Por qué Jesús todavía no ha vuelto (de acuerdo al Nuevo Testamento) – Parte 3

Por qué Jesús todavía no ha vuelto (de acuerdo al Nuevo Testamento) – Parte 3

La publicación de hoy es la tercera parte de la serie sobre por qué Jesús no ha vuelto tan pronto como dijo que lo haría, o en términos técnicos, por qué se ha retrasado la parusía.

Las publicaciones son co-escritas por Christopher M. Hays y C.A Strine y se basan en el reciente libro editado por Hays: “Cuando el Hijo del Hombre no vino: Una propuesta constructiva sobre el retraso de la parusía”. Puedes ir a la primera publicación para obtener más información sobre nuestros autores.

La esencia de la primera publicación, escrita por Hays, experto en Nuevo Testamento, fue que, de hecho, Jesús les dijo a sus discípulos que iba a volver pronto, pero luego no lo hizo. La segunda publicación, escrita por Strine, especialista en Antiguo Testamento, expone la naturaleza condicional de la profecía del Antiguo Testamento. En la publicación de hoy, Hays nos muestra que el Nuevo Testamento va en paralelo con el Antiguo.

Publicación 3: El Nuevo Testamento nos dice por qué Jesús no ha regresado (por Christopher M. Hays)

Como discutimos en nuestra primera publicación, uno de los más grandes problemas de la fe cristiana es el hecho de que Jesús profetizó que regresaría en algún momento del primer siglo, y no lo hizo.

Sin embargo, en nuestra segunda publicación, Casey Strine señaló que, en la literatura judía antigua, la profecía no era un pronóstico fijo de lo que invariablemente sucedería en el futuro; más bien, los resultados de las profecías dependían de las respuestas de los destinatarios: si eran justos, podrían evitar la destrucción predicha por el profeta, pero si eran rebeldes, podrían no heredar la restauración prometida por el mensajero de Dios.

¿Por qué no tomamos esta misma postura hacia los textos de los Evangelios que profetizan el regreso de Jesús en el primer siglo? Curiosamente, este es precisamente el enfoque adoptado por algunos textos neotestamentarios. Por ejemplo, veamos 2 Pedro.

La segunda epístola de Pedro es famosa por aplazar interminablemente el escatón, afirmando que “un día es como mil años para el Señor y mil años como un día” (2 Pedro 3:8). Aquí, el autor (lo llamaremos simplemente “Pedro”) niega que a Dios le preocupen las cronologías que tanto ocupan la atención humana, y con frecuencia es rechazado de plano como un argumento especial.

Fuera de contexto, pareciera que Pedro estuviera moviendo los postes de la portería. Pero, de hecho, simplemente está siguiendo lo que vimos en la publicación anterior sobre la naturaleza condicional de la profecía bíblica.

El truco es no pasar por alto el siguiente versículo: “El Señor no tarda en cumplir su promesa, como algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no deseando que ninguno perezca, sino que todos lleguen al arrepentimiento”. (2 Pedro 3:9).

Pedro afirma explícitamente que el retraso de la parusía es la respuesta de Dios a la conducta humana: Dios posterga su juicio final para permitir que más personas lleguen al arrepentimiento. En otras palabras, Pedro afirma el carácter condicional del momento en el cual la parusía habría de cumplirse. Y dado lo que Casey argumentó en nuestra última publicación, eso es algo muy importante.

Esto no significa que Pedro haya anulado la segunda venida. En cambio, reafirma la certeza del juicio escatológico y utiliza esa certeza verdaderamente escatológica para motivar la ética cristiana.

Pero el día del Señor vendrá como un ladrón, y luego los cielos pasarán con gran estruendo, y los cuerpos celestiales serán quemados y disueltos, y la tierra y las obras que se hacen en ella serán expuestas. Puesto que todas estas cosas han de ser así disueltas, ¿qué tipo de personas debéis ser en vidas de santidad y piedad? (2 Pedro 3.10-11).

La escatología estimula la ética.

Pero nota que Pedro no concluye con un mandato de santidad. Más bien, dice: “Puesto que todas estas cosas han de ser disueltas, ¿qué tipo de personas debéis ser en vidas de santidad y piedad, esperando y apresurando la venida del día de Dios (2 Pedro 3:11-12).

