Gracias a Dios no soy como ellos: Avergonzando las defensas de la gente como defensa

Gracias a Dios no soy como ellos: Avergonzando las defensas de la gente como defensa

La humillación pública es tan antigua como la humanidad. En un momento determinado, cierto comportamiento ha sido considerado desagradable y digno de ridiculizar. Las mujeres han sido avergonzadas públicamente por tener hijos fuera del matrimonio, los hombres han sido condenados al ostracismo por ser homosexuales, y ciertas prácticas sexuales han sido ridiculizadas. Aquellas personas que humillan a otras se reconocen como defensores de la moral, la verdad, el amor y el bien.

Actualmente hay personas que ridiculizan a otras porque descubren en ellos mecanismos de defensa. Por ejemplo: Recientemente me encontré con un apologista religioso que atacaba a las personas que podrían llamarse “narcisistas”.

Particularmente, nos es fácil condenar el narcisismo porque describe a una persona que se cree superior a los demás y esta cautivado por su propia imagen. Pero, como es obvio que porque alguien sea gay o heterosexual, eso no lo convierte en moral o inmoral, del mismo modo tener un mecanismo de defensa narcisista, no implica ser integro o no. Simplemente es una respuesta inconsciente que una persona emplea en determinados momentos de su vida. Si la moral entra en discusión, entra en juego en cuanto a la posición que tomamos hacia nuestras defensas.

Aparte de todo esto, humillar a alguien por ser narcisista significa caer en la mentira del narcisismo. Es un tema complicado, pero muchas veces la verdad del narcisismo es lo opuesto a lo que se nos presenta. Y es un disfraz que cubre más la propia vergüenza y el odio hacia uno mismo. Lo que aparece como amor a si mismo refleja un trágico sentido de auto-desprecio. Este es el porqué las personas que sufren de narcisismo piden ayuda (porque en el fondo perciben que es un fino velo que cubre un dolor más profundo).

Todos tenemos mecanismos de defensa. Algunos de nosotros tendemos a separarlos (colocando nuestra agresión interna en otro, con el fin de conservar nuestro sentido de pureza moral), otros emplean la negación (repetitivamente desconociendo su propia lucha), mientras que muchos tienen una regresión (refugiándose en los afectos de la infancia) o desplazamiento (conduciendo su ira hacia una persona que actúa como un sustituto inconsciente de la verdadera fuente del enojo).

Hay muchos mecanismos de defensa y puede ser beneficioso conocer con cual nos identificamos. Además, mientras más nos enfrentemos a ellos, más misericordia tendremos hacia los demás.

Una buena pregunta para hacernos es: ¿Qué postura tomamos hacia esos mecanismos?… ¿Somos conscientes de ellos? ¿Sabemos qué los produce? ¿Buscamos alternativas para exteriorizarlos positivamente?

Porque dependiendo de cómo nos relacionemos con esas defensas, estas pueden convertirse en una fuente de gran alegría y creatividad. Por ejemplo: alguien que es propenso a la paranoia, podría ser un gran escritor de ficción.

Humillar a las personas por sus mecanismos de defensa (suele ser una expresión que confronta) puede ser muy perjudicial, ya que ello anima a la defensa que ataca, o puede llevar a la persona hacia una depresión al rasgar su defensa cuando lo que se necesita es un ambiente terapéutico a través del cual trabajarla.

Además de esto, en realidad es muy difícil percibir los mecanismos de defensa psicológicos de una persona. Solamente porque alguien parezca narcisista o paranoico, esta podría no ser una lucha constante en su vida. Es tentador reducir a las personas a algún tipo de síntoma fácilmente discernible. De hecho, los psicoanalistas están entrenados para no hacerlo. La idea de que sujetos complejos con ricas historias puedan reducirse a un simple diagnóstico no sólo es reduccionista, sino perjudicial para el trabajo terapéutico. Generalmente, los terapeutas sólo se dedican a esta actividad como un mal necesario (por ejemplo, por el bien de las compañías de seguros).

Mientras que el psicoanálisis tiene un parámetro teórico sustancial y evolutivo diseñado para guiar el trabajo terapéutico, este parámetro fue creado para las personas, no las personas para el parámetro. Esto quiere decir que, si bien este parámetro puede ayudar a guiar el trabajo de análisis, lo que sucede dentro de la clínica se permite para alimentar el propio parámetro.

En definitiva, categorizar a las personas por medio de sus síntomas es un acto reduccionista y violento que habilita la deshumanización y la falta de empatía. Nos distancia de los demás, y permite evadir temporalmente esas partes de nosotros mismos que tememos. Cada uno de nosotros posee mecanismos de defensa, y el juego de “gracias a Dios que no soy como ellos” es la evidencia de que somos como ellos.

 

Fuente original:

http://peterrollins.net/2015/05/thank-god-im-not-like-them-on-shaming-peoples-defenses-as-a-defense/

Peter Rollins

Peter Rollins

Filósofo, Teólogo, Autor, Conferencista.

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