GRACIA: Semana 2, día 4. Un credo de adjetivos.

GRACIA: Semana 2, día 4. Un credo de adjetivos.

¡Yahvé! ¡Yahvé! Un Dios de ternura y compasión, lento para la ira y rico en bondad y abundante en fidelidad. Mantiene su bondad y perdona todas nuestras faltas, rebeliones y pecados por mil generaciones. Éxodo 34:6-7.

 

En esta maravillosa afirmación primitiva, tenemos, según Walter Brueggemann: “Una formulación tan estudiada que pudo haber sido considerada un clásico, un mandamiento normativo al cual Israel regresaba regularmente, mereciendo la etiqueta de ‘credo’”. Aquí se encuentran cinco generosos y gloriosos adjetivos que describen el corazón y el alma de la creencia Israelita. De alguna manera, a contramano de todos los extraños y vecinos, ellos fueron capaces de experimentar un Dios que era misericordioso, compasivo/clemente, persistente/firme en el amor, tenazmente fiel y perdonador. Esta es la dinámica central de todo su sistema de creencias, así como debería también ser la nuestra, y cómo todo misterio espiritual, pareciera ser infinitamente generativo y fructífero, culminando en el definitivo -y literalmente impensado- concepto de la gracia.

 

En Ezequiel capítulos 36 y 37, Yahveh realmente mastica a Israel, diciéndole al pueblo, en efecto, a través del profeta: “Ustedes no han hecho nada bien, han perdido completamente el punto”. Yahveh descalifica a los hijos de Israel como un pueblo digno, casi al punto de decirles que tiren todo y empiecen de nuevo. Entonces, aparentemente de la nada (pero ciertamente proviniendo de la misericordia divina, la cual siempre está presente), Yahveh promete reconstruir el proyecto desde abajo, y dice: “Pero no porque lo merezcan sino para proteger mi santo nombre” (Ezequiel 36:22). Dios es el propio punto de referencia de Dios. Dios está siento fiel a sí mismo en el amor. La fidelidad de Dios nunca ha dependido de nuestro mérito o disposición. Esto es justicia restaurativa, la forma divina de justicia.

 

La frase traducida como “amor firme” es traducida con frecuencia como “pacto de amor” o “amor fiel”. Hoy en día solemos llamarlo amor incondicional. Esto es, si se quiere, “un amor unilateral”, porque Israel nunca cumplió su parte del pacto, así como nosotros tampoco cumplimos nuestra parte de la relación en estos días. Yahveh ha aprendido a hacerlo todo desde su lado, mientras que nosotros somos básicamente amantes infieles. Este es un mensaje constante en gran parte de las Escrituras, desde Moisés hasta Job. Sin embargo, como dijo Pablo: “¿Es posible que Yahveh rechace a su propio pueblo? Por supuesto que no” (Romanos 11:1). Israel es la figura para todo.

 

Fuente original:

https://cac.org/a-credo-of-adjectives-2016-02-03/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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