La guerra del cordero

La guerra del cordero

Aquellos que quieren aferrarse a una primitiva visión de un Dios violento y retributivo con frecuencia citan el pasaje de Apocalipsis del jinete del caballo blanco. Dicen algo como esto: “Jesús vino la primera vez como un cordero, pero la segunda vez vendrá como un león”. (A pesar de que ningún león es visto en Apocalipsis, ¡el león es el cordero!). Con esto quieren decir que el Jesús no violento de los evangelios mutará en aquello que fantasean que es el Jesús hiperviolento del Apocalipsis.

 

Tristemente, quienes proponen esta defectuosa interpretación parecen preferir su imaginario Jesús violento futurista sobre el Jesús no violento de los evangelios. En un nivel básico, esencialmente ven la Biblia como algo así: Después de una larga trayectoria alejada de la violencia divina del Antiguo Testamento, y culminando con Jesús renunciando a la violencia y llamando a sus seguidores a amar a sus enemigos, en sus páginas finales la Biblia relega la visión de paz y no violencia a algo impracticable y cierra con la más viciosa representación de violencia divina de toda las Escrituras.

 

En esta lectura de Apocalipsis, el camino de paz y amor que Jesús predicó durante su vida y que respaldó con su muerte, es rechazado por el trillado camino de guerra y violencia. Cuando literalizamos las imágenes violentas del Apocalipsis llegamos a esta conclusión: Al final, incluso Jesús renuncia al amor y recurre a la violencia. Trágicamente, aquellos que renuncian abrazar el camino de paz enseñado por Jesús usan los simbolismos bélicos de apocalipsis 19 para silenciar el Sermón del Monte.

 

Esta clase de hermenéutica tiene implicaciones desastrosas; silencia el mensaje de paz y perdón de Jesús. Cuando literalizamos las imágenes irónicas y simbólicas utilizadas por Juan en Patmos, utilizamos ilegítimamente Apocalipsis para dar licencia a nuestra propia violencia diabólica. Razonamos, si Jesús matará a doscientos millones de personas a su regreso, ¿qué importa si matamos cien mil personas en Hiroshima?

 

Pero, ¿Juan realmente está tratando de decirnos que al final el Cordero se transformará en la perfecta máquina asesina? ¡Por supuesto que esto no es lo que Juan está diciendo!

 

Primero, debemos recordar que todo el lenguaje de Apocalipsis es simbología teatral, ¡todo!

 

Langostas que parecen caballos con rostros humanos, cabello de mujer y dientes de león.

 

Un ejército de dos millones de soldados cabalgando en caballos con cabeza de león que exhalan fuego y arrojan azufre.

 

Un dragón rojo con siete cabezas que barre con la tercera parte de las estrellas del cielo con su cola.

 

Del mar, una bestia de siete cabezas y cuerpo de leopardo, pies de oso y boca de león.

 

Un ángel en el cielo con una hoz gigante que cosecha todas las uvas de la tierra y las pone en un lagar que genera un rio de sangre de doscientas millas.

 

¡Todos estos son símbolos! ¡Ninguno de ellos es literal! Así como, Jesús cabalgando un caballo volador mientras viste una túnica ensangrentada con una espada saliendo de su boca, es un símbolo. La pregunta es: ¿qué es lo que Juan nos está comunicando con estos símbolos creativos?

 

Para empezar, el jinete del caballo blanco es llamado Fiel y Verdadero, y su nombre es La Palabra de Dios. Juan no está representando un evento literal en el futuro, sino que nos está dando una realidad simbólica acerca del presente. Juan está representando el triunfo glorioso de la Palabra de Dios (Jesucristo). Aquel llamado La Palabra de Dios no está cabalgando el caballo rojo de la guerra, sino el caballo blanco del triunfo. Jesús no venció el mal a través de la guerra, sino por su palabra. Así es como Jesús hace su guerra justa. Jesús no hace la guerra como la bestia asesina de Roma; Jesús hace la guerra como el sacrificado Cordero de Dios.

 

Como lo dijo Eugene Peterson en “Reversed Thunder” (su excelente libro acerca de Apocalipsis), “El ardid perenne es glorificar la guerra para que la aceptemos como un medio apropiado para alcanzar las metas. Pero esto es malvado. Se opone a Cristo. Cristo nunca se sienta en la silla del caballo rojo”.

