GRACIA: Semana 1, día 3. Justicia retributiva y justicia restaurativa.

GRACIA: Semana 1, día 3. Justicia retributiva y justicia restaurativa.

En mis cuarenta y cinco años como sacerdote, me encontrado con que una de las mejores cosas que podemos hacer para remover de las personas su arraigada inhabilidad de experimentar la gracia y la misericordia es, en primera instancia, limpiar la imagen tóxica que tienen de Dios. En mi opinión, hay dos obstáculos principales que necesitan ser removidos. Uno es teológico y el otro es más bien psicológico.

 

La pobreza teológica a veces ha conducido a la mayoría de las personas a ver a Dios como un Santa Claus benevolente o como un tirano implacable que nos quemará en el infierno por toda la eternidad si no lo amamos. (¿Quién amaría, o incluso confiaría en un dios como ese?). Psicológicamente, los humanos tienden a operar a partir de una visión de miedo y escasez en el mundo, en vez de una visión de confianza y abundancia. Esta tacaña y calculadora cosmovisión hace tanto a la gracia como a la misericordia inimaginables y difíciles de experimentar.  Invertiremos varios días observando los impedimentos para recibir la gracia.

 

Primero, permíteme expandirme en nuestra secular y limitada definición de justicia, la cual para la mayoría de las personas es meramente justicia retributiva. Cuando las personas en los noticieros dicen: “¡Queremos Justicia!” por lo general quieren decir que las malas acciones deben ser castigadas o que ellos quieren venganza. Nuestros sistemas judiciales, legales y penales están en su mayoría basados sobre esta idea de justicia retributiva. La justicia retributiva parece ser lo mejor que nuestro mundo dualista puede hacer. Este gran mal merece un gran castigo; este gran bien merece una gran recompensa. Este sistema racional, lógico, de toma y daca, quid pro quo, tiene sentido para la mayoría de nosotros.

 

Esto hace que la sociedad civil se sostenga en su conjunto. Ciertamente reconozco que muchos pasajes antiguos de la Biblia presentan a Dios como punitivo y retributivo, pero debes seguir al texto, y observar cómo gradualmente dejamos a Dios crecer. Dios no cambia, pero nuestro conocimiento de Dios sin duda evoluciona. La mera retribución divina nos conduce a una ego-satisfacción y finalmente a una fallida imagen de Dios, que nos sitúa dentro de un universo muy inseguro y peligroso. Tanto Jesús como Pablo observaron la tendencia humana hacia la retribución y hablaron duramente acerca de las limitaciones de la ley.

 

La noción bíblica de la justicia, que comienza en las Escrituras Hebreas con los profetas judíos —especialmente Moisés, Isaías, Jeremías, Ezequiel y Oseas— es bastante diferente. Si leemos cuidadosa y honestamente, veremos que la justicia de Dios es restaurativa. (Este término sólo ha sido utilizado aproximadamente durante los últimos veinticinco años a medida que la consciencia humana ha evolucionado). En cada caso, luego de que los profetas reprendían a los israelitas por sus transgresiones en contra de Jehová, proseguían diciendo: “Y esto es lo que Jehová hará por ti: ¡ahora Dios te amará más que nunca! Dios te amará totalmente. Dios derramará sobre ti un amor gratuito, increíble, inexplicable, irrefutable, de tal manera que finalmente serás incapaz de resistirlo”.

 

¡Dios nos “castigaamándonos más! ¿De qué otra manera podría ser el amor divino supremo y victorioso? Revisa este tema por ti mismo: lee el tipo de pasajes como Isaías 29:13-24, Oseas 6:1-6, Ezequiel 16 (especialmente los versos 59-63), y varios de los Salmos. ¡La justicia divina es completamente exitosa cuando Dios puede legitimar y validar a un ser humano en su original y completa identidad! Dios gana asegurándose que nosotros ganemos, como cualquier padre amoroso lo hace. Los pequeños “tiempos muertos” y azotes en el camino son simplemente para mantenernos despiertos y en crecimiento.

 

El amor es la única cosa que transforma el corazón humano. En los evangelios vemos a Jesús revelando completamente esta sabiduría divina. El amor toma la forma y el simbolismo de la sanidad y el perdón radical, lo cual es casi todo lo que hacía Jesús. Jesús, quien representa a Dios, por lo general transforma a las personas en el momento en que más se odian a sí mismas, cuando ellas más quieren castigarse o sentirse avergonzadas y culpables. Observa la interacción de Jesús con Zaqueo, el recolector de impuestos (Lucas 19:1-10). Él no menosprecia ni castiga a Zaqueo; por el contrario, va a su casa, comparte una cena con él y lo trata como a un amigo. El corazón de Zaqueo es abierto y transformado.

 

Como Isaías dijo acerca de Dios: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos” (Isaías 55:8). Sin embargo, temo que gran parte de nosotros encasillamos a Dios dentro de “nuestros pensamientos”. Creemos que el miedo, el enojo, la intimidación divina, la amenaza y el castigo conducirán a las personas hacia el amor. Muéstrame donde ha funcionado esto. No puedes conducir a las personas hacia altos niveles de motivación enseñándoles lo más bajo. Dios siempre y por siempre modela lo más alto, y nuestra tarea es simplemente “imitar a Dios” (Efesios 5:1).

 

 

Fuente original:

https://cac.org/retributive-justice-and-restorative-justice-2016-01-26/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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