Lo perdimos, y de pronto no

Lo perdimos, y de pronto no

Un domingo por la mañana, hace unos 12 años, estaba dando un sermón y oí un ruido. Era un ruido distinto, el sonido de plástico sobre metal. Yo conocía ese sonido porque era el sonido que hacen las sillas cuando están siendo apiladas. Miré alrededor de la habitación ―con capacidad para 1800 personas― hasta que vi una conmoción en la esquina derecha trasera de la sala.

Me di cuenta de que había algún tipo de emergencia médica. Un hombre había tenido un ataque y estaban apilando las sillas para hacer espacio para que se acostara en el suelo. Paré el sermón y le dije a la congregación que si alguien era médico o enfermera los necesitábamos allí. Varias personas se levantaron de sus sillas y se dirigieron a esa dirección.

Invité entonces a la congregación a orar por este hombre allí donde estaban sentados. Las personas se reunieron en grupos de dos o tres a orar juntos cuando empecé a escuchar el sonido del sollozo de una mujer. Era la esposa del hombre. Se la podía oír a través de la habitación, sus sollozos y el sonido de los médicos tratando de revivir al hombre. Y poco a poco, débilmente al principio, se podía oír la sirena de la ambulancia en la distancia.

Fue surrealista, por lo menos. Entonces pregunté si alguno podría guiarnos en oración, desde donde fuese que estuviese sentado. Le invité a ponerse en pie y orar por este hombre en voz alta así todos podríamos oír.

Una mujer se puso de pie y comenzó a orar en voz alta. Probablemente tendría unos ochenta años, y oró con el falsete más inusual que haya oído nunca. Y usó un montón de lenguaje Reina-Valera.

Supongo que estás pensando qué raro. Pero no fue así, fue extrañamente bello e inquietante. Esa habitación enorme, con toda esa gente, estaba mortalmente calmada excepto por los sonidos de los médicos trabajando, la esposa sollozando y esta anciana canturreando una desesperada oración.

Finalmente, la ambulancia se presentó, levantaron al hombre, la ambulancia se alejó y seguimos adelante. El sermón nunca se recuperó, obviamente.

Más tarde, un hombre se acercó a hablar conmigo. Me dijo que era médico y que había tratado con todo tipo de situaciones imaginables a lo largo de su carrera, y que durante el sermón cuando se dio cuenta de lo que estaba sucediendo él había sido uno de los primeros en llegar al hombre que tenía la convulsión. Entonces me dijo:

Rob, ese hombre no respiraba y no tenía pulso. Durante varios minutos. Lo habíamos perdido. Esto es lo que hago, conozco estas cosas, y te lo digo, él se había ido. Continuamos tratando, pero no conseguíamos ningún resultado de nuestros esfuerzos. Y entonces, esa mujer comenzó a orar y de repente su cuerpo se sacudió, su pulso volvió y empezó a respirar de nuevo.

***

¿Entonces, que fue lo que pasó ese domingo por la mañana con ese hombre tirado en el suelo entre las sillas apiladas?

Para algunos es bastante claro: Las personas oraron por ayuda para el hombre, Dios oyó sus oraciones y el hombre fue revivido.

Bastante sencillo, ¿verdad?

¿Cuánto más claro tiene que ser?

(Bueno, si has perdido a un ser querido con cáncer y oraste cada día por él durante cuatro años, claro no es la primera palabra que te viene a la mente…).

Para otros, y estoy tratando de ser lo más preciso posible, algo pasó en ellos mientras leían lo que el médico dijo, ¿no? Algo en su interior se estremeció, se encogió, retrocedió, una pared subió, ¿verdad? Algo dentro de ustedes contempló la posibilidad de que las oraciones causaran la reanimación por alrededor de una décima de segundo antes de que algo mucho más poderoso surgiera con un rotundo NO. La idea de que hubiera sido un milagro fue como una palabra escrita en la arena mojada en la playa… segundos antes de que una ola gigante borrara las letras.

¿Qué es ese algo que surgió en ese microsegundo, entre contemplar la única posibilidad y la resolución decisiva del NO?

Hay varias respuestas a esa pregunta, me centraré en una. Hace varios cientos de años en el mundo occidental se produjo una explosión de descubrimiento, razón y lógica que condujo a lo que muchos llaman la era moderna. El método científico surgió mediante el análisis, los datos y la capacidad de repetición para producir una cantidad asombrosa de nuevas tecnologías y conocimientos. Este período también es llamado La Ilustración, y trajo consigo las semillas de lo que ha llegado a ser aparentemente una interminable lista de lujos, medicamentos y avances con los que nos beneficiamos todos los días.

