GRACIA: Semana 1, día 4. Un Dios Santa Claus.

GRACIA: Semana 1, día 4. Un Dios Santa Claus.

Creo firmemente que la buena teología tiene dos tareas importantes: mantener a todas las personas libres para Dios y mantener a Dios libre para todas las personas. En mi opinión, la mayoría de las iglesias no le dan mucha libertad a Dios. Dios siempre es mucho más grande que la teología y las míseras cajas que hemos construido “para Él”. Sin reconocerlo, muchas personas tienen una imagen operativa de Dios como la de Santa Claus. Él está “haciendo una lista y revisándola dos veces, para encontrar quien es desagradable o agradable”. El recompensa a los chicos buenos con juguetes (cielo) y castiga a los chicos malos con trozos de carbón (infierno). Si no tienes una espiritualidad madura o una honesta vida de oración interior, terminarás con un Dios Santa Claus, y el Evangelio se convertirá en una novela barata de recompensa y castigo. ¡Esas no son las grandiosas buenas noticias! Un Dios infinitamente amoroso es capaz de mucho más que algo tan simplista como un negocio de este tipo.

 

Traer aceptación social al cristianismo no ha ayudado en este punto. Luego de que Constantino hiciera del cristianismo la religión oficial del Imperio romano en el año 313, los grandiosos conceptos bíblicos de gracia y perdón fueron gradualmente controlados por fórmulas y técnicas. Los imperios no pueden permitirse mucha misericordia o perdón. Pronto la iglesia creó ecuaciones: todo este pecado tiene como resultado todos estos años en el purgatorio o en el infierno; toda esta penitencia tiene como resultado todo este tiempo de liberación del purgatorio. La gracia y el perdón se convirtieron en términos jurídicos y distantes en vez de una profunda realización espiritual. La desobediencia o deslealtad fueron vistas como más pecaminosas que cualquier falta de amor, de servicio o muestra de misericordia.

 

El trabajo de los sacerdotes se convirtió en la gestión del pecado más que en el maravilloso trabajo de transformación y realización interior que vemos en el ministerio de Jesús. En gran manera la iglesia se convirtió en un “sistema de consecución de méritos” manejado desde afuera, en vez de un sistema transformacional despertándonos desde adentro.

 

Cuando el perdón se convierte en el proceso de sopesar y juzgar, entonces quienes estamos a cargo podemos medirlo, definir quien está dentro y quien fuera, encontrar maneras de ganarlo y de excluir a los indignos. Entonces destruimos la posibilidad de que las personas alguna vez experimenten el regalo puro de la gracia y el perdón de Dios.

 

Cuando te sumerges en el océano de la misericordia, dejas de calcular y medir. De hecho, calcular y especular ya no tiene más sentido; va en contra de la experiencia de la gracia. En la medida en que continúes calculando, no te darás cuenta que, de todos modos, todos somos salvos por gracia.

 

Recientemente visité el Centro de la Memoria del 9/11 en el sitio de las Torres Gemelas en la ciudad de New York. Una enorme cascada de agua cae en la oscuridad de una piscina que se encuentra debajo y cuyo fondo no puedes ver. Esto me llamó profundamente la atención, como una metáfora de Dios: la misericordia derramándose eternamente en la oscuridad, siempre llenando un espacio vacío. La gracia llena todos los huecos del universo. Llevar la cuenta y medir sólo puede incrementar el espacio entre las cosas. Mejor aun, el agua siempre cae en los lugares más bajos y oscuros de la misma forma que lo hace la misericordia. Y la misericordia no es más que gracia en acción.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/a-santa-claus-god-2016-01-27/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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