Participando en la naturaleza divina

Participando en la naturaleza divina

Tomemos unos pocos versículos ―comunes, ordinarios versos de la Biblia, del tipo que probablemente nunca has escuchado en un sermón, de esos que no inspiran ninguna calcomanía de coches, de esos que no vas a ver en la parte de atrás de una camiseta que alguien hizo para su viaje misionero― y leámoslos.

¿Qué tal 2 Pedro 1:3-4? ¿Suena bien?

Aquí están:

Todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia; por medio de estas cosas nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas lleguéis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de las pasiones

En primer lugar, un poco acerca de las palabras. Quédate aquí conmigo, porque vamos a alguna parte…

La palabra poder aquí en el original griego es la palabra dunamis, de donde obtenemos la palabra dinamita.

Dunamis significa energía, fuerza o poder.

La palabra piedad es la palabra griega eusebeia, que está conformada de dos palabras: eu significa bueno, y sebeia viene del verbo sebomai que hace referencia a rendir homenaje o reverencia. Esto es importante entender aquí, piadoso, primero y principal, no significa seguir una particular serie de reglas, evitar ciertas conductas o alinearte a una creencia o práctica específica, eusebeia es tu respuesta interior a lo divino, la reacción en tu corazón que se expresa naturalmente a sí misma en un sentido de asombro y admiración. Es la auténtica y espontánea reacción que tienes para tu pura y real experiencia de lo divino.

La palabra conocimiento es la palabra epignosis, que se refiere a la clase de conocimiento que se tiene de la experiencia personal. Epignosis es lo que sabes porque lo has probado, visto y sentido en carne propia.

Para resumir, entonces, aquí el escritor cree que, como una energía, la dinamita de Dios nos da todo lo que necesitamos para vivir una vida en la que nuestros corazones son transformados a medida que experimentamos lo divino.

Muy bien entonces. Sigamos adelante.

Grandísimas promesas de Dios. La palabra grandísimas es la palabra megista. Me gusta escribir eso. Megista. Buen nombre para una banda, ¿no es así? O para tu hija recién nacida.

¿Y la palabra promesas? Es la palabra griega epangelmata.

Epangelmata. Suena como una enfermedad, ¿no es así? Aquí es donde las cosas se ponen fascinantes: hay dos tipos de promesas en el lenguaje griego, una clase se llama hyposxeseis y es el tipo de promesa que haces a alguien cuando te pide algo. Ellos te hacen una petición y entonces tú dices lo haré. Ese tipo de promesa. Pero epangelmata es diferente, es el tipo de promesa que se hace de forma voluntaria o de manera espontánea. Tú te comprometes a hacer algo por alguien simplemente porque lo deseas…

¿Y qué hacen estas promesas?

Ellas nos permiten participar de la naturaleza divina.

Naturaleza es la palabra griega physis (se pronuncia foosis. Bonito. Foosis. Repite conmigo. Foosis).

¿Qué?

¿Participar en la naturaleza divina?

¿Y qué significa eso?

Observa cómo termina el verso…

Tú participas de la naturaleza divina, porque has

huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de las pasiones

Huir en griego es la palabra apophuego.

Apo significa de,

phuego significa huir, seguir adelante, escapar volando, ruptura por separación.

Corrupción también se traduce decadencia, es la palabra phtheiro, y se refiere a bajar de un nivel superior de calidad a uno inferior.

Y hay pasiones, que es la palabra epithumia,

epi significa centrado en,

thymos es la pasión y el deseo construido sobre sentimientos fuertes

(de la cual obtenemos la palabra termo. ¿Lo captas? Mantiene el calor en… ingenioso, ¿eh?).

Ahora, la parte divertida. Vamos a explorar justo lo que está pasando aquí y lo que significa para ti y para mí en el 2014.

Lo que sea que estas promesas sean, parecen desatar algo bastante impresionante.

Entonces, ¿qué son estas promesas? Bueno, hay un montón de ellas. La Biblia está llena de ellas. Cientos de ellas, miles de ellas. Tú eres una nueva creación, no eres quién eras, eres redimido, perdonado, nacido de nuevo, un hijo de Dios, salvado, nada puede separarte del amor de Dios, tú reflejas la imagen de Dios, eres un santo. La lista sigue y sigue. Demasiadas para contarlas.

La energía y el poder divino vienen de confiar en estas promesas. El poder, la transformación, la alegría y la auténtica respuesta de tu corazón no viene de golpearte a ti mismo, hablar negativamente acerca de ti o recordar a cualquiera que escuches acerca de lo pecador que eres, sino de centrarte en Dios quien insiste que ya eres.

Cuando haces esto, confiando en que quién Dios dice que eres es lo que realmente eres, te encontrarás a ti mismo traspasando a un modo de vida completamente nuevo. Aquí el escritor utiliza la frase deseos malignos (N. de LCC: en la traducción usada aquí se usa la palabra pasiones). No hay nada malo con el deseo, el deseo es en realidad el motor de este pasaje. Es tu deseo de vivir en quien Dios insiste que eres verdaderamente lo que desata el poder divino dentro de ti. Nuestro problema es que nos conformamos a nuestros deseos, nos encontramos esperando cosas que nunca nos traerán la alegría o la satisfacción que anhelamos. Tu problema no es que quieres ciertas cosas, es que quieres sustitutos cojos que no te pueden ofrecer lo que realmente estás buscando…

El poder de estas promesas es el deseo que provocan en nosotros para una vida nueva, mejor e inspirada. Ellas te despiertan, dándote una nueva visión de la vida, que te guía a tu verdadero yo. Por esta razón la historia de Jesús sigue teniendo ese perdurable poder en nuestro mundo, él viene en su plena humanidad para guiarnos en nuestra plena humanidad.

Y cuando esto sucede, te encuentras participando de la naturaleza divina (¡¡¡Foosis !!!).

Venimos de Dios. Portamos la imagen de lo divino. Vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser en lo divino. Todas nuestras vidas fluyen desde esta singular fuente.

Lo que por supuesto plantea una serie de preguntas: ¿Qué historias te cuentas a ti mismo acerca de quién eres? ¿Te castigas continuamente por todas tus deficiencias? ¿Tienes voces negativas que se repiten en tu cabeza y corazón? ¿Te sientes constantemente atormentado por lo que no eres?

¿Por qué? ¿Eso te hace una persona mejor y más amorosa? ¿El escuchar estas voces te llena de alegría e inspiración?

Por supuesto que no. ¿Por qué? Debido a que no es donde la vida está. La vida, el motor, el catalizador, lo que da rienda suelta a la dinamita divina en ti es cuando confías en que realmente eres quien Dios insiste que eres.

Tú puedes experimentar esto,

puedes vivir de esto,

puedes probar esto,

puedes participar en la naturaleza divina.

Rob Bell

Rob Bell

Autor, Conferencista.

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