También trajo algo más, algo que es un problema de vez en cuando. Cuando el laboratorio se convierte en el lugar dominante para determinar lo que es verdadero, con sus estrechos filtros de datos y análisis, sin darse cuenta nos puede llevar a descartar cualquier cosa que no se ajuste a sus rígidos criterios.

Así que cuando alguien escucha esa historia del domingo por la mañana y de inmediato responde Eso es ridículo, en muchos aspectos está reflejando una visión en particular del mundo que surgió de un período en particular de la historia, una visión del mundo que sólo tiene espacio para lo que puede ser explicado y probado de acuerdo con un conjunto muy limitado de filtros y criterios.

¿Por qué hablo acerca de esto?

Debido a que la Biblia fue escrita antes de este período de la historia, antes de que la gente tuviera estos particulares filtros para procesar sus experiencias.

No debe sorprendernos entonces que los escritores de la Biblia describan milagros, revelaciones y acontecimientos que nosotros la gente moderna a menudo rechazamos de plano. Vivían en un mundo diferente.

En segundo lugar, hay un montón de lugares en el mundo donde el método científico no es la forma dominante de ver al mundo. Y cuando vas allí, conoces a la gente y pasas tiempo con ellos, a menudo ves pasar cosas ante tus ojos que simplemente no se pueden explicar.

Algunos de ustedes saben exactamente de lo que estoy hablando. Fuiste a las escuelas adecuadas, tomaste todas las clases, pasaste tiempo en el laboratorio, tienes las notas y te ves a ti mismo como alguien culto, de mente abierta, racional, una habladora sociedad TED que ha dejado atrás ese loco, primitivo, pre-racional asunto religioso. Pero entonces viajaste y pasaste tiempo en culturas fuera de la tuya, y viste cosas para las cuales no tuviste categorías. O tal vez ocurrió cerca de tu casa. De cualquier manera, viste cosas que previamente habrías descartado pero que ahora realmente experimentaste.

¿Por qué señalo esto?

Porque estamos en un momento crucial de nuestra cultura en lo que respecta a la experiencia, particularmente la experiencia religiosa, y particularmente a como leemos la Biblia.

Algunos lo explican así:

Hay fe pre-racional. Son las locas cosas religiosas que te avergüenzan, te hacen temblar, te hacen tirar el control remoto hacia el televisor cuando ese pastor fastidioso es entrevistado en la CNN mientras defiende por qué ha estado quemando los libros sagrados de otras personas.

Luego está la visión del mundo racional. Lo cual se siente como un paso hacia adelante en su lucido pensamiento y análisis. Se ríe de algunas de las locuras que sucede en las iglesias, haciendo todo tipo de calmos, fríos y razonables puntos sobre cuán retrogradas y primitivas son esas tonterías religiosas. Esta visión del mundo racional es a menudo reduccionista, ya que ve la realidad como limitada a la materia, a este mundo, a lo que se puede probar, tocar y experimentar a nivel sensorial. Espíritus, dioses, vidas posteriores y tales por lo general son descartados porque, después de todo, ¿qué pruebas se tiene?

El problema es que hay experiencias que trascienden estas categorías. Algunos de los momentos más poderosos y significativos en la vida no son racionales en lo absoluto. Como enamorarse, o tener un hijo. O ver ocurrir algo justo delante de tus ojos que no puede ser explicado por ninguna cantidad de ciencia o inteligencia. (Lo cual es lo que la gente dice cuando habla de ser espiritual pero no religioso, tienen la convicción de que hay algo más, que las categorías de híper-racionalismo no son lo suficientemente grandes, pero no quieren tener nada que ver con la locura pre-racional porque lo sienten como un paso atrás…).

Lo que nos lleva a otra etapa, una en otro lado, una que incluye, pero va más allá de lo racional.

Trans-racional.

Pre-racional —> Racional —> Trans-racional

Puede que lo hayas detectado, pero que no hayas tenido un lenguaje para ello en esta serie que he estado escribiendo acerca de la Biblia desde una perspectiva trans-racional.

Una comprensión trans-racional es aquella en la que te das cuenta de que la perspectiva más racional es la que está abierta a lo que no se puede explicar. No es que abandones tu intelecto, es la plena participación del intelecto que te ha llevado a la creencia en Dios. No es que te aferres a primitivas y arcaicas creencias cuando afirmas milagros y lo sobrenatural, has llegado a ver a través de experiencias reales que no todos los eventos caben en los estrechos filtros del método científico. Has llegado a ver que algunos que pasan por abiertos de mente en realidad son bastantes cerrados de mente en su rechazo de todo lo que no puede ser analizado en un laboratorio.

Trans-racionalidad es acerca de la apertura al espíritu, a eso que no puede ser nombrado pero es real, a la presencia divina en las Escrituras, guiándonos, sanándonos, confortándonos y dándonos esperanza.

Rob Bell

Rob Bell

Autor, Conferencista.

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