La Inerrancia no describe lo que la Biblia es; algunos comentarios de mi charla en la Sociedad Teológica Evangélica

La Inerrancia no describe lo que la Biblia es; algunos comentarios de mi charla en la Sociedad Teológica Evangélica

Podría jurar que publiqué esto hace meses, pero no lo hice. Así que aquí está.

Estos son los comentarios que di en la Sociedad Teológica Evangélica en Baltimore el pasado noviembre como parte del panel de discusiones sobre el libro en el que colaboré (junto con Al Mohler, John Franke, Michael Bird y Kevin Vanhoozer), Cinco puntos de vista sobre la Inerrancia Bíblica. Cada uno de nosotros tenía 15 minutos para hacer algunas observaciones antes de que empezáramos a participar unos con otros.

En retrospectiva, no creo que se haya logrado mucho ―ni se hubiera podido― en ese entorno y en ese lugar. Tampoco creo que el volumen pudiese haber tenido la clase de impacto que algunos habrían esperado, ya que ―al menos así yo lo sentí―, la mayor parte de nuestro tiempo nos lo pasamos reivindicando territorio en lugar de participar en los asuntos importantes.

Si hubiéramos tenido unas rondas más, habría re-preguntado algunas cosas puntuales: la naturaleza de los estudios bíblicos y la “erudición bíblica evangélica”, especialmente a Vanhoozer y a Bird, sentí como que sus ensayos y respuestas en el volumen perpetuaron ciertas idiosincrasias y tropos apologéticos (a los cuales otorgué mi breve respuesta), y me esperaba un poco más de ellos (sobre todo de Bird, por su formación en los estudios bíblicos).

Por lo tanto, la presentación de 15 minutos que di en la STE es mi intento de profundizar un poco más sobre mi punto de vista sobre la Inerrancia desde un ángulo ligeramente diferente, para abordar algunas cuestiones generales que me quedaron después de que el volumen fue completado.

El post es un poco largo (2000 palabras), pero he tenido peores.

 

  1. La Inerrancia prescribe a la Biblia y a Dios demasiado estrechamente.

El título de mi ensayo (en el libro) es “Inerrancia, independientemente de la definición, no describe lo que la Biblia es”. Lo que quiero decir es lo siguiente:

Como sea que se defina a la Inerrancia ―estrictamente o en sus más matizadas variedades progresistas (ambos tipos están representados en este libro)―, en mi opinión, no encaja con lo que veo cuando abro y leo mi Biblia.

Como yo lo veo, la Inerrancia prescribe los límites de la interpretación bíblica de una manera que crea conflicto tanto inter-canónico como respecto a la información extra-bíblica. Es por eso que “aferrarse a la Inerrancia” (como a menudo es referida) pareciera ser una actividad de alto mantenimiento, requiriendo constante cuidado y vigilancia.

Esta dinámica me sugiere, no sólo que el término no es apto para describir a la Escritura, sino que prácticamente garantiza un continuo malestar dentro del evangelicalismo cuando se levantan voces alternativas.

En mi opinión, una estricta, literalista e inerrante posición, requiere un aislamiento intelectual que no estoy dispuesto a conceder, como estoy seguro que coinciden un buen número de los que están aquí. Una variedad más progresista se caracteriza por cosas tales como el verdadero trabajo respecto a ciertas cualidades literarias de la Biblia, los géneros y los escenarios históricos, tendiendo a moderar el estricto modelo inerrante. Pero aquí también, para mí el techo sigue siendo demasiado bajo.

Si se me permite jugar en esa metáfora espacial por un momento, la Inerrancia estricta, hermenéuticamente hablando, es como arrastrarme sobre mi vientre a través de un túnel estrecho y bajo; la Inerrancia progresiva (y perdón por el reduccionismo) es como pasear dentro de una casa de un metro y medio de alto.

Sería bueno poder pararme, pero no podría hacerlo sin golpearme la cabeza, y después de un tiempo mi espalda estaría tan rígida que no podría enderezarme, aunque quisiera.

En otras palabras, tal como yo lo veo, una forma progresiva de Inerrancia (una posición expresada por dos de nuestros coautores) aún no proporciona el espacio para tratar los datos y dar el tipo de respuestas que siento que son justificadas y necesarias.

Con el fin de permitir los tipos de conclusiones interpretativas, denominaciones de género y estrategias hermenéuticas que estoy convencido que se necesitan aplicar a la Escritura, tendría que redefinir a la Inerrancia de un modo que me dejaría sintiéndome deshonesto  ―mi propio momento Iñigo Montoya en (la película) La princesa novia: “Sigues usando esa palabra. No creo que signifique lo que piensas que significa”―. Esta es la razón, por la que a partir de 2007, dejé de pertenecer a la STE. Nada personal.

