PABLO: Semana 1, día 1. La vida como participación.

PABLO: Semana 1, día 1. La vida como participación.

San Pablo siempre ha sido mi héroe. Desafortunadamente, los cristianos a menudo han malinterpretado a Pablo, viéndolo más bien un moralista que un místico. Sin embargo, Pablo tiene mucho que enseñarnos. Él nunca conoció a Jesús en carne y hueso, así que la experiencia de Pablo del Cristo resucitado podría ser muy parecida a la nuestra. Durante las próximas dos semanas nos enfocaremos especialmente en las enseñanzas de Pablo acerca del amor, el cual es el tema para este año de Meditaciones Diarias.

 

Toda la revelación bíblica desarrolla gradualmente una consciencia muy diferente, una personalidad recreada, y eventualmente una completa realización o “identidad trasplantada”, como vemos en Jesús y Pablo. El texto sagrado te invita lentamente, poco a poco, a una percepción muy diferente de lo que eres: Tú no eres tuyo. Tu vida no se trata de ti, ¡tú te tratas de la vida! Como una vid aparte, eres “cortado” gradualmente y reinjertado a la Gran Vid de la vida, el amor y Dios. Una vez que eres reconectado conscientemente a la Fuente, tu vida llevará mucho fruto para el mundo (Juan 15:1-5).

 

San Pablo pareciera entender bien esto debido a que le sucedió drásticamente en su vida. Él escribe: “Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí” (Gálatas 2:20). En el viaje espiritual te llega el día cuando descubres que no estás viviendo tu vida por tus propios medios. Te das cuenta de que Algo más vive en ti y a través de ti, y que eres parte de un misterio mucho más grande. Te das cuenta de que eres una simple gota en un inmenso océano, un océano de amor. Eres un recipiente, un conducto, un participante.

 

Ningún escritor bíblico había nombrado aun lo que ahora llamamos “trinidad”, pero Pablo tiene una profunda convicción intuitiva sobre el flujo trinitario pasando a través de él. Esto se convertirá en su profunda comprensión del amor. Él se da cuenta de que difícilmente sea él quien que está “provocando” algo, sino que todo le está sucediendo a él. Esta es la misma transición que todos debemos hacer. Como en la concepción divina de María, eventualmente te darás cuenta de que se está haciendo por ti mucho más de lo que estás haciendo por lo que sea. Todo lo que Dios necesita es tu “sí”, pareciera, lo que tiende a emerger progresivamente a medida que creces en la libertad interior.

 

Esta comprensión te da un sentido completamente diferente de ti mismo como persona; esta persona en realidad es un “amplificador” (personare) mucho más que algo autónomo. A eso es a lo que me refiero con una identidad trasplantada, y que nosotros básicamente entendemos por conversión. No se trata de unirnos a un nuevo grupo o iglesia, sino de llegar a conocer una nueva y esencial personalidad. Al igual que en la conversión de Pablo, lleva un tiempo que las escamas se caigan de nuestros ojos (ver Hechos 9:18), mucha ayuda de extraños como Ananías (Hechos 9:10 en adelante), y tranquilos y largos retiros en “Arabia” (ver Gálatas 1:17).

 

Más tarde, sin embargo, nada detendría a Pablo. Lee los 2 capítulos completos de 2 Corintios 11-12 si quieres ver un gran ego humano (el “yo soy” de Pablo) que ahora ha rendido toda su autonomía a la vida divina (el gran “YO SOY”). Pablo es casi vertiginoso al contarte de ello, saltando de una idea a la siguiente sin completarla, escribiendo una oración tras otra, e incluso fanfarroneando un poco. El aún tiene un gran ego, pero ahora no es utilizado para fines egocéntricos.

 

Fuente original:

Life as Participation

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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