GRACIA: Semana 2, día 2. La gracia es la llave.

GRACIA: Semana 2, día 2. La gracia es la llave.

Los siguientes tres párrafos vinieron a mí de manera muy clara en un tiempo muy corto mientras caminaba a solas por el océano pacífico durante mi ermita de Cuaresma en 2012. Pienso que resumen por qué, para mí, la gracia es la llave para aceptar todas las muertes, y experimentar todas las resurrecciones.

 

  1. La bondad de Dios llena todos los huecos del universo, sin discriminación o preferencia. Dios es la gratificación de absolutamente todo. El espacio entre todas las cosas no es espacio sino Espíritu. Dios es la “Bondad Aglutinante” que sostiene juntas la oscuridad y la luz de las cosas, la energía libre que transporta todas las muertes a través de la Gran División y las transmuta en Vida. Cuando decimos que Cristo “pagó la deuda una vez y por todos” esto significa simplemente que el trabajo de Dios es compensar todas las deficiencias en el universo. ¿Qué más haría Dios? Básicamente, la gracia es el primer nombre de Dios, y probablemente también sea el último. La gracia es lo que Dios hace para mantener vivas todas las cosas que ha hecho en amor, para siempre. La gracia es la descripción oficial del trabajo de Dios. La gracia no es algo que Dios da; la gracia es quien Dios es, si confiamos en los primeros testigos, es una bondad inexplicable que se encuentra trabajando en el universo. (Algunos de nosotros llamamos Dios a este fenómeno, pero la palabra no es necesaria. De hecho, algunas veces obstaculiza el camino de la experiencia, ya que demasiados han llamado Dios a algo diferente de la gracia).

 

  1. Morir no es tan sólo nuestro fallecer, sino ir hasta la plena profundidad, golpear el fondo, recorrer la distancia, más allá de donde estoy en control y siempre más allá de donde ahora me encuentro. No es de extrañar que atemorice. Esta clase de muerte es llamada “el descenso al infierno” en el primitivo Credo de los Apóstoles, mientras que, en otras fuentes, es llamada “el pozo”, “la noche oscura”, el “Seol” o el “Hades”. Eventualmente, todos morimos; no tenemos elección en este asunto. Pero hay grados de muerte antes de la muerte física final. Si somos honestos, reconoceremos que estamos muriendo a lo largo de nuestra vida, y esto es lo que aprenderemos si estamos atentos: encontramos la gracia en las profundidades y en la muerte de todo. Tras esas pequeñas muertes, sabemos que el único “pecado mortal” es nadar hacia la superficie de las cosas, donde nunca vemos, encontramos o deseamos el amor de Dios. Esto incluye, incluso, la superficie de la religión, la cual puede ser la más peligrosa de todas. Por lo tanto, no debemos tener miedo de caer, fallar, ir hacia abajo.

 

  1. Cuando te sumerges en la completa profundidad y muerte, algunas veces incluso en las profundidades de tu pecado, siempre existe la posibilidad de que salgas por el otro lado, y la palabra para esto es resurrección. Algo o alguien construye un puente para ti, reconocible sólo desde el lado más alejado, que te lleva voluntariamente, o incluso semivoluntariamente, a través. Todo lo que hemos escuchado de fuentes respetables y confiables (místicos, chamanes, visitantes y personas con “experiencias cercanas a la muerte”) nos indica que nadie está más sorprendido o iluminado que el mismo viajero. Algo o alguien pareciera llenar el trágico vacío entre la vida y la muerte, pero sólo en el punto de no retorno. Ninguno de nosotros cruza por nuestro propio esfuerzo o mérito, pureza o perfección. Todos somos llevados por una gracia increada e inmerecida, desde el Papa hasta el presidente, la princesa y el campesino. El mérito no es el boleto, sólo el deseo profundo, y el boleto es entregado al que desea. Al final la tumba siempre estará vacía. No hay excepciones a la muerte, y no hay excepciones a la gracia. Y yo creo, con buena evidencia, que no hay excepciones a la resurrección.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/grace-is-key-2016-02-01/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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