Mientras vivimos somos eternos: La interrelación del pasado, presente y futuro

Mientras vivimos somos eternos: La interrelación del pasado, presente y futuro

La visión popular del tiempo concibe una serie de momentos presentes que fluyen desde el pasado y avanzan hacia el futuro. Desde esta perspectiva todo lo que realmente tenemos es el “ahora”: un momento elusivo (porque tan pronto como lo marquemos ya habrá terminado) en el cual actualmente residimos.

Esta ampliamente pagana concepción del tiempo, en la cual el pasado se ha ido y el futuro está por venir, puede ser contrastada con la noción clásica de un ser atemporal que habita simultáneamente en el pasado, presente y futuro.

Fue Kierkegaard, en la lucha de lo que podría significar para lo eterno irrumpir en lo temporal, quien fue capaz de conceptualizar una experiencia fundamentalmente diferente a la del tiempo, una que hiciera funcionar la noción clásica de un ámbito atemporal en el cual el pasado, presente y futuro co-existen.

Él sintió que la encarnación revelaba una experiencia diferente de tiempo, ya que describía la dimensión atemporal entrando e interrumpiendo lo temporal.

Esto le permitió pensar en el individuo no como alguien que experimenta su existencia como una porción de “ahoras” inaccesibles dando siempre paso a un todavía inexistente futuro y disolviéndose en un pasado que ya no existe.

En lugar de eso, el individuo vive simultáneamente en el pasado, presente y futuro. Cada cual informa, habita y revisiona a los demás.

Esto significa que el pasado está incrustado dentro del presente como un recuerdo vivo, y dentro del futuro como un rango de posibilidades.

A su vez el presente es siempre capaz de reconstruir y revisar el pasado, mientras que repiensa el futuro a través de las nuevas expectativas. Por último, el futuro, como anticipación, vuelve a nuestro presente, influenciando nuestras decisiones actuales de la vida, e incluso vuelve más atrás a nuestro pasado, causando que repensemos el significado de lo que ya ha ocurrido.

Por poner un ejemplo, un pasado solitario y abusivo puede ser re-imaginado por un individuo a la luz de un encuentro positivo en el presente, un encuentro que en sí mismo cambia el futuro de esa persona. Tal vez una persona se enamora y de repente experimenta el insoportable peso del pasado como un tiempo de preparación para este nuevo amor. Esto también les libra de un futuro en el que están condenados a volver al dolor del pasado. Lo importante aquí es simplemente que el pasado y el futuro son espontáneos, influenciados como están por una apocalíptica (significado totalmente imprevisible) intervención en el presente.

Esta también es la concepción de tiempo que encontramos en la clínica psicoanalítica. Aquí el que se somete a análisis (el analizado) descubre cómo el pasado y el futuro están inscriptos en su presente de diversas maneras complejas, y el papel del analista consiste en hacer incisiones en su discurso que podrían ayudarlo a transformar la forma en que se comporta. Resumiendo, robarle al pasado y al futuro su poder opresivo a través de intervenir en el presente.

Esta noción de tiempo puede ser descripta como la eterna existencia del transcurso. Para la comprensión teológica clásica de lo eterno, como una permanencia simultánea en el pasado, presente y futuro, que se incrusta en nuestras experiencias vividas.

En vez de que lo eterno sea simplemente un continuo ahora (la noción pagana), esta comprensión ve lo eterno como la permanencia en los tres registros. Esto no es más que combinar el pasado, presente y futuro en una masa de densidad infinita que cambia dependiendo de la forma en que la observamos, en lugar de verlo como alguna entrópica, cosificada disipación del ahora en un futuro interminable.

 

Fuente original:

http://peterrollins.net/2013/09/while-we-live-we-are-eternal-the-interrelation-of-past-present-and-future/

 

Peter Rollins

Peter Rollins

Filósofo, Teólogo, Autor, Conferencista.

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