ORTODOXIA ALTERNATIVA: Semana 2, día 4. Pertenencia.

ORTODOXIA ALTERNATIVA: Semana 2, día 4. Pertenencia.

Al igual que Jesús, San Francisco no eligió el camino de la autopreservación y la exclusión. Ambos sabían a favor de lo qué estaban y quiénes eran, no sólo contra qué estaban. Ese es el fondo de la cuestión. Jesús y Francisco tuvieron la genialidad de no eliminar ni castigar el llamado lado negativo del mundo, sino que lo incorporaron y lo usaron. Francisco, meramente imitando a Jesús, va a las afueras de la ciudad y a lo más bajo de la sociedad; besa al leproso, ama al pobre, lleva parches en su hábito para que todos sepan que así es él en su interior.  Francisco no se oculta de su lado sombrío, sino que llora por él y lo acoge como su maestro.

 

La historia de casi cualquier religión comienza con una gran malinterpretación; comienza haciendo una distinción fatal entre lo sagrado y lo profano. Las religiones de bajo nivel ponen todo su énfasis en crear lugares sagrados, tiempo sagrado y acciones sagradas. Aunque yo aprecio totalmente esta necesidad, desafortunadamente se deja a la mayor parte de la vida como “no sagrada”. Recuerdo haber leído sobre el intento de un misionero irlandés de enseñar al pueblo masái sobre los Sacramentos Católicos. El misionero dijo que un sacramento es un encuentro o evento físico en el que experimentas la Gracia o lo Sagrado. Los masái, entonces, se sintieron confusos y decepcionados cuando les dijeron que sólo había siete de estos momentos (y todos ellos sucedían entorno a un sacerdote). Un anciano masái alzó la mano y dijo: “Habíamos pensado, Padre, que habría por lo menos siete mil momentos de esos y no tan sólo siete”.

 

En los momentos místicos auténticos, cualquier distinción clara entre lo sagrado y lo profano rápidamente se desvanece. Por lo tanto, uno sabe que todo en el mundo es sagrado porque la mayoría de las veces estos momentos tienen lugar en situaciones seculares. Por ejemplo, miremos las vidas de Abraham, Sara, Moisés, Elías, María y Jesús. Nuestro lema franciscano oficial es Deus Meus et Omnia —“Mi Dios y mi todo”—. Cuando reconoces al Cristo como la verdad universal de la materia y el espíritu que trabajan juntos como uno, entonces todo es santo. Cuando te rindes a este misterio de Cristo en tu ser y en tu cuerpo, tan ordinarios, empiezas a verlo también en otros lugares ordinarios. El principio es el siguiente: “Entre iguales se reconocen”. Como dijo San Buenaventura, el intérprete filosófico de Francisco, citando a Alan de Lille: “Cristo es el único cuyo centro se encuentra en todas partes y cuya circunferencia no está en ninguna parte”.

 

No hay que ir a lugares sagrados para orar ni hay que esperar los días santos para que pasen cosas buenas. Siempre puedes orar, y todo lo que sucede es potencialmente sagrado si dejas que lo sea. Una vez que podemos aceptar que Dios se encuentra en todas las situaciones para bien, entonces todo se convierte en ocasión para el bien y en una ocasión para Dios. “Este es el día que Yahvé ha hecho memorable, ¡regocijémonos y alegrémonos en él!” (Salmo 118:24).

 

Tu tarea consiste en encontrar el bien, lo verdadero y lo bello en todo, incluso, y especialmente, en lo problemático. Esto se puede aprender más fácilmente mediante alguna forma de práctica contemplativa. Dentro de la contemplación se debe aprender a confiar en tu Centro Vital por encima de todas las emociones pasajeras y el pensamiento obsesivo. Cuando sabes que tienes un alma tan fuerte y amorosa, que a su vez es el Espíritu Morador, ya no te sientes llevado de un sitio a otro por cada emoción pasajera. Has conseguido una paz que nada más puede darte y que nadie te puede quitar (Juan 14:27).

 

La Encarnación Divina tomó la forma de una Presencia Moradora en cada alma humana y seguramente en todas las criaturas de alguna manera rudimentaria. Irónicamente, nuestra libertad humana nos da la habilidad de detener esa tendencia y rechazar saltar a bordo de nuestra propia vida. Los ángeles, los animales, los árboles, el agua, y sí, el pan y el vino, parecen aceptar y disfrutar completamente su maravilloso destino. Sólo los humanos resisten y niegan la esencia de sus identidades. Y por eso nosotros podemos causar un gran caos, y por lo tanto debemos ser limitados y contenidos de alguna forma. Pero la única forma en la que podemos rechazar saltar al tren de la vida es mediante algún mecanismo de exclusión o indiferencia, incluso hacia nosotros mismos. Si leemos cuidadosamente los textos de los Evangelios, veremos que a las únicas personas que Jesús parece “excluir” es a aquellos que excluyen a otros. La exclusión podría describirse como el pecado esencial. No pierdas tiempo rechazando, excluyendo, eliminando o castigando a nadie. Todo carga con un sentido de pertenencia, incluido tú.

 

Fuente original:

https://cac.org/everything-belongs-2016-02-17/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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