica gastar una enorme cantidad de energía psíquica.

Uno empieza a sospechar negación cuando la afirmación se repite una y otra vez sin ninguna necesidad real o justificación.

Otro ejemplo podría ser el caso de una pareja que sube imágenes felices de sí mismos en Facebook. Algunas imágenes que los muestran disfrutando y dando el indicio de una relación buena y feliz. Pero si nuevas imágenes sonrientes aparecen cada semana, con periódicas actualizaciones de estado acerca de cuán grande es la vida, algo empieza a parecer raro. La enorme fuerza y repetición de las imágenes/actualizaciones comienza a parecer un síntoma (un síntoma de un acto que cubre una desagradable verdad).

Al igual que el alcohólico en negación, la pareja no está tratando necesariamente de engañar a los demás, sino que están probablemente tratando de engañarse a sí mismos.

Debido a que la gente se involucra con mayor fuerza en los mecanismos de defensa cuando las cosas están muy mal, un frenesí de fotos felices a menudo puede aparecer justo cuando las cosas están realmente en su peor momento en la relación. La fuerza y la repetición de este modo sugieren un último intento para cubrir más de una crisis reprimida que la pareja no ha enfrentado.

De hecho, es común que las personas se comprometan cuando su relación es menos saludable. Esto no significa, por supuesto, que es en todos los casos, y a veces la estructura que ofrece el matrimonio puede proporcionar el espacio que una pareja necesita para trabajar las cosas. Pero no es raro escuchar a la gente decir: “estábamos entre romper o casarnos”.

Muchas propuestas suceden cuando todo está sobre las rocas, ya que esto proporciona una manera para que la persona que realiza la propuesta evite confrontar la realidad de la relación disfuncional y la potencial soledad (si la otra persona acepta una propuesta de este tipo, entonces también es probable que participe en una estrategia de similar de evasión). En este punto, es cuando es más probable que la verdad explote en la superficie, así que las defensas entran en juego.

Como exploré en la publicación anterior, estoy interesado en cómo las comunidades emplean mecanismos de defensa para negar realidades desagradables. En esa publicación exploré el fenómeno de la división y hablé sobre su uso en las instituciones religiosas, pero aquí me gustaría considerar brevemente la negación.

Tomemos el ejemplo de una comunidad religiosa donde la predicación continuamente vuelve al pecaminoso hedonismo del mundo más allá de sus muros. Imagina que esto no es un sermón aislado, sino que existe como un motivo común y recurrente. Además de los sermones del domingo, podría incluso haber grupos de oración sobre los males de la promiscuidad sexual, enseñanzas sobre el egoísmo de la sociedad y regulares afirmaciones en tono de “Gracias a Dios no somos como ellos.”

En tales situaciones, uno puede encontrar que la comunidad en realidad está negando una desagradable verdad acerca de su propio hedonismo. Por ejemplo, no es raro encontrar que la mayoría de las iglesias predican contra el consumismo siendo los que más abrazan el consumismo. Es bastante común escuchar ese mensaje en las mega-iglesias que tienen grandes industrias dedicadas a la venta de libros y parafernalia religiosa. Estas iglesias a menudo se modelan a sí mismas a la medida de un centro comercial (con tiendas de café, entretenimiento, grandes vestíbulos llenos de asientos de estilo informal y excesivos arreglos). Incluso pueden tener estudios de producción donde se crean productos de alta calidad de los sermones, y emplear a personas dedicadas a la creación de anuncios para caros retiros. De hecho, el pastor podría vestirse con ropa cara y verse a sí mismo como algún CEO exitoso o una estrella de Rock.

De hecho, hace poco asistí a una iglesia conocida que luce y se siente como si fuera un concierto de rock. Después de la banda el orador apareció y comenzó diciendo: “He oído que la semana pasada Johnny Depp estuvo en la iglesia. Resultó que no era él, pero déjame decirte que hay alguien más grande que Johnny Depp aquí… ¡Jesús!” La multitud estalló en aplausos. La implicación, por supuesto, es que las estrellas son gente importante, y Jesús es una superestrella. Lo extraño, sin embargo, era que gran parte del servicio (sobre todo en algunos anuncios que tenían para eventos) hizo hincapié en la idea de que todo el mundo es igual de valioso. De hecho, el propio nombre de la iglesia hace referencia a la idea de que todo el mundo es un pequeño fragmento de una imagen, todas ellas con su lugar específico. Si la iglesia afirma abiertamente que los ricos y famosos son más importantes que otros, entonces ellos compartirían sus mismos valores. Pero este no era el caso, y entonces lo que el predicador dejaba entrever revelaba una verdad reprimida. Una vez más, sin embargo, hay que decir que este podría no ser el caso. Había suficiente para que uno quisiese hacer preguntas, pero, ¿quién sabe a lo que esas preguntas llevarían? Como no soy parte de la comunidad, no estaba en posición para hacer esas preguntas.

El punto aquí no es hacer un juicio sobre lo que algunas iglesias están haciendo, sino mostrar que algunas iglesias están haciendo un juicio en contra de ellas mismas. Sin embargo, el juicio es negado y proyectado sobre los demás porque es demasiado desagradable para abordar directamente. Lo extraño para aquellos de afuera que miran hacia adentro, es ver como la iglesia puede ser ajena a la realidad de que aquello que están condenando, es a lo que están obsesivamente enganchados.

Alternativamente, tu podrías ir a una iglesia que no está enganchada a lo que ahí se condena. Pero si la condena es constante, entonces uno tiene que preguntarse si la razón tiene que ver más con la falta de recursos o el valor de aceptar lo que uno quiere, que a una postura moral. Tomemos el ejemplo de una pequeña iglesia que habla constantemente de que “no se trata de números”. Si esta afirmación se hace una o dos veces no tendríamos ninguna razón para dudar de su sinceridad. Pero si se dice todo el tiempo, entonces uno tiene que preguntarse si la fantasía reprimida real es tener una gran iglesia con miles de personas.

Un ejercicio interesante para individuos y comunidades podría implicar reflexionar por unos momentos sobre si hay cosas que estamos negando constantemente y, de ser así, si esa negación en realidad señala una desagradable verdad que tenemos que abordar.

 

Fuente original:

http://peterrollins.net/2014/12/of-course-im-happy-ive-got-hundreds-of-pictures-to-prove-it/

Peter Rollins

Peter Rollins

Filósofo, Teólogo, Autor, Conferencista.

Deja un comentario