 

Después de cabalgar un pacífico pollino el domingo de palmas para contrastar su reino pacífico con los violentos imperios de un mundo pagano, Jesús no se contradice cabalgando luego un caballo de guerra en una exagerada imitación de Gengis Kan.

 

Quizás Juan les pida demasiado a los lectores modernos, pero él asume que tendremos en mente que Jesús es siempre y por siempre el Cordero sacrificado. Como nos los recuerda Richard Bauckhman en su Teología del Apocalipsis: “Cuando el Cordero sacrificado es visto ‘en medio’ del trono divino en el cielo, el significado es que la muerte sacrificial de Jesús pertenece a la manera en que Dios gobierna el mundo”.

 

Cristo siempre gobierna desde la cruz, ¡nunca desde un helicóptero Apache de ataque!

 

Juan subraya que Jesús reina a través del autosacrificio al representarlo en el jinete del caballo blanco que usa una túnica ensangrentada antes de que empiece la batalla. La túnica de Jesús está empapada en su propia sangre. Jesús derrama su propia sangre. ¡Este es el evangelio! El jinete en el caballo blanco es el Cordero sacrificado, no la bestia asesina.

 

Para enfatizar su punto, Juan nos dice que la espada que utiliza el jinete para castigar a las naciones no está en sus manos, sino en su boca. Está no es la espada del César, sino la palabra de Dios. Tanto desea el escritor que captemos la idea, que sin rodeos nos dice: “y su nombre es llamado La Palabra de Dios”. Es como cuando una caricatura política etiqueta el símbolo para asegurarse de que lo identificamos correctamente. La espada no es una espada; la espada es la palabra de Dios.

 

Si combinamos todos los símbolos creativos de Juan, el mensaje es claro: Jesús hace la guerra a través del autosacrificio y mediante su palabra. Jesús combate el mal mediante el amor que comparte el sufrimiento y a través de la palabra de Dios. Esta es la guerra justa del cordero.

 

Los cristianos son llamados a creer que el amor que comparte el sufrimiento y la palabra divina son todo lo que Cristo necesita para vencer el mal. Un mundo caído adicto a la guerra no cree esto, pero los seguidores de Jesús sí… o ¡deberían! Si Jesús conquista el mal matando a sus enemigos, solo sería otro César. Pero el punto central de Apocalipsis es que Jesús no es para nada como César. La guerra del Cordero no se parece en nada a la guerra de la Bestia. Jesús no es como César; Jesús no hace la guerra como César. ¡Perder esto de vista es malinterpretar todo lo que Apocalipsis trata de revelar! La guerra del Cordero es la misma que el apóstol Pablo describe a la iglesia de Corinto.

 

“Pues, aunque vivimos en el mundo, no libramos batallas como lo hace el mundo. Las armas con que luchamos no son del mundo, sino que tienen el poder divino para derribar fortalezas. Destruimos argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevamos cautivo todo pensamiento para que se someta a Cristo”. (2 Corintios 10:3-5) NVI.

 

Esta es la clase de guerra que simbólicamente representó Apocalipsis con un jinete sobre un caballo blanco llamado La Palabra de Dios, quien usa una túnica empapada en su propia sangre y libra una guerra justa con una espada que sale de su boca.

 

Esta no es una guerra literal, es una simbólica. No es una guerra futura; Cristo está librando su batalla ahora mismo. ¡Sé que Cristo está librando la guerra ahora mismo porque estoy entre aquellos que han sido atravesados por la espada de su boca y han nacido a una nueva vida! Jesús me asesinó. Me mató con su divina palabra. Y al asesinarme, me liberó. Esta es la salvación. Juan nos está mostrando como Jesús salva al mundo, no como Jesús mata al mundo.

 

El libro de Apocalipsis no es donde las buenas nuevas del evangelio mueren. Es donde las buenas nuevas del evangelio encuentran su más creativa expresión. A través de imágenes de ensueño inspiradas Juan se atreve a imaginar un mundo donde la pesadilla de la guerra infinita finalmente sucumba al pacífico reino de Cristo. Y yo creo en la visión que Juan vio.

 

El reino del mundo ha pasado a ser

de nuestro Señor y de su Cristo,

y él reinará por los siglos de los siglos.

Apocalipsis 11:15

 

¡Digno es el Cordero!

 

Fuente original:

https://brianzahnd.com/2016/05/war-of-the-lamb/#more-5597

 

Brian Zahnd

Brian Zahnd

Fundador y Pastor de Word of Life Church

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