Tal vez la raíz del recelo teológico sea que para mí la Inerrancia limita a la interpretación bíblica demasiado estrechamente, porque limita a Dios demasiado estrechamente.

La premisa que todos los defensores de la Inerrancia sostienen en algún nivel ―aunque en distintos grados― es que una Biblia inerrante es el único tipo de libro que, lógicamente, Dios sería capaz de producir, el único medio por el cual un Dios veraz se comunicaría.

Como yo lo veo, las tensiones rítmicas, recurrentes y generacionales sobre la Inerrancia en el evangelicalismo son alimentadas por la distancia entre esta a priori expectativa teológica sobre como Dios y su libro deberían comportarse, y los persistentes detalles no cooperativos de la interpretación bíblica.

Veo a la Inerrancia como un modelo de la Escritura. Los modelos se usan para explicar una serie de fenómenos. Si los fenómenos no son tratados adecuadamente, entonces el modelo deja de tener un valor explicativo convincente, y por lo general se suele dejar de lado en favor de otros modelos.

Uno puede refinar o matizar cualquier modelo, por cierto, ¿pero cuan matizada puede ser la Inerrancia? Y cuando tenemos en cuenta a la función de la Inerrancia dentro del evangelicalismo, que ha sido esencialmente defensiva, para mantener afuera a los malos pensamientos, entonces, el matizar demasiado vuela muchos de los dientes de la Inerrancia.

  1. La Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica prescribe un modelo inviable de la Escritura

La función prescriptiva de la infalibilidad se exhibe en la Declaración de Chicago sobre la Inerrancia Bíblica, tanto en términos de su propia retórica, así como en la autoridad legada posteriormente a la cultura evangélica. Siento que esta función prescriptiva ha obstruido el tipo de diálogo crítico que emerge claramente dentro del evangelicalismo.

Aquí me gustaría mencionar sólo una cuestión para ilustrar: cómo la Declaración de Chicago conecta a la verdad, a Dios y a la Escritura. Encontramos esto rápidamente, en la sección titulada “Una Declaración Breve”, que consta de cinco afirmaciones destinadas a establecer parámetros para lo que sigue.

La primera declaración habla de Dios “quien es verdad en sí mismo, y solo habla verdad”. Esta premisa inicial es crítica para la retórica de La Declaración de Chicago: conecta a la Inerrancia con la naturaleza de Dios. La cual es, de hecho, una defensa común de la Inerrancia.

Pero no estoy dispuesto a darle el visto bueno a esta afirmación.

En primer lugar, implica que aquellos que critican a la Inerrancia se oponen a Dios mismo. Esta es una conversación obstructiva y, si se toma en serio, erige un sistema autorreferencial, totalmente aislado, que de hecho es lo que ha sucedido.

En segundo lugar, lo que falta aquí al principio de la Declaración de Chicago, donde sería más apropiado incluirlo, es hermenéutica de auto-conciencia, una reflexión sobre la naturaleza de la verdad que Dios habla… en los textos antiguos.

Que la Declaración de Chicago no le dé ni siquiera un guiño aquí a las dimensiones hermenéuticas y teológicas de las discusiones de Dios, la verdad y la Escritura es algo más que un enorme agujero: colorea el documento de principio a fin y lo hace a todas luces insuficiente para acoplarse a los mismos problemas que traen las insuficiencias de la Inerrancia a la luz.

Lo que debería exponerse a la vanguardia de manera explícita aquí―en el principio― es la manera en que Dios habla en la Escritura, es decir, a través de los modismos, las actitudes, suposiciones y cosmovisiones generales de los autores antiguos. Sé que la Declaración de Chicago hace una insinuación sutil a esto más adelante, pero muy ambigua, muy poca y muy tarde.

  1. Israel creía en muchos dioses

Considera el fenómeno en el Antiguo Testamento: que el Dios de Israel no es la única deidad sino una de muchas.

Por ejemplo, en el Salmo 95 la grandeza de Yahvé es proclamada por medio de una comparación con otros dioses: “El Señor es el gran Dios, Rey grande sobre todos los dioses“.

Job 1-2 y el Salmo 82 comienzan con Yahvé presidiendo un consejo divino. En Job la escena es dominada rápidamente por “el acusador”, pero en el Salmo 82 Jehová reprende a los otros dioses por no impartir justicia en la tierra como deberían.

Y en Éxodo 12:12, la última plaga es descripta como la coronación del juicio de Yahvé sobre “todos los dioses de Egipto“.

