La gente está desnuda… ¡No se lo digan al emperador!

La gente está desnuda… ¡No se lo digan al emperador!

Una de las tendencias más populares dentro de la iglesia hoy en día, implica el afirmar que las dudas son una parte de la fe, junto a la afirmación de que Dios es fiel a nosotros a través de esas dudas. El ejemplo más reciente de esto viene del arzobispo de Canterbury, quien dijo que a veces se pregunta si hay un Dios. En la misma entrevista afirma que su fe, sin embargo, no se trata de sentimientos, “se trata del hecho de que Dios es fiel”, de hecho, afirma que “lo extraordinario de ser cristiano es que Dios es fiel cuando nosotros no”.

Lo que vemos aquí al principio nos parece incoherente; el Arzobispo cuestionando eficazmente la existencia de Dios, y al mismo tiempo creyendo en el “hecho” de que Dios existe. Como tal, esto podría tomarse como el moribundo intento de una persona religiosa por mantener sus creencias (o su trabajo).

Sin embargo, el enfoque adoptado por el Arzobispo en realidad podría exponer una estructura mucho más ubicua, una que opera ampliamente en ambos campos, teístas y ateístas: una estructura de la cual la práctica de la Teología Radical busca liberarnos.

Para empezar, vamos a llamar al Dios que el Arzobispo continúa afirmando (siguiendo a Lacan) “el Gran Otro”.

El Gran Otro es una frase resbaladiza, una que es inicialmente difícil para conseguir que la gente se identifique. Así que vamos a crear un escenario que podría hacer que este término sea un poco más fácil de entender. Imagínate en un club nocturno repleto a las tres de la mañana. Mirando alrededor del salón, pareciera que todo el mundo la está pasando bien. Hay música enérgica, baile, bebida, contacto físico y conversación animada en todas partes.

Sin embargo, cuando miras más de cerca, empiezas a sospechar que algunos, muchos, o incluso la totalidad de las personas en la habitación, esconden aburrimiento. De hecho, se siente como si hubiera un velo de diversión cubriendo la habitación y ocultando otra dimensión, un velo que pareciera disolverse a medida que avanza la noche. Como estás parado en el medio del salón, no puedes dejar de sentir que todo el mundo en el club se ha comprometido a mantener una fachada. De hecho, mientras estas allí de pie, sumido en tus pensamientos, una serie de personas se inquietan y dicen cosas como: “anímate”, “sonríe” o “tomate otra copa”. Es como si tu estuvieses rompiendo algún tipo de tabú al mirar pensativo.

Este escenario de ficción obviamente es muy posible; de hecho, incluso podría ser muy común. Mientras pensaba en ello, surgieron dos preguntas de inmediato:

  • ¿A quién está tratando de engañar todo el mundo?
  • ¿Cuál es el punto de la simulación?

Es posible que la gente esté tratando de convencer a sus colegas de que están pasando un buen momento. Pero la mayoría de nosotros somos vagamente conscientes de que todos los demás en la habitación están tan inseguros e incómodos como nosotros. Así que empieza a parecer como que todos estamos realmente tratando de engañar a otra persona que no está en la habitación.

Se puede decir que los que están en la discoteca se han enganchado en un engaño estructural del tipo del que se encuentra en la iglesia. Cuando la gente canta canciones de adoración contemporánea que proclaman que “lo único que quieren es a Jesús”, es evidente que no afirman lo que se canta (después de todo lo que quieren es un montón de otras cosas). En su lugar, pareciera que quieren convencer al Dios al que le cantan de que son el tipo de persona que sólo quiere a Jesús (afirmando lo que se llama “Ideal-Ego”). En el club nocturno funciona la misma lógica de que algún dios externo es tratado como una figura que debemos intentar engañar con nuestras acciones. Por supuesto, nadie en el club nocturno cree realmente en tal figura. Sin embargo, la creencia funciona en una forma material a pesar de todo. Hay una cuestión que debe permanecer engañada por nuestras acciones, un tema cuya evasión nos lleva a evitar una confrontación con nuestras propias luchas.

Esta es una versión de Las nuevas ropas del emperador, excepto que nosotros, el pueblo, somos los que estamos desnudos. Manteniendo la ilusión sólo mientras el Emperador se deje engañar.

Esto, en pocas palabras, es un ejemplo del El Gran Otro. Es esa entidad inexistente a la que nos sometemos a fin de evitar una confrontación con nuestra propia crisis interna.

Lo que vemos claramente en la entrevista con el arzobispo, es una duda sobre la proclamación de Dios en la real iglesia existente, la cual está envuelta en la creencia en un Gran Otro. Para simplificar, podríamos decir que existen en general tres posiciones posibles que él podría tomar sobre la abierta proclamación sobre Dios en la iglesia:

  • Yo creo
  • Yo dudo
  • Yo no creo

Pero ninguna de ellas necesita tocar su compromiso más fundamental con el Gran Otro.

De la misma manera, alguien podría afirmar una de estas tres posiciones al tiempo que rechaza al Gran Otro. De hecho, yo diría que este es el proyecto de la Teología Radical.

El punto de todo esto es decir que un ateo bien podría afirmar: “Yo no creo en Dios”, sin dejar de hacer el movimiento del Arzobispo: afirmar inconscientemente a un Gran Otro que es capaz de protegerlo de aceptar las consecuencias de su posición. Del mismo modo que atestiguamos en el ejemplo de la discoteca, la creencia en el Gran Otro siempre se traiciona a sí misma de alguna manera (tales como la oración, escuchar música religiosa, apoyar las creencias de nuestros padres etc.).

Esta es la razón por la que la Teología Radical hace la afirmación de que el ateísmo popular no es suficientemente ateo. Por ello sólo ataca al objetivo fácil que es el Dios antropomórfico del cristianismo contemporáneo. No tiene nada que decir sobre el Gran Otro. La Teología Radical, por el contrario, busca exponer cómo el Gran Otro -que nos protege de enfrentar nuestra propia crisis personal, religiosa y política- es una ficción. De hecho, la Teología Radical es un proyecto que pretende que este asalto al Gran Otro sea el mensaje central del cristianismo.

Lo que hubiera sido más escandaloso y perspicaz que esta entrevista con el arzobispo, sería escuchar a un líder de la iglesia de alto perfil decir: “Yo creo en Dios la mayor parte del tiempo, pero sé que, en esos momentos, el Dios que me protegería de mí mismo, no existe”.

 

Fuente original:

http://peterrollins.net/2014/09/the-people-are-naked-dont-tell-the-emperor/

 

Peter Rollins

Peter Rollins

Filósofo, Teólogo, Autor, Conferencista.

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