PABLO: Semana 2, día 5. Vulnerabilidad, ¡incluso en Dios!

PABLO: Semana 2, día 5. Vulnerabilidad, ¡incluso en Dios!

El encuentro de Pablo con el Cristo eterno en el camino a Damasco, debe haber desatado su nueva y revolucionaria consciencia. Él reconoció que había sido elegido por Dios incluso “mientras respiraba amenazas de muerte” (Hechos 9:1), y que el Dios que lo había elegido era un Dios crucificado y no uno “omnipotente” o “todopoderoso”. De hecho, Pablo sólo usa la palabra “todopoderoso” para Dios una vez (2 Corintios 6:18), y lo hace citando a las Escrituras Hebreas. Esto es muy significativo considerando su tradición y formación. La imagen que Pablo tenia de Dios era de alguien crucificado como un esclavo en las afueras de la ciudad, y no la de un Dios apareciendo en las nubes del cielo. Cristo no era el Mesías fuerte, poderoso y militar que los judíos habían estado esperando durante toda su historia. De hecho, era bastante lo contrario. Esta fue la gran revelación, sorpresa y escándalo de Jesús que aún no hemos comprendido. ¡Dios no es lo que nosotros pensamos que Dios podría o debería ser!

 

Pablo, al igual que algunos otros, lee su propia tradición honestamente y reconoce que Yahvé consecuentemente elige a lo débil para desconcertar a lo fuerte (1 Corintios 1:17-31). Él vio esto en el mismo Israel, en las esposas estériles de los patriarcas, en el pequeño David olvidado en el campo, en los profetas rechazados y, finalmente, en Jesús en la cruz. Esto se convierte en la revolucionaria comprensión de Pablo sobre la sabiduría que aún es desagradable y ofensiva para gran parte del mundo, incluso para la iglesia. Sólo la vulnerabilidad permite que todo cambio, crecimiento y transformación ocurra, incluso en Dios. ¿Quién hubiera imaginado esto?

 

La visión de Pablo sobre sí mismo, Dios y la realidad fue completamente puesta patas para arriba. Él tuvo que reimaginar cómo operaba el poder divino y cómo cambiaban los seres humanos. De lo que único que estaba seguro era de que no era lo que alguien hubiera esperado. Pablo se fue a “Arabia” por algún tiempo para probar sus ideas contra lo que se le había enseñado a pensar, para lentamente permitir la completa metamorfosis de su alma. (¿No es este el camino necesario para todos nosotros?). Sólo después Pablo tuvo el coraje de confrontar a Pedro y a Santiago en Jerusalén (Gálatas 1:16-21), y entonces, catorce años más tarde le dice a Pedro “en la cara” que está equivocado (2:11) por imponer cosas que no eran esenciales en la gente, que sólo le generaban una comprensión incorrecta de su justicia. (Aparentemente, Pedro, el primer Papa, no era infalible, ¡y el también tuvo que aprender a equivocarse para crecer!).

 

Requiere un gran esfuerzo de nuestra parte movernos del poder a la debilidad, de la cómoda certidurme a la vulnerabilidad, de la meritocracia al océano de la gracia. Curiosamente, esto es especialmente cierto para las personas criadas en la religión. En las cartas de Pablo, consecuentemente él idealiza no el poder sino la impotencia, no la fuerza sino la debilidad, no el éxito sino la cruz. Es como si estuviera diciendo: “Me glorío cuando fallo y cuando sufro porque llego a ser como Jesús —el perdedor desnudo— quien puso todas las nociones sobre Dios patas para arriba”. Ahora los perdedores pueden ganar, o sea, prácticamente todo el mundo.

 

La revelación de la muerte y resurrección de Jesús redefine para siempre lo que significa el éxito y la victoria, y no es lo que alguno de nosotros quisiera o esperara. En la cruz, Dios se revela como la vulnerabilidad en sí misma (la palabra vulnus en latín significa herida). El camino a la santidad es muy diferente a lo que cualquiera de nosotros hubiera deseado o imaginado; y, sin embargo, después de los hechos, todos reconocemos que ha sido nuestra pequeñez y nuestra falencia lo que mantuvo la puerta de la unión y el amor permanentemente abierta cada día de nuestras vidas. De hecho, no hay manera de cerrarla.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/vulnerability-even-in-god-2016-03-17/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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