Dado que, como se nos dice en la Declaración de Chicago, en la Escritura es Dios quien habla, y Dios sólo habla verdad, y que no se equivocaría ni nos engañaría, ¿a qué conclusión llegamos? ¿Que de hecho hay otros dioses, algunos de los cuales son subordinados de Yahvé y otros con quienes contiende?

Se podría sugerir soluciones para esto: estos no son dioses sino ángeles, demonios o hipérboles. Pero el Antiguo Testamento no dice nada de esto, e inventar cosas para proteger un dogma nunca es buena idea.

Dios, quien (de acuerdo con la retórica inerrante) sólo habla verdad cuando nos habla de sí mismo, dice “dioses”. Si “los días son días” (Génesis 1), inundaciones son inundaciones, cananeos muertos son cananeos muertos, entonces seguramente dioses son dioses.

¿OK? ¿No debería la lógica inerrantista seguir hasta el final?

O considera Deuteronomio 32: 8, donde el alto dios Elyon ―también conocido por nosotros de la religión Ugaritica― reparte las naciones a los dioses menores, uno de los cuales es Yahvé, cuya “parte fue su pueblo, Jacob es su parte asignada“, por lo que Quemos consigue Moab, Baal obtiene a los cananeos y así sucesivamente.

(Tendrías que consultar un buen comentario o Biblia de estudio para ver esto. Los primeros escribas judíos cambiaron el texto para adaptarlo a las estrictas normas monoteístas. Las Biblias inglesas reflejan esta tardía “corrección” de lectura, pero sin verlo en las notas de traducción nunca lo sabrías).

¿Estamos ―acorde a la lógica inerrante― obligados por la Escritura y el Dios que habla verdad a decir, por lo tanto, que el Dios de Israel al igual que los otros dioses, responde y esta étnica y geográficamente atado a una autoridad superior?

El lenguaje de la Declaración de Chicago no me es útil en estos casos. ¿Qué significa hablar de este tipo de cosas como la “verdad” de Dios y por lo tanto “infalible”?

Entiendo que la Inerrancia, como comúnmente ha sido defendida, sólo tiene que ver con lo que la Biblia enseña o afirma (como algunos de mis co-autores repiten), pero veo un montón de enseñanza o afirmaciones al menos ocurriendo aquí en estos versículos.

Si estos textos que nos hablan de Dios al final no son “afirmaciones“, no estoy seguro de lo que significa la palabra.

También soy consciente de que estas descripciones de Dios no están en todas partes en el Antiguo Testamento, ¿pero importa realmente? ¿Somos libres para “escoger y elegir” lo que queremos creer?

Estas declaraciones son tan… claras… Dios habla claramente… si no seguimos su clara palabra aquí, ¿qué razón tendríamos para seguir su palabra en cualquier lugar? Lo siguiente que haríamos seria negar la resurrección.

Perdona la retórica. Sólo trato de hacer un punto, y espero que no sea demasiado sutil.

  1. La Inerrancia no describe lo que la Biblia hace.

No creo que existan los dioses del antiguo Cercano Oriente, ni tampoco que nuestro Dios presidiera una reunión del consejo celestial, ni que haya estado bajo la autoridad de Elyon.

Creo, sin embargo, que los antiguos israelitas creían eso, pero eso no significa que su creencia en ese momento de la historia redentora representara la absoluta “realidad espiritual”, por así decirlo.

Ahora, ¿por qué digo eso? No es porque le falte el respeto a la Biblia. Tengo dos razones.

Una de las razones es el Nuevo Testamento. Una visión canónica nos conduce a lo largo del argumento bíblico, por así decirlo, por lo que creo que hay un solo Dios, no muchos (una visión que ya se hacía eco en otras partes del Antiguo Testamento).

La Escritura es variada y se mueve, así que por razones bíblicas internas, no espero que cada parte de la Escritura ―incluso las partes que hablan de Dios― proporcionen absoluta e infalible verdad.

La segunda razón es lo que conocemos a través del trabajo histórico y arqueológico sobre el antiguo entorno tribal en el que los antiguos israelitas participaron. Entender algo sobre el mundo de la Biblia nos puede ayudarnos aquí.

La manera en que se describe a Dios en Job o en los Salmos, etc., tiene perfecto sentido en ese contexto cultural. Pero la afirmación de apertura de la Declaración de Chicago, sobre que Dios “quien es Verdad en sí mismo y solo habla verdad”, me parece fuera de tópico, las palabras no se diseñaron para hacer frente a lo que vemos aquí.

Aplico este mismo tipo de pensamiento a los tres temas tratados en el libro, especialmente a dos de ellos, la historicidad de la caída de Jericó y el mandamiento de Dios de exterminar a los cananeos.

Para entender ambos apelo al (1) movimiento del evangelio alejándose del pensamiento tribal acerca de Dios y a (2) los datos arqueológicos y literarios del contexto cultural de Israel.

