PABLO: Semana 2, día 2. Dios es lo suficientemente humilde para ser anónimo.

PABLO: Semana 2, día 2. Dios es lo suficientemente humilde para ser anónimo.

Creo que la noción del amor ha sido seriamente minimizada por la comprensión popular del amor, como vemos en el día de San Valentín. Este día festivo revela una noción muy insostenible del amor como el romance, la infatuación (ignis fatuus, fuego fatuo), el sexo apasionado, las palabras sentimentales, los regalos románticos. Eventualmente crea cinismo y desilusión debido a que la promesa es muy alta pero incompleta. Cuando experimentamos amor de manera diferente a la representación cultural, nos preguntamos qué es lo que está mal con nosotros y tratamos de encender el mismo fuego falso una y otra vez.

 

No me malentiendas, hay un lugar importante para el romance. A menudo puede servir como una gran invitación. Necesitamos ser guiados a la puerta del templo para saber que hay un templo, pero la mera infatuación romántica nunca es el templo en sí mismo. No profundiza lo suficiente, nunca se puede sostener, y nos prepara para una gran decepción. Como inteligentemente titulara su libro el autor Jack Kornfield, Después del éxtasis, ¡la colada! [a lavar la ropa]. Tanto Jesús como Pablo presentan una noción mucho más duradera, estable y filosófica del amor como la naturaleza misma del ser. Este amor no depende en lo absoluto de los sentimientos cambiantes.

 

La suprema obra maestra de Pablo, tanto poética, filosófica y teológicamente —que es leída en casi todas las bodas— es, por supuesto, 1 Corintios 13:1-13. Pablo capta la noción sustancial del amor, “el cual permanece”, de Jesús, quien lo convierte en un mandamiento concreto, de hecho, en el mandamiento. Para Jesús y para Pablo, si no vives en amor, simplemente no vives en lo absoluto. Pablo sabe que el amor es la misma estructura del universo, y un lugar en donde debemos aprender a descansar y habitar (Juan 15:1-5) a toda costa. Lee lentamente 1 Corintios capítulo 13 y ve como Pablo trata al amor como un estado del ser y una fuente infinita, de la cual toda la vida cristiana puede ser extraída: “El amor es…”, “El amor no es” y “El amor nunca llega a su fin”. Existimos dentro del amor, y de vez en cuando nos damos cuenta que estamos viviendo fuera de nuestro más profundo propósito e identidad. El amor no es algo que hacemos de vez en cuando, el amor es quienes somos todo el tiempo. Esto es verdadero debido a que fuimos creados “a imagen y semejanza” (imago est similitudo) de Dios (Génesis 1:26).

 

¿Quién es este Dios? Tanto para Jesús como para Pablo, Dios es una Corriente Infinita —la cual eventualmente nosotros llamaríamos Trinidad—.  Dios es mucho más un verbo que un sustantivo. Todas las cosas existen dentro de esa Corriente, salen de esa Corriente y vuelven a Ella. Sólo por un tiempo se nos permite actuar desde dentro de esta Corriente, consciente, libre y alegremente; o alternativamente, resistirla. La verdadera naturaleza del Ser es la comunión, la generosidad infinita y el dar y recibir sin impedimentos entre los tres, lo cual luego se convierte en el modelo para todo el universo, desde los átomos a las galaxias.

 

No es que ocasionalmente este Ser que llamamos Dios decida amar, el amor es la misma naturaleza y forma de Dios, ¡que no puede no amar! La Corriente se encuentra siempre y eternamente en una dirección positiva. Nosotros mismos ya estamos participando de este amor, esta “danza” divina (perichoresis) del Ser, incluso aunque no sepamos cómo disfrutarla o unirnos conscientemente a la danza. De todas maneras, nos encontramos danzando. La Vida Divina nos conoce y sostiene en nuestro ser más profundo (Hechos 17:28), incluso cuando no somos capaces de decir gracias. Esta es la humildad y el anonimato de Dios.

 

El sorprendente énfasis del trabajo de Pablo no se encuentra, por lo tanto, en “salvar” individuos aislados aquí y allá, sino mucho más en nombrar la realidad de manera veraz y completa. El individuo se encuentra atrapado en la Corriente corporativa y, de hecho, no puede conocerse a sí mismo fuera de esa Corriente corporativa. Nos rendimos a este cielo compartido. No podemos ganarlo o alcanzarlo separadamente.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/god-is-humble-enough-to-be-anonymous-2016-03-14/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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