Oro para que mis enemigos sean estrellados contra las rocas

Oro para que mis enemigos sean estrellados contra las rocas

Una de las cosas más interesantes que encontramos dentro de las instituciones religiosas, es un tipo de oración que expresa un profundo amor por Dios, el mundo e incluso nuestros enemigos. De hecho, a menudo puede ser que cuando este grupo se vea confrontado por opresión y dificultad se ponga a orar más fervientemente pidiendo perdón y misericordia para aquellos que quieren dañarlos.

Desde esta perspectiva, declaraciones como las que encontramos en Salmos 137, podrían parecer como inapropiadas y fuera de lugar para la iglesia.

Hija de Babilonia, que has de ser destruida,
¡dichoso el que te haga pagar
por todo lo que nos has hecho!
¡Dichoso el que agarre a tus pequeños
y los estrelle contra las rocas!

Sin embargo, en una vida de fe está oración puede ocupar un lugar muy importante. Para entender esto tomemos el ejemplo más común de una mujer joven quién ha tenido un mal día en el trabajo y quiere expresárselo a su pareja. Imaginemos también que su pareja la detiene en medio de su descargo diciéndole que ella está siendo irrazonable y desconsiderada con sus comentarios, incluso llevándola a que vea la perspectiva de los demás.

En tal escenario podemos imaginar que la mujer se sienta frustrada. Dicha situación podría empeorar rápidamente porque el hombre está cometiendo una grave equivocación. Su error no está en señalar a su pareja que está siendo irrazonable y desconsiderada. Ni tampoco en equivocarse al decir que lo que ella dijo explícitamente es irrazonable y desconsiderado. Sino más bien en ver la protesta de ella como irrazonable y desconsiderada.

La cuestión aquí es que aunque lo que dijo la mujer pueda tener una estructura irrazonable y desconsiderada, el significado oculto de su discurso es: “Estoy frustrada, cansada, y necesito sacar esto de mi pecho”. Al ignorar la otra persona el significado real de las palabras y concentrarse exclusivamente en su contenido explicito, fundamentalmente pierde la idea de que tal comunicación no tuvo nada que ver con odiar al otro o ver las cosas desde su perspectiva, sino que tenía que ver más con una necesidad de transmitir su frustración en forma de descargo.

A raíz de que el hombre dice que ella no está siendo razonable y considerada, la mujer puede responder: “¿Así es como me ves, como que mi diatriba irrazonable y desconsiderada es irrazonable y desconsiderada?

La mujer aquí no discrepa con lo que él dijo, sino que ella está reaccionando por la forma en que su declaración irrazonable y desconsiderada fue mal interpretada como irrazonable y desconsiderada.

Esto es lo que vemos suceder cuando alguien responde a la demanda de su pareja:

“Quiero que te vayas”, levantándose y yéndose. Con frecuencia este mensaje comunica lo opuesto a la demanda, en realidad está diciendo: “Quiero que pelees por quedarte”.

La persona que le pide a su pareja que se vaya no puede comunicar la verdad del contenido de su demanda directamente por la simple razón de que al otro se le pide que responda al verdadero mensaje sin escucharlo directamente. En otras palabras, no es una cuestión de ser directo al ego de los demás (la imagen que las personas tienen de sí mismos), sino a los deseos de los demás.

Por lo tanto, no se puede dar un mensaje directamente al ego. Si se dice directamente entonces puede ser obedecido sin los demás compromisos subjetivos. Resumiendo, de este modo el mensaje llegará a la dirección incorrecta. El mensaje más bien debe ser comunicado de una manera indirecta y cifrada, para que tenga la oportunidad de terminar en el lugar indicado. Si bien pareciera un juego en realidad es la única manera que las personas se comunican y exponen sus deseos en vez de hacerlo directamente.

El punto aquí, con respecto a la oración, debemos ser libres de expresar toda clase de quejas que se encuentran dentro de nosotros. Si bien somos propensos a pensar que estas quejas expresan directamente lo que pensamos, la mayoría de las veces expresan un cúmulo de frustraciones y temores que harán más daño si no se les da espacio para ser manifestadas; frustraciones y miedos que sólo pueden ser resueltas mientras son expresados.

Al orar eso que cargamos sin reservas, en realidad podemos expresar lo contrario a lo que nuestro lenguaje comunica. Esto se hace evidente en aquellos que, expresándose de esa manera, trabajan sus sentimientos y actúan de una manera más razonable y más empática tras expresarse sin restricciones.

Hay, por supuesto, grupos que buscan oprimir a las minorías (fundamentados en el género, la sexualidad o su identidad religiosa) y obstaculizar la expansión de los derechos humanos. Estos grupos suelen manifestar su odio hacia los demás. Sin embargo, en estos grupos hay una tendencia a expresar este odio en términos de amor, en un deseo genuino por el bienestar del otro; y frecuentemente oran por aquellos que se sienten perseguidos por la comunidad por mantenerse fiel a la voluntad divina.

Por lo tanto, incluso en este caso la idea que las personas expresen sus sentimientos carentes de cualquier tipo de lenguaje de amor, es progreso, debido a que las personas pueden llegar a conocerse mejor a sí mismas al sorprenderse por lo que encuentren y comenzar a trabajarlo. O también podrían elegir no hacerlo. Pero, por lo menos todos verán que descansan en un doble discurso de amor y perdón. El odio será despojado de su aparente racionalización y amabilidad, y será expuesto como el discurso irrazonable y desconsiderado que es.

 

Fuente original:

http://peterrollins.net/2012/07/i-pray-the-children-of-my-enemies-be-dashed-against-the-rocks/

 

Peter Rollins

Peter Rollins

Filósofo, Teólogo, Autor, Conferencista.

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