La venida de Dios (Parte 2) De tal palo tal astilla

La venida de Dios (Parte 2) De tal palo tal astilla

La semana pasada, nos fijamos en lo que Jesús tuvo que decir sobre el momento de su parusía o “venida”.

Entonces, ¿dónde más aparece “la venida de Dios” en las Sagradas Escrituras? ¿Una “venida de Dios” era como Silver Surfer, el heraldo del devorador de mundos Galactus, deslizándose desde el cielo todo refulgente y brillante? ¿O era una demostración del poder de Dios en las esferas espirituales, físicas y visibles? Vamos a profundizar en el lenguaje interno de la Escritura para descubrir lo que significaba este concepto para sus hablantes originales.

En las Escrituras Hebreas, una “venida de Dios” tenía muchas formas; una voz en el huerto, una zarza ardiente y una columna de fuego. Una “venida de Dios” en el juicio era por lo general cuando Dios usaba los medios de un ejército enemigo para disciplinar una ciudad y a sus habitantes. La presencia de Dios era reconocida en ese ejército enemigo porque Dios enviaba un profeta para advertir del evento de antemano. En la narración bíblica, el patrón se ve así:

  1. Un profeta utiliza un lenguaje apocalíptico para decirle a la gente que “Dios viene” para cambiar el “cielo y tierra” de su sociedad.
  2. El profeta le dice a la gente que se arrepienta y se vuelva a Dios.
  3. Las personas no se vuelven a Dios.
  4. Un ejército enemigo viene. La gente “ve” a Dios, es decir, reconocen que Dios los visitó en el juicio.
  5. Dios reorienta el “cielo y tierra” del orden político y religioso de su sociedad.

 

De tal palo, tal astilla:

“Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”  (Mateo 16:27)

A veces nos olvidamos de los movimientos poéticos en los escritores hebreos antiguos, al ajustar sus evocadoras palabras a lo concreto, más allá de todo reconocimiento original. La descripción de Max King sobre lo que es profecía, sin embargo, me lleva de vuelta a una comprensión fundamental de cómo el lenguaje profético funcionaba para sus primeros oyentes: “La profecía es el lenguaje figurativo que describe el significado espiritual de los acontecimientos temporales”.

Es así como Dios vino en la Biblia hebrea (Antiguo Testamento), y es así como Jesús fue profetizado que vendría “en la gloria del Padre” en el Nuevo Testamento. Muchos cristianos no saben esto, pero en el 70 d. C., eso es exactamente lo que pasó. La presencia de Dios, en la paradójica forma de los ejércitos romanos, pisoteó la ciudad de Jerusalén durante 42 meses o 3 años y medio, tal como fue profetizado, “… porque ha sido entregado a los no creyentes, y ellos van a pisotear la ciudad santa durante cuarenta y dos meses” (Apocalipsis 11:2). Después, incluso el historiador judío Josefo, reconoció que se trataba de una intervención divina -una venida de Dios- irrumpiendo en y cambiando la historia para siempre.

¿Pero Diferente?

La principal diferencia entre las venidas de Dios en la Biblia hebrea y la venida de Jesús era que la venida de Jesús sería el clímax de las venidas de Dios en la historia. Su venida consumaría la era del Nuevo Pacto del Reino de Dios de personas en la tierra.

“Pero ahora, una sola vez en la consumación de los siglos, se ha manifestado para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo.” (Hebreos 9:26)

La venida de Jesús causaría que el cielo y la tierra del Antiguo Pacto, simultáneamente, se convirtiesen en obsoletos, desapareciendo de la relación entre Dios y la humanidad. Y le daría forma a los albores de la era del nuevo pacto, al cielo y la tierra de personas del Reino del Nuevo Pacto.

“Cuando Dios habla de un “nuevo” pacto, significa que él ha hecho obsoleto al primero. Ahora está vencido y pronto desaparecerá.” (Hebreos 8:13)

La gloriosa llegada de Jesús sería en su nuevo reino, ¡y ese Nuevo Reino somos nosotros! Jesús llegó para dar vida a su propio cuerpo en la tierra, el cuerpo de Cristo.

