PABLO: Semana 1, día 3. La consciencia unitiva.

PABLO: Semana 1, día 3. La consciencia unitiva.

Después de la conversión, la autoconsciencia (en sentido negativo) se desvanece poco a poco y es reemplazada por lo que los místicos llaman la consciencia pura o unitiva, que es el amor. La autoconsciencia implica una separación dualista. Soy yo aquí, juzgando, analizando y etiquetando eso o yo allá. Antes de la conversión espiritual, la mente es mayormente dualista, e incluso ingenuamente llama “pensar” a esa clase de argumentación. En una verdadera conversación la división sujeto-objeto es superada al menos por un momento. No se puede mantener este estado no dualista las 24 horas al día; se necesita volver al pensamiento dualista con regularidad para funcionar en este mundo practico de decisiones necesarias. Pero ahora, quizás por primera vez, sabes que hay algo más y siempre anhelarás retornar allí. Rehusar o resistir esa invitación podría ser el significado central de “dureza de corazón” o pecado. Una vez que has experimentado una unión verdadera (quizás en tiempos de paz, aceptación, entrega, oración, sexo íntimo, todo amor autentico), sabes que es para lo que fuiste creado.

 

Hay que recordar lo que se siente al enamorarse. Es una experiencia que involucra el abandono de uno mismo y el vivir a través del otro al menos por un tiempo. De igual manera, tener un bebé a menudo reorienta toda la vida para ser completamente absorbida en las necesidades del otro. He visto esto ocurrir con muchos jóvenes familiares luego de haber tenido su primer bebé. Rápidamente logran superar su narcisismo juvenil debido a que, quizás por primera vez, su centro se encuentra fuera de ellos mismos. Tanto el matrimonio como la paternidad son casi la receta perfecta para curarse del egocentrismo. Por supuesto, muchos tienen miedo de la cura, ya sean casados, solteros o célibes.

 

Paradójicamente, tal conciencia unitiva (amor) no destruye tu personalidad, en realidad la incrementa. Cuando te enamoras por primera vez, te sientes más vivo que nunca, más completo que nunca. Sin embargo, al mismo tiempo, ¡también te has perdido a ti mismo! Te has entregado a otra persona, y, sin embargo, te sientes más como tú mismo que nunca antes. La verdadera unión no absorbe la distinción, sino que en realidad la intensifica. Cuanto más uno se entrega a otro en unión creativa, más se vuelve uno mismo. Para el cristiano, esto se refleja maravillosamente en la trinidad: perfecta entrega y perfecta recepción entre los tres, y, sin embargo, cada uno es completo y totalmente sí mismo.

 

Cuanto más te vuelves tú mismo, más capaz eres de no sobreproteger tus falsas fronteras. Después de todo, no tienes nada que proteger. Esa es la gran libertad y la gran felicidad de la gente verdaderamente convertida. Ya no hay un pequeño ego del que estar pendiente o al que consentir. El pequeño ego —que tu creías que te conformaba— ha muerto. Pablo lo dice de sí mismo: “Ya no vivo yo” (Gálatas 2:20). Esto es exactamente a lo que Jesús se refería por “debes perderte a ti mismo para encontrarte” (Marcos 8:35), lo cual él dice repetidamente en diferentes escenarios y formulaciones.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/unitive-consciousness-2016-03-08/27

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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