Pedro proclama que las vidas de santidad y piedad pueden realmente acelerar el Día del Señor.

Por lo tanto, la escatología no sólo estimula la ética, sino que la ética estimula la escatología; las dos se refuerzan mutuamente.

Y esto tiene sentido. Si Pedro cree que el fin se ha retrasado para que la gente pueda arrepentirse de la maldad, es lógico pensar que las vidas de santidad aceleren el escatón.

El reino no se ha cumplido, como explica Pedro, porque la gente dejó caer la pelota. Por lo tanto, todos debemos esforzarnos al máximo para acelerar la llegada del Reino de Dios.

Esto es una especie cachetada para los creyentes del siglo XXI, porque tendemos a pensar que la Segunda Venida de Cristo está firmemente programada en el calendario celestial. Pero eso definitivamente no es lo que afirman los autores del Nuevo Testamento.

Por ejemplo, en el sermón de Pedro en el templo en Hechos 3, él dice a su audiencia:

Arrepentíos, pues, y volveos a Dios para que vuestros pecados sean aniquilados, de modo que [griego: hopōs an] puedan venir de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y para que envíe al Mesías para vosotros, es decir, Jesús, que debe permanecer en el cielo hasta el tiempo de la restauración universal que Dios anunció hace siglos por medio de sus santos profetas. (Hechos 3: 19-21, NRSV con un ajuste menor del autor).

Pedro exhorta a los habitantes de Jerusalén a arrepentirse, a fin de que (hopōs an) la consumación escatológica pueda llegar a pasar.

El arrepentimiento es un prerrequisito para la segunda venida de Cristo.

Pedro específicamente establece que, después de que los judíos se arrepientan y se les perdonen sus pecados, vendrán “tiempos de refrigerio” y Dios enviará a Jesús de vuelta. Hasta ese momento, Jesús permanece en el cielo; pero cuando Él regrese traerá la “restauración universal” que los profetas habían predicho por mucho tiempo.

En otras palabras, la consumación escatológica ha sido retrasada hasta la segunda venida del Mesías, esta vez a un pueblo penitente y justo.

Permíteme darte un ejemplo más para mostrarte que incluso Jesús

—quien profetizó sobre su regreso durante la vida de la primera generación de discípulos— reconoció que el momento de su segunda venida podría ser flexible.

En el Padre Nuestro el mismo Jesús les dice a sus discípulos que oren: “Venga tu reino (elthetō) y hágase tu voluntad (genēthētō) en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10, ver Lucas 11:2).

A primera vista, esta línea parece frívola; Jesús ya había estado dejando muy claro que él estaba trayendo el Reino… entonces ¿por qué dice “venga” o “hágase” (en griego es una forma de orden)?

La respuesta es simple. La oración “Que venga tu reino y hágase tu voluntad”, se refiere a la consumación del Reino. Jesús está pidiéndole a Dios que suceda más temprano que tarde.

Jesús mismo reconoce que el tiempo de la consumación del Reino no está tallado en piedra… por lo que exhorta a sus discípulos a ponerse en la tarea de acelerar el día.

Obviamente, esto plantea algunas preguntas.

  • ¿Es esto simplemente una nueva invención de ingeniosos eruditos bíblicos? (Nop, esta escatología puede encontrarse totalmente en los Padres de la Iglesia, y a lo largo de las historias de las tres grandes tradiciones cristianas).

 

  • ¿Cómo encaja esto con la soberanía divina? (Estupendamente, en realidad).

 

  • ¿Esto impacta la vida de la Iglesia? (¡Sip!)

 

Por lo tanto, pensamos que valía la pena escribir un libro para darle cuerpo a esto. Pero el quid de la cuestión es este: el retraso de la parusía no falsea la esperanza cristiana.

Tú puedes ser un erudito crítico, un honesto lector de las Escrituras, y aun así orar: “Ven, Señor Jesús”.

 

Fuente original:

http://www.peteenns.com/why-jesus-hasnt-come-back-yet-according-to-the-new-testament/

Peter Enns

Peter Enns

Teólogo, Autor.

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