A través de nosotros, no a nosotros

Es hora de ajustar nuestra lente. El propósito de la venida de Dios no fue renovar físicamente la tierra en un estado utópico en un instante. Fue consumar la relación matrimonial comenzada, la relación del Nuevo Pacto, con el “Israel de Dios” en Cristo. Históricamente, el matrimonio ha tenido el propósito de producir descendientes legalmente reconocidos que puedan ser designados como herederos de la tierra de un padre o Reino. Tal es el caso con Dios, su esposa y sus hijos. Dios vino y consumó un Nuevo Pacto mundial, creando una nueva relación con su novia, la Nueva Humanidad, para que puedan comenzar a producir niños espirituales, herederos con derecho a todas las promesas y los beneficios como el Reino de Dios omnipresente.

Esta consumación no tiene nada que ver con el fin del mundo material, o el comienzo de una tierra utópica. Se trata de la pertenencia a una realidad espiritual que podemos vivir ahora, en medio de nuestro mundo material. Es un Reino que entra en el mundo físico a través de nosotros. Puedes escogerlo y reconocer tu pertenencia a él en cualquier momento.

No es que Dios no esté cambiando y transformando poderosamente este mundo hacia su propia victoriosa influencia de justicia, misericordia, esperanza y gloria. No, es que estos cambios irrumpen en el mundo a través de nosotros, mientras vivimos nuestras vidas tratando de ser un beneficio y una bendición a todo el mundo, abriéndonos a la muy real y poderosa presencia de un Dios omnipresente. Dios viene a este mundo a través de nosotros, ahora mismo, no viene en el final de una tierra futura “a” nosotros.

Poner fin a un mundo de Pacto.

Así que veamos el patrón en el texto de nuevo.

Hubo muchos eventos “Venida de Dios” profetizados en la Biblia hebrea, completados con el lenguaje apocalíptico fin de la tierra y venida en las nubes, significando un gran cambio. ¿Pero este lenguaje describía el fin del planeta físico? ¿O era el fin del orden religioso y político de una sociedad, el final de su mundo como ellos lo conocían?

Tanto la Biblia y la historia confirman que este lenguaje apocalíptico describía constantemente el final de mundos -o sociedades- políticos y religiosos como Grecia, Edom, Babilonia, Egipto e Israel, como se puede ver en las Escrituras que exploraremos a continuación.

Una venida de Dios, en la literatura bíblica, nunca fue, literalmente, una deidad física cayendo del “cielo”, aunque este lenguaje de venida en las nubes suena a muchos oídos modernos de esa manera. Pero una persona antigua completamente familiarizada con las Escrituras Hebreas habría reconocido que Jesús estaba citando las descripciones hebreas de pasadas venidas de Dios de Isaías y Ezequiel. Por lo tanto, tendrían razón para escuchar las palabras de Jesús de la misma manera, como una poética y apocalíptica manera de describir el final por parte de Dios del mundo israelita del Antiguo Pacto a través del uso de un ejército enemigo. Jesús no estaba describiendo el fin del mundo material, no en su futuro, ni en el nuestro.

Jesús, un profeta en la línea de los profetas hebreos, predijo un juicio “venida en las nubes” sobre Jerusalén en su generación. ¡Jesús no estaba prediciendo el fin del mundo, el tiempo o la historia! Jesús simplemente cita su Biblia hebrea y sigue el mismo patrón bíblico hebreo establecido por muchos antes que él, de una manera su audiencia judía del primer siglo lo entendía. Jesús estaba prediciendo un gran cambio de pacto, como significado de su paradójica presencia en Jerusalén al ser entregado a sus estrategias violentas a través de Roma en el año 70, después de haber ignorado el Camino de Paz de Jesús (Lucas 13:34-35).

 

Fuente original:

http://www.presence.tv/the-coming-of-god-like-father-like-son-riley-obrien-powell/

Riley O’Brien Powell

Riley O’Brien Powell

Autora.

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