GRACIA: Semana 1, día 1. Misericordia antes que juicio.

GRACIA: Semana 1, día 1. Misericordia antes que juicio.

Cuando el Papa Francisco abrió la Puerta de la Misericordia el 8 de diciembre de 2015 en Roma, dando inicio al “Año de la Misericordia”, dijo: “Cuánto daño le hacemos a Dios y a su gracia cuando hablamos de pecados siendo castigados por su juicio antes de hablar de ellos siendo perdonados por su gracia. Tenemos que poner la misericordia antes que el juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre será a la luz de su misericordia”, la cual es ¡infinita!

 

No sabemos qué hacer con la “infinidad”, porque esta nos afecta. Nuestras mentes humanas no pueden conceptualizar, comprender, o controlar el “infinito”. Esto explica por qué nuestras mentes matemáticas y calculadoras recurren a una noción manejable como la del juicio. De hecho, pareciera que lo preferimos. En la mayoría de los sermones que he escuchado, cuando se habla de la misericordia el predicador rápidamente añade: “Pero por supuesto que la misericordia de Dios siempre debe ser templada por su juicio”. Con mucha frecuencia, el juicio es la última palabra, y entonces esto permanece en nuestras memorias, lo que con naturalidad nos conduce hacia el miedo. Desafortunadamente, la visión más común del juicio de Dios es la justicia retributiva, la cual apela al ego, en vez de la justicia restaurativa, la cual trae verdadera transformación. Vamos a explorar esa clase de justicia en mayor detalle, más adelante esta semana.

 

La gratuita gracia de Dios es una humillación para el ego porque un regalo gratuito no habla de mí. Sólo el alma puede entender la gracia. El ego no sabe cómo recibir cosas gratuitamente o sin lógica. Le gusta ser digno y necesita comprender para aceptar las cosas como verdaderas. El ego prefiere una cosmovisión escaza del mundo o quid pro quo, donde sólo los listos pueden ganar.  Ese problema y sus consecuencias se encuentran en el mero centro de la trama del evangelio. Esto siempre ha sido superado por parte de Dios. ¡El único problema es introducirnos en el proceso! Precisamente nuestra inclusión es la gracia, el amor y la humildad de Dios.  Sólo dentro de una economía de la gracia podremos ver que Dios quiere amigos libres y dispuestos. Una economía del mérito no puede procesar nada gratuito, ni siquiera el amor. “No siervos, sino amigos” (Juan 15:15) es el plan de Dios. Aún en estos días, pareciera que muchos cristianos prefieren ser sirvientes. La amistad con lo divino es mucho más de lo que podemos imaginar.

 

Si somos honestos, la cultura nos forma mucho más que el evangelio. Pareciera que hemos conservado el argumento básico de la historia humana en lugar de permitir al evangelio replantear y redirigir la historia. Excepto por aquellos que han experimentado gracia en su corazón, el cristianismo no ha creado una “mente nueva” (Romanos 12:2) o un “nuevo yo” (Efesios 4:23-24) que sea significativamente diferente a la cultura que habita. El viejo y aburrido escenario de ganar/perder pareciera estar en nuestro disco duro cultural, mientras que la experiencia de la gracia como realidad central, la cual es mucho más imaginativa e instala un nuevo programa ganar/ganar en nuestra psique, ha sido rechazada y desconocida por la mayoría de los cristianos.

 

Me recuerdo hablando en un devocional matutino en mis primeros años en Cincinnati y diciendo: “¿Qué pasaría si el evangelio fuera realmente un escenario ganar/ganar?”. En el receso, un exitoso hombre de negocios, católico, vino a mí y me dijo de la manera más condescendiente: “Padre, padre, ¿ganar/ganar? Eso no sería nada interesante. Y realmente no sería interesante para la mayoría de las personas que viven sus vidas enteras dentro de sistemas de valoración, medición, ganancia, cálculo y realización, el cual es por lejos el único juego en la ciudad”.

 

Hasta ahora, el cristianismo ha reflejado ampliamente a la cultura en vez de transformarla. Recompensa/castigo, buenos chicos versus malos chicos, ha sido la trama de la mayoría de las novelas, juegos, óperas, películas y guerras. Esta es la única forma en la que una mente dualista, no renovada por la oración y la gracia, puede percibir la realidad. Es casi imposible cambiar esta mentalidad durante un corto sermón o un servicio dominical. Mientras permanezcamos dentro del guion dualista de ganar/perder, el cristianismo seguirá apelando a los bajos niveles de moralismos vengativos y míticos (La Guerra de las Galaxias es uno de los ejemplos más recientes) y nunca ascenderá al banquete místico que Jesús nos ofrece. El camino espiritual y la vida en sí misma se tratará más acerca del deber en vez del placer, “tinajas de purificación” en vez de 150 galones de embriagante vino al final de la fiesta (Juan 2:6-10). Nos centraremos en conservar el orden a través de la violencia santificada en lugar de movernos hacia niveles más altos de amor y sanación, lo cual es el punto central del Evangelio.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/mercy-before-judgment-2016-01-24/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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