ORTODOXIA ALTERNATIVA: Semana 2, día 5. Volviéndonos hacía el bien.

ORTODOXIA ALTERNATIVA: Semana 2, día 5. Volviéndonos hacía el bien.

El cristianismo no es un asunto moral, es un asunto místico. Sin embargo, convertimos el Evangelio en el “lunes de lavado” y descuidamos los otros días, por ejemplo, el “jueves de horneado” y el “domingo de fiesta”. La humanidad pareciera preferir las seis frías tinajas de piedra con agua para la purificación ritual al extático vino de una fiesta de bodas (Juan 2:1-10). El patrón del ego nunca cambia. La mente mística es la mente no dual, espaciosa, no calculadora. La mente dualista ordinaria se consume contando y midiendo cuan moral soy, o cuan moral eres. Da vueltas todo de arriba a abajo, sobre todo hacia abajo. La mente dualista se mueve hacia una resolución rápida y a un cierre demasiado simple. Tiende mucho a juzgar. Es por eso que todos los grandes maestros espirituales dicen: “No juzgues”. El franciscanismo no es otra cosa sino lo que Francisco llama en su testamento: “La médula del Evangelio”, lo cual es el amor, siempre eligiendo lo positivo por encima de lo negativo.

 

Dan O’Grady, un psicólogo y estudiante de Living School, me dijo recientemente que nuestros pensamientos negativos y críticos son como el velcro, se pegan y se mantienen sujetos. En contraste, nuestros pensamientos positivos y alegres son como el teflón, se deslizan. Debemos elegir deliberadamente aferrarnos a los pensamientos positivos hasta que nos queden “impresos”. Observando mis propios hábitos de pensamiento y aconsejando a otros, veo que esto es profundamente real. Las implicaciones son enormes para los individuos y para la sociedad.

 

La neurociencia puede demostrar ahora que el cerebro tiene en efecto un sesgo hacia lo negativo; el cerebro prefiere formar patrones alrededor de situaciones temibles, negativas y problemáticas. En realidad, cuando alguna cosa amorosa, positiva o no problemática llega a ti tienes que saborearla por al menos quince segundos antes que pueda albergarse y almacenarse en tu “memoria implícita”, de lo contrario, no podrá adherirse. De hecho, debemos saborear el bien para cambiar significativamente nuestras actitudes regulares y estados de ánimo. Y necesitamos monitorear estrictamente todos los pensamientos negativos de “velcro”.

 

Cualquier cosa que la mente dualista no entienda, de inmediato la denominará como equivocada, peligrosa, pecaminosa o herética. La mente dualista es responsable de la mayoría de las disputas, guerras y violencia en la Tierra. La mente dualista ve a la mayoría de la oposición como altamente justificada y necesaria, puesto que juzga a uno de los bandos como superior y al otro como inferior. ¡Siempre toma un bando! La mente no dual, contemplativa, permanece en Dios, lo Positivo por excelencia. Anhela tanto lo bueno, lo verdadero, y lo bello que está dispuesta a dejar abierto el campo del momento y se aferra a todas las partes del mismo, a lo aparentemente bueno y lo aparentemente negativo, y espera a que estos mismos se den a conocer por completo.

 

De cierta forma, el Evangelio de amor es muy difícil de vivir debido a su gran sencillez. Extrañamente asumimos que Dios tiene que ser complicado. La mente parece insistir en complicarlo todo. Quiere un trabajo en el cual mantenerse ocupada. La mente está tan sesgada hacia el miedo y la negatividad, que la manera común en que tratamos de tomar el control es descendiendo a un sistema de moralidad dualista, de correcto o incorrecto. Encontramos la excusa perfecta para evitar el banquete de boda que está justo delante de nosotros (Lucas 14:15), una razón para no sentarnos a la mesa tanto con “los buenos como con los malos” (Mateo 22:10). Preferiríamos encorvarnos en la esquina y criticar, sintiéndonos moralmente superiores todo el tiempo.

 

El franciscanismo a veces es conocido como una ortodoxia alternativa porque nos invita a todos a sentarnos a la Única y Abundante Mesa de Dios, mientras que la mayoría de las tradiciones cristianas han puesto una mesa escasa para muy pocos. La Iglesia, muy seguido, ha asumido que la gente era demasiado ingenua, así que tuvimos que hacer leyes complejas para protegerlos de sí mismos. Jesús y Francisco reconocieron que la gente es infinitamente diversa, complicada y misteriosa, y que lo mejor era hacer una ley muy sencilla. Sólo ama a tu prójimo exactamente como te amas a ti mismo.

 

Fuente original:

https://cac.org/turning-toward-the-good-2016-02-18/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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