¿Por qué necesitamos el bautismo?

¿Por qué necesitamos el bautismo?

La Pregunta que Acecha al Cristianismo de esta semana viene de un joven pastor. Sam pregunta:

Soy un joven pastor de Chicago en Evangelical Covenant. Acabo de leer tu libro A Better Atonement (Una Mejor Expiación) y lo disfruté mucho. He luchado con la doctrina del pecado original desde hace mucho tiempo, pero he estado pensando si esto, en todo caso, cambia mi visión del bautismo. No creo que el pecado original sea necesario para el bautismo, pero mientras trataba de formular mi sacramentologia se me ocurrió preguntarte si tenías algunos pensamientos.

Sam, no es de extrañar que esta pregunta provenga de un pastor activo. A diferencia de muchas de las cuestiones que hemos abordado en esta serie, esta no es una cuestión teórica de teología sistemática, sino un problema práctico de teología pastoral. Al igual que tú, vi a muchas familias que fueron conectadas insignificantemente a la congregación al presentar a su bebe de seis semanas, someterse a una clase de bautismo, y pararse frente al santuario el domingo. Se sentaron allí en primera fila, tan incómodos como podían estar. Mientras tanto, la congregación sonreía y se reía sumisamente cuando el bebé lloraba porque los diáconos olvidaron calentar el agua. Vi todo esto como pastor, a sabiendas de que nunca veríamos a esa familia de nuevo. Estaban bautizando a su niño porque eso es lo que querían el abuelo y la abuela.

Al otro lado de la brecha teológica, tenemos a los bautistas. Consideran la inanidad del bautismo infantil descrito en el párrafo anterior como apóstata. En algunas iglesias bautistas, ellos incluso rebautizan a alguien que fue bautizado cuando era bebé ―una práctica que es considerada herética desde la iglesia primitiva―*. Los bautistas intentan remediar la apostasía con la herejía, lo que probablemente no sea una gran solución.

Tú y yo venimos de esa rara raza eclesiástica que practica tanto el bautismo infantil como el voluntario, por lo que nuestra teología sobre el bautismo tiende a ser particularmente turbia.

Para complicar más las cosas, notaras que rechazo la doctrina del pecado original en la introducción de A Better Atonement (Una Mejor Expiación). Si el propósito del bautismo no es limpiarnos del pecado de Adán y Eva, ¿cuál es el punto?

Afortunadamente para nosotros, el bautismo se realizaba en la iglesia primitiva, antes de la invención del pecado original, y en tradiciones como la Ortodoxa que no tiene una doctrina del pecado original. Así que debe haber otra razón para llevarlo a cabo.

En la iglesia primitiva, el bautismo proporcionó una buena transición entre el judaísmo y el cristianismo, como Pablo deja claro a los Colosenses:

En él ustedes fueron también circuncidados. Pero no me refiero a la circuncisión física, sino a la circuncisión que nos hace Cristo, y que consiste en despojarnos de la naturaleza pecaminosa. Cuando ustedes fueron bautizados, fueron también sepultados con él, pero al mismo tiempo resucitaron con él, por la fe en el poder de Dios, que lo levantó de los muertos. Antes, ustedes estaban muertos en sus pecados; aún no se habían despojado de su naturaleza pecaminosa. Pero ahora, Dios les ha dado vida juntamente con él, y les ha perdonado todos sus pecados. Ha anulado el acta de los decretos que había contra nosotros y que nos era adversa; la quitó de en medio y la clavó en la cruz.

Los judíos estaban familiarizados con un rito de iniciación ―uno sangriento, violento, sólo para hombres―  llamado circuncisión. (Marcar a un grupo de personas desfigurándoles sus penes es uno de los aspectos más objetivamente horripilantes del judaísmo antiguo y moderno, en mi humilde opinión. Lo digo como un hombre circuncidado que ha sido testigo de dos circuncisiones). Los judíos también estaban familiarizados con la ablución ritual ―bautismo― practicada más religiosamente por los esenios. Estos hombres y mujeres se lavaban para su adoración a Jehová.

Así que la iglesia primitiva construyó un puente hacia el cristianismo para los judíos conversos. La circuncisión ya no era el rito con el que eras iniciado en el santuario de Dios (el templo); ahora el bautismo era el rito por el cual eras introducido en una comunión espiritual.

La teología del bautismo evolucionó, por supuesto, al ser relacionado con el pecado original, con la introducción de la Iglesia Invisible (Church Invisible), y en última instancia con la salvación en la tradición sacramentalista del catolicismo. Todos estos desarrollos son parafernalia que podemos descartar, según mi teología cristiana materialista. En otras palabras, el bautismo no es mágico.

Pero sigo pensando que es importante, de la misma manera que creo que los votos matrimoniales son importantes. Al pararte frente a una congregación o un grupo de amigos y jurar fidelidad conyugal a tu amada, estás participando en una práctica que es común a miles de millones de personas ahora y en el pasado. Del mismo modo, traer a tu bebé o a ti mismo para ser bautizado te lleva a solidarizarte con los miles de millones de creyentes que lo han hecho antes y a solidarizarte con Jesús, quien se sometió a esta práctica. (Pensemos en la humildad de ese acto por un momento: el Logos encarnado se humilló a sí mismo al permitir que su primo lo bautizara). Además, el bautismo tiene la ventaja añadida de no ser violento ni misógino.

(Por esta razón, también debería promover que el lavado de pies sea un sacramento protestante, junto con el bautismo y la comunión. Y, de hecho, creo que el lavado de pies debería ser un sacramento).

Como seres humanos, nos definimos por los símbolos culturales que tomamos. Claro, puedes vestirse como Lady Gaga cuando vas a su concierto. Pero entrar en una práctica antigua como el bautismo ―un rito pacífico que sustituyó a uno sangriento― te pone en una larga fila de personas que le han investido significado a esa práctica. Aunque no estoy de acuerdo con todas las investiduras teológicas que mis antepasados le han establecido al bautismo, me siento feliz de someterme a esta práctica y reconocer que es de suprema importancia simbólica en la tradición cristiana.

 

*El Concilio de Trento declaró (Sessio Sep. 3 de marzo de 1547, canon 4): “Si alguno dijere que el bautismo, que incluso sea hecho por herejes en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, con la intención de hacer lo que la iglesia hace, no es verdadero bautismo: sea anatema”. En otras palabras, cualquier bautismo trinitario ―incluso si es realizado por un hereje― es un bautismo válido.

 

Fuente original:

http://tonyj.net/blog/2012/12/01/baptism-is-important-but-its-not-magic-questions-that-haunt/#sthash.kZXvVXms.dpbs

Tony Jones

Tony Jones

Teólogo, Autor.

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