ORTODOXIA ALTERNATIVA: Semana 1, día 2. Una visión diferente del mundo.

ORTODOXIA ALTERNATIVA: Semana 1, día 2. Una visión diferente del mundo.

Antes de empezar a resumir la ortodoxia alternativa franciscana, es útil observar la cosmovisión franciscana, que surge del contexto histórico y cultural en el cual vivió San Francisco. La meditación de hoy será un poco más larga para dar un panorama completo.

 

Francisco nació en Asís, Italia, en el año 1181. Murió en 1226. Esta fue una etapa de grandes cambios sociales y económicos y de mucha violencia entre las ciudades italianas. Antes y durante su vida, Europa y el mundo musulmán estuvieron envueltos en cuatro Cruzadas y habría más por venir. Los cristianos peleaban con los musulmanes, los musulmanes habían tomado el control de lo que los cristianos consideraban sus lugares sagrados en Jerusalén; y los cristianos del oeste estaban peleando con los cristianos ortodoxos del este. Sumado a ello, la propia Asís estaba librando una guerra con Perugia, una pequeña ciudad al oeste. En el año 1202, Francisco fue tomado prisionero en una batalla contra Perugia. En el año 1204, él escapó de prisión. Salió aturdido, desilusionado y esperando profundamente encontrar algo más, algo diferente a la terrible violencia que había destruido su juventud. Su mundo estaba obsesionado con la guerra, con la seguridad, con la autoprotección y con el miedo al otro. (¿Suena familiar?). Todos en Asís estaban armados; la venganza, los chivos expiatorios, la crueldad, la tortura y la agresión contra los enemigos eran descontroladas e inclusive socialmente legalizadas e idealizadas, tanto como hoy.

 

Francisco pareció notar que había una conexión intrínseca entre la violencia y las posesiones, el poder y el prestigio. Así que rechazó todo ello. Su padre se encontraba entre la primera generación de la clase de nuevos propietarios de negocios. Francisco reconoció que la obsesión de su padre con el dinero y la propiedad había destruido su alma, así que él se dispuso a tomar una dirección muy diferente. Francisco llegó a la conclusión de que la única manera de salir de semejante mundo era vivir una vida de pobreza voluntaria o “sin posesiones”. El rechazó ser parte de la clase adinerada porque sabía que una vez que obtienes algo, luego debes protegerlo, y por alguna razón, inevitablemente intentarás conseguir más de aquello. Francisco dijo: “Miren, hermanos, si nosotros tenemos algún bien, necesitaremos armas para protegerlo… por lo tanto, no queremos poseer nada en este mundo”.

 

Francisco sintió que, con el fin de encontrar una salida, él debía vivir en proximidad e incluso solidaridad con los excluidos de su sociedad. Él literalmente cambió lugares con ellos. Él había nacido en la clase alta de la Alta Asís. En la parte baja del pueblo, vivía la clase más baja. Francisco no sólo se mudó al otro lado del pueblo, sino que de hecho se mudó a la planicie debajo de Asís donde había una colonia de leprosos. La palabra “lepra” no siempre refería a la enfermedad contagiosa. Más bien, los leprosos, tanto en los tiempos de Francisco como en los de Jesús, representaban a los excluidos, aquellos a los cuales la sociedad había decidido tachar de inaceptables, sin valor o impuros por determinadas razones. Francisco nos dijo que no nos identifiquemos con la clase alta y la escalada hacia el éxito, el poder y el dinero, sino que vayamos a donde Jesús fue, hacia donde había dolor, hacia donde estaban los excluidos.

 

Francisco, viendo los comienzos de la ociosa clase propietaria, nos dijo que trabajemos por nuestra paga; y si el dinero no estaba disponible para nosotros, que rogáramos humildemente. Tal como Buda advirtió a sus monjes. Él reconoció que la sociedad se estaba convirtiendo en un sistema estructurado de relaciones de protección y desigualdad. Él conocía la violencia, la desconfianza, la ambición y el orgullo que esta visión del mundo engendraría. Así que insistió en lo que llamó relaciones igualitarias de poder en las comunidades religiosas. Rechazó todos los títulos como Superior o Abad. Francisco no quería que nadie actuara como si fuese superior a los demás. Incluso aquellos que lideraban la comunidad eran llamados frailes o hermanos, y sólo retenían el oficio por un corto plazo y luego retornaban a la igualdad de la hermandad. Nadie debía estar en la cima por mucho tiempo; y cuando lo estaban, debían ser líderes servidores o “guardianes” de la misión y el mensaje de los frailes.

 

En Francisco vemos emerger una visión nueva del mundo, una visión del mundo que no está basada en escalar, acumular, poseer, ejercer, ni en ninguna idealización de un orden, sino en una vida que disfruta y encuentra una profunda satisfacción en el nivel del ser desnudo en sí mismo, mucho más que en los bienes materiales. Él aprendió esto de Jesús. La visión franciscana del mundo me parece desesperadamente importante si los 7.4 mil millones de humanos queremos existir felizmente juntos en este planeta limitado. La sencillez voluntaria es ahora esencial para la supervivencia social. Francisco nos advirtió hace ochocientos años hacia dónde nos estábamos dirigiendo.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/a-different-worldview-2016-02-08/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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