Las 2 clases de Apocalipsis

Las 2 clases de Apocalipsis

Una pregunta de un lector:

¿Crees que estos son los “últimos tiempos”? ¿Cómo crees que serán? Sé que hay una pre tribulación y una post tribulación, pero es como latín para mí….

No tengo ni idea. Nadie la tiene. Y eso incluye a Jesús (llegaremos a eso en breve…).

Innumerables personas a través de los años han supuesto, predicho, anunciado y preparado para el fin del mundo, citando días y horarios, absolutamente seguros de que todo estaba a punto de terminar, sólo para descubrir que el sol se levantó a la mañana siguiente, y lo ha seguido haciendo hasta ahora.

Dicho esto, vamos a hablar del apocalipsis. En concreto, dos tipos de apocalipsis.

En el primer tipo de apocalipsis el mundo tal como lo conocemos termina repentinamente a causa de algo catastrófico e inesperado. Hay versiones naturales de este temor en el que un meteorito golpea a la tierra, una enfermedad se propaga sin control hasta que la humanidad no existe más o un terremoto hace que los océanos inunden los continentes. También hay versiones divinas en las que Dios se harta de que los seres humanos estropeen las cosas que finalmente dice ¡Basta! y aparece a todo color para corregir los errores, traer juicio y limpiar un poco la casa.

Esta comprensión del apocalipsis se nutre de un miedo humano muy concreto: Que algo saliendo de la nada y sin que nadie lo vea venir podría suceder mañana y acabar con la vida tal como la conocemos.

La conmoción y el terror inesperado de esta posibilidad han generado un sinnúmero de cómics, novelas y, por supuesto, películas.

Conoces algunas, donde Bruce Willis aparece en el último momento para salvar el día. O Will Smith. O ese actor que se haya puesto una capucha últimamente.

En la versión religiosa, oirás a menudo, que cuando esto suceda un grupo irá a un buen lugar y el resto de la humanidad a un mal lugar. (Las personas que cuentan esta versión de la historia siempre están en el grupo bueno, casualmente). Y entonces tu trabajo es meter el mayor número de personas dentro de la tienda/club/religión/grupo como sea posible para que cuando llegue ese día, todos puedan escapar juntos e ir a otro lugar.

Una observación más sobre este tipo de apocalipsis: En esta versión el fin del mundo/los últimos días/el fin de los tiempos generalmente se ve como algo que está fuera de nuestro control. No podemos controlar el tiempo, las fechas o los particulares detalles. Somos participantes pasivos, impotentes para controlar el cuándo de ello, esperando escapar de lo peor.

Ahora, pasemos a un segundo tipo de apocalipsis.

El segundo tipo de apocalipsis es del tipo que traemos sobre nosotros mismos. Éste viene a causa de que los humanos hemos hecho un lío de la tierra a través de nuestro consumo de combustibles fósiles, bombas nucleares, huellas de carbono y productos químicos vertidos en los océanos, ríos y lagos. Icebergs derretidos, fuentes de agua contaminadas, fauna silvestre diezmada, selvas arrasadas; este tipo de apocalipsis es del tipo que podemos controlar. Viene porque no tomamos nuestra responsabilidad divina de ser custodios de la creación lo suficientemente en serio. Sucede porque ignoramos la evidencia, nos reímos de la gente que nos advirtió, nos negamos a hacer los difíciles cambios necesarios para vivir en el mundo de una manera diferente.

Las buenas noticias sobre este tipo de apocalipsis, por supuesto, es que podemos cambiar nuestras costumbres, reformar nuestros hábitos, aprobar nuevas leyes, adoptar nuevas tecnologías, vivir de forma más sustentable, contaminar menos, la lista sigue y sigue.

(Es importante señalar aquí que en el poema de Génesis que inicia la Biblia, la relación de la gente con el suelo ―con su entorno― es de suma importancia. Porque nuestra supervivencia depende de ello).

¿Mi punto con estos dos tipos de apocalipsis?

Nosotros, como cultura tenemos una tremenda preocupación por el apocalipsis que no podemos controlar y en lo absoluto ninguna preocupación por el que podemos controlar.

En lugar de especular acerca de los tiempos finales, escribir terribles novelas sobre gente siendo dejada atrás y predicar ridículos sermones conectando a Irán con el libro de Daniel, ¿qué pasa si la gente acordara en que no vamos a preocuparnos por lo que no podemos controlar y que vamos a ser mucho más intencionales sobre lo que podemos controlar, amando a nuestro prójimo, convirtiéndonos en personas de carácter e integridad, y teniendo un mejor cuidado de la tierra? ¿Qué pasaría si toda esa ansiedad, miedo y preocupación acerca del apocalipsis (que ha vendido un montón de entradas de cine) se destinara a las cosas que a Dios le importan?

La historia que leemos en la Biblia es acerca de este mundo, nuestro hogar, nuestro único hogar. Jesús no habló de un Dios que quiere quemar este lugar y llevarnos a otro lugar, habló de la renovación de este lugar, el único hogar que hemos tenido. Centrales en la historia de Jesús son las afirmaciones sobre los árboles, los mares, las rocas, el aire, el suelo, la sangre, el sudor, la piel y toda la materialidad, diversidad y creatividad que sabemos que son el centro de nuestra vida en este mundo. Jesús habló de un tiempo venidero cuando Dios restauraría, renovaría, reconciliaría, redimiría y repararía las cosas, y nos invita a anticipar ese día haciendo nuestra parte para traer el cielo a la tierra, aquí, ahora, hoy.

Ahora volvamos a la pregunta original, la cual he recibido innumerables veces a lo largo de los años: ¿Son estos los últimos tiempos?

Bueno, ¿qué tal si hubiera una respuesta? ¿Qué pasaría si descubrieras que el fin del mundo realmente fuera a venir este mes un martes a las 2:37 de la tarde? ¿Qué si tuvieras pruebas de que realmente todo va a llegar a un punto muerto?

No cambiaría nada, ¿verdad? Vivirías exactamente como estas viviendo. O… tal vez, tal vez te impulsaría a tomar riesgos, ser más generoso, luchar por la injusticia, disfrutar cada día más. En ese caso, ¿cuál es el problema? ¿Por qué no haces esas cosas y vives así ahora?

Rob Bell

Rob Bell

Autor, Conferencista.

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