GRACIA: Semana 2, día 5. Confía en el río.

GRACIA: Semana 2, día 5. Confía en el río.

La gracia y la misericordia nos enseñan que somos mucho más grandes que las buenas o malas historias que contamos acerca de nosotros mismos o de alguien más. Por favor, no permanezcas atrapado en tus pequeñas historias; usualmente son poco menos que verdades a medias, y por lo tanto no son verdaderamente “ciertas” en lo absoluto. Por lo general se basan en heridas y planes inconscientes que nos permiten ver y juzgar las cosas de una forma muy selectiva. Ellas no son el TU completo. No son el TU grandioso, no son el gran río. Por lo tanto, allí no es donde tu gran vida puede verdaderamente suceder. No es de extrañar que el Espíritu sea descrito como “agua viva” y como “un manantial del que brota vida eterna” (Juan 4:10-14) o, al final de la Biblia, como un “río de vida” (Apocalipsis 22:1-2). Extrañamente, tu vida no se trata de “Ti”. Es parte de una corriente mayor llamada Dios.

 

Creo que la fe puede ser, precisamente, esa habilidad de confiar en el Gran Río del amor providencial de Dios, lo cual es confiar en la encarnación visible (el Hijo), el fluir (el Espíritu Santo) y la misma fuente (el Padre). Este es un proceso divino que no tenemos que cambiar, forzar o mejorar. Sólo tenemos que permitirlo y disfrutarlo. Eso requiere gran confianza, especialmente cuando estamos heridos. Por lo general, puedo sentir cómo me domina el pánico. Entonces, rápidamente deseo hacer las cosas bien. Pierdo mi habilidad de estar presente, me maquino y empiezo a obsesionarme. Pronto tiendo a estar sobreenfocado en mi mente a tal punto que verdaderamente no siento o experimento cosas en mi corazón o cuerpo. Me oriento hacia metas y a provocar que las cosas sucedan, tratando de empujar o incluso crear mi propio río. Sin embargo, el Gran Río ya se encuentra fluyendo a través de mí y sólo soy una pequeña parte.

 

La fe no necesita empujar el río, precisamente porque es capaz de confiar en que hay un río. El río está fluyendo; ya estamos en él. Probablemente este sea el significado más profundo de “providencia divina”. Así que no temas. Hemos recibido proactivamente el Espíritu de un Dios muy proactivo. Jesús entendía este regalo como una conclusión inevitable: “Pues, si ustedes, aun siendo malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!” (Lucas 11:13).

 

Bien lo dijo Simone: “Es la gracia la que crea un vacío en nuestro interior, pero también es ella la que se encarga de llenarlo”. La gracia nos conduce a un estado de vacío, a ese sentido momentáneo de sinsentido en el cual preguntamos: “¿Qué es todo esto? ¿Qué significa todo esto?”. Sin gracia no entraremos en tal vacío necesario, y sin gracia el vacío no será llenado. Todo lo que podemos hacer es tratar de estar dispuestos y tener nuestras manos abiertas. E incluso la gracia es la que hace eso. Pero debemos querer la gracia y saber que la necesitamos.

 

Pregúntate con frecuencia: “¿A qué le temo?, ¿Esto importa?, ¿Importará al final o en el gran esquema de las cosas?, ¿Vale la pena aferrarse a esto?”, la gracia te conducirá a tal clase de temor y vacío, y sólo la gracia podrá llenarlo, siempre y cuando estemos dispuestos a permanecer en el vacío. Esto es una especie de “potencial negativo” del que pareciera que Dios hace constante uso. No debemos diseñar una respuesta muy rápido. No debemos arreglarlo muy rápido. Todos queremos fabricar una respuesta para hacer a un lado nuestra ansiedad y asentar el polvo. Permanecer en las manos de Dios y confiar, usualmente significa que tenemos que apartarnos de nuestro apego a los sentimientos, los que de cualquier forma pasarán (esta es la ironía de todo). Las personas de fe profunda desarrollan una alta tolerancia a la ambigüedad, y llegan a reconocer que sólo es el pequeño yo el que necesita certidumbre o perfecto orden todo el tiempo. El Río del Misterio es el perfecto hogar de Dios.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/trust-the-river-2016-02-04/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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