La Biblia es violenta, Dios no

La Biblia es violenta, Dios no

Cuando los dos aviones fueron estrellados contra los edificios del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, la derecha cristiana apareció rápidamente con una frase hecha: “¡Ven! ¡¡Ven!! ¡¡Esto es lo que son los bélicos yihadistas islámicos con su violento dios!!”. “América, con su buen Dios cristiano, es mucho mejor. Debate terminado”.

No pasó mucho tiempo para que hubiera algunas respuestas, por ejemplo, de los “nuevos ateos” como Richard Dawkins y Christopher Hitchens: “Uh… momento incómodo aquí, pero… ¿los cristianos han leído realmente siquiera su propia Biblia? Ya sabes, ¿el exitoso y celebrado exterminio de los cananeos ―hombres, mujeres y niños― a manos de los hijos de Israel por orden de Dios para que pudieran entrar?”.

¿Cómo pueden los cristianos condenar a otra religión como inherentemente violenta cuando sus propios documentos vinculantes representan a su Dios como extremadamente violento, uno que ordena el genocidio y para quién el asesinato en masa pareciera ser su método preferido de resolución de conflictos (pensar en Noé y el diluvio)?

¿Cómo pueden los cristianos afirman hablar en nombre de Dios al condenar la violencia divina hoy, cuando el Dios cristiano hizo la misma cosa en los tiempos antiguos?

Esto es lo que en el negocio llamamos un “problema teológico”, y ha sido un problema mucho antes del 9/11 y los “nuevos ateos”. Para poner un punto fino sobre ello, los cristianos han luchado con una Biblia que en una parte representa a Dios como un feroz señor de la guerra y luego en otra parte retrata pacificas bendiciones de Jesús y el mandamiento de orar por los enemigos de uno.

No hay escapatoria al hecho de que los cristianos que toman la Biblia como una confiable, fiable y precisa fuente de información dada por Dios y acerca de Dios, tienen algo en lo que pensar.

Una publicación no va a resolver nada; sin embargo, me gustaría ofrecer dos factores relacionados que siento la necesidad de que estén al frente y en el centro de las deliberaciones cristianas pero que no siempre están.

En primer lugar, hay poco o ningún apoyo arqueológico para el genocidio cananeo, y, de hecho, la mayor parte de la evidencia contradice de plano la idea. La mayor parte de los pueblos que fueron destruidos de acuerdo al libro de Josué, no muestran signos de destrucción, y algunas ciudades ni siquiera estaban ocupadas en ese tiempo (incluyendo las ciudades a través de las que pasaron los israelitas al este del río Jordán, en su camino a Canaán).

Estos resultados deben ser tomados en serio. Sugieren que las historias de exterminio masivo en Canaán son exageradas, y probablemente encuentren su “gancho” histórico en varias escaramuzas tribales de una época muy anterior.

En segundo lugar, es un punto teológico. Los escritores bíblicos representaron sus orígenes nacionales como una gran victoria militar dirigida por Dios a la cabeza del ejército, lo cual sabemos que era la retórica común de las culturas tribales en ese momento. Por ejemplo, la famosa “Estela de Mesa” de la vecina Moab, utiliza la misma retórica que el Antiguo Testamento.

Si los cristianos toman en serio el hecho de que los israelitas eran un pueblo antiguo, en realidad también deberían esperar que escribieran sus experiencias de Dios utilizando las convenciones culturales aceptadas de su tiempo.

Como uno de mis profesores de seminario diría: “Dios deja que sus hijos cuenten la historia”, lo que significa que es desde su punto de vista, dentro de su propio modo de pensar y limitaciones.

Una moderna (¡y casi perfecta!) analogía puede ayudar. Piensa en cómo los niños hablan en el patio de la escuela de cuan grandiosos son sus padres. Hay formas de contar la historia ―reglas del patio de la escuela― para asegurarse de que todo el mundo sepa que su papa es el mejor. Me aseguré de que mis amigos supieran cuan fuerte y atlético era mi padre, un verdadero héroe, y realmente creía que lo era, aunque mirando hacia atrás veía a mi padre a través de mis lentes “culturales”.

No estaba mintiendo, y había un elemento de “verdad histórica” en mi historia. Pero el cómo hablaba era dictado por el amor, el orgullo (el bueno) y las “expectativas culturales” tácitas del patio de la escuela.

Nunca mencione muchas de las cosas que hizo mi padre que también fueron “heroicas” pero no tan emocionantes, como ir a todos mis pequeños partidos de liga o lavar los platos. Si hubiera dicho eso, habría caído en oídos sordos. Pero a medida que crecí y maduré de la cultura del patio de la escuela, gané una perspectiva diferente de mi padre, una que permanece en mí como padre. Mi visión de mi padre no permaneció estática.

Del mismo modo, la Biblia no es estática cuando se habla de Dios. Más bien, en la Biblia cristiana vemos movimiento dinámico.

No sólo que los cristianos tienen el factor de Jesús para dejar atrás la cultura tribal (“bienaventurados los pacificadores”, “amen y oren por vuestros enemigos”, etc.), en el Antiguo Testamento ya vemos algunas idas y vueltas que pone al pensamiento tribal en tela de juicio. Por ejemplo, en el libro de Jonás Dios extiende su misericordia a la horrible superpotencia Asiria, aunque en el libro de Nahúm será destruida por Dios y todos los que escuchen de ello aplaudirán.

Los cristianos que deliberan sobre el difícil problema del genocidio Cananeo deberán tener en cuenta que los escritores de Israel eran narradores, cuyas formas de pensar acerca de Dios y de sí mismos reflejaban su entorno cultural. Y así, estas historias, aunque en parte Palabra sagrada, no son la última palabra sobre cómo es Dios.

Para muchos cristianos, mirar el genocidio cananeo desde este punto de vista puede ser preocupante: implica que la Biblia “se equivoca”. Pero desde mi punto de vista, mucho más preocupante es perpetuar la idea de que el Dios del universo haya pintado un blanco en la espalda de los cananeos.

 

Fuente original:

http://www.huffingtonpost.com/pete-enns/the-bibles-violent-god-is_b_5824832.html

Peter Enns

Peter Enns

Teólogo, Autor.

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