Es por eso que propongo la común y casi mundana conclusión (y tienes que leer mi ensayo en el libro para obtener los detalles) que las historias de Jericó y el exterminio cananeo: (1) no son “históricas” en ningún sentido en el que normalmente usamos la palabra, ni tampoco (2) proporcionan una inalterable, permanente, absoluta imagen de Dios.

Ciertamente puedo entender y respetar el por qué los antiguos israelitas hablaban de esta manera. Pero, al igual que el tema de muchos dioses en el Antiguo Testamento, esto no significa que los episodios de exterminio de Jericó y de los cananeos sean la última palabra histórica o teológica.

No creo que esté descartando el Antiguo Testamento, tampoco esto es (¡por amor de Dios!) Marcionismo dualista, que dice que los dioses del Antiguo Testamento son dos dioses diferentes. No estoy diciendo que haya dos dioses; solo Dios es el Dios de las Escrituras. Pero Dios es retratado de manera diferente por los escritores bíblicos en diferentes momentos y lugares.

En el Antiguo Testamento, Dios ya es retratado de diversas formas. En el Evangelio, los cristianos creen, que la mirada más completa de Dios se obtiene a través del Evangelio.

Reconocer este diverso retrato de Dios, especialmente cuando llegamos al Nuevo Testamento, no es más que un aspecto de lidiar con la “Biblia en contexto” y la complejidad canónica del problema de la continuidad y discontinuidad entre los testamentos.

Y hacerlo, simplemente es participar en el proyecto teológico cristiano que ha sido parte de la conciencia de la iglesia desde Pablo y los escritores de los Evangelios, ¿qué hacemos con la historia de Israel a la luz del acontecimiento de Cristo? Esto no es nada nuevo.

  1. Un “Modelo de Encarnación” es más útil.

Para mí, la Inerrancia o la Declaración de Chicago no llegan a hacer frente a este fundamental reto hermenéutico para los lectores cristianos de la Biblia.

Continúo pensando, sin embargo, que un modelo de encarnación de la Escritura es útil. No es nuevo. No lo inventé. Alguna forma de ello se remonta por lo menos a Atanasio. Y nadie, mucho más que yo, afirma esta analogía. Lo que afirmo una unión hipostática en la Escritura (!!).

Es una analogía, explicar una cosa por medio de otra. El objetivo principal de esta analogía es presentar una visión de la Escritura donde el contexto histórico deja de ser un gran obstáculo doctrinal, un problema a resolver, y se convierte en otra imagen de cómo Dios voluntariamente y amorosamente participa en el drama humano.

Proporciona el lenguaje teológico para por qué la Biblia actúa así… antigua, por qué vemos el uso de lenguaje y conceptos míticos en el Antiguo Testamento, una escena de una sala de juntas celestial o por qué el Dios de Israel es retratado como un guerrero tribal para quien los asesinatos masivos parecen ser su método preferido de resolución de conflictos.

No creo que la Inerrancia sea la categoría adecuada para abrazar la dinámica complejidad de las Escrituras.

Pero un Dios que se dedica a encontrarnos donde estamos (esta es una buena noticia) y una Escritura que muestra esta enérgica, implacable ―y misteriosa― interacción entre el Espíritu de Dios y las culturas antiguas… bueno, no diré que no lo entiendo. Y entiendo que este pensamiento pueda ser preocupante, a unos más que otros.

Pero como diría C.S. Lewis, la encarnación es, después de todo, “una doctrina incurablemente irreverente“. No es cómoda. Incluso es un poco inquietante cuando pensamos en cómo a Dios le gusta aparecer.

Un modelo de encarnación no es la única o la mejor manera de pensar en la Biblia en todo momento. Pero cuando el tópico se convierte en asuntos históricos ―el núcleo de nuestro libro y el corazón del debate de la infalibilidad― al menos me da el lenguaje teológico con el que hablar de lo que veo en las Escrituras con respeto y admiración.

En resumen, para mí la infalibilidad es un modelo de Escritura que no describe bien lo que la Escritura es. Tal vez en nuestra era actual, Dios no nos esté llamando a revitalizar una defensa, a enquistarnos, o a formular más complejas y sutiles defensas sobre lo que sentimos que la Biblia tiene que ser, sino a enseñarles a las futuras generaciones ―en la academia, en la iglesia, y en el mundo― mejores maneras de encontrar a Dios en la Escritura que tenemos.

 

Fuente original:

http://www.patheos.com/blogs/peterenns/2014/07/inerrancy-doesnt-describe-what-the-bible-does-some-comments-from-my-ets-talk/

Peter Enns

Peter Enns

Teólogo, Autor.

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