Finjamos que el mundo es tal como es

Finjamos que el mundo es tal como es

Actualmente, estoy estudiando la posibilidad de lanzar una versión de bolsillo de The Orthodox Heretic, y estaba mirando algunas de mis viejas parábolas. Tengo una conexión en particular con la de abajo, ya que fue la primera que escribí. Recuerdo que se me ocurrió a altas horas de la noche después de haber visto una calcomanía que decía: “Si el cristianismo fuese ilegal, ¿habría suficiente evidencia para condenarte?”.

En un mundo donde el seguir a Cristo se ha decretado como una actividad subversiva e ilegal, se te ha acusado, detenido y arrastrado ante un tribunal por ser un creyente.

Has estado bajo vigilancia clandestina desde hace algún tiempo, por lo que la fiscalía ha sido capaz de construir un buen caso contra ti.

Comienzan el juicio ofreciéndole al juez decenas de fotografías que te muestran asistiendo a las reuniones de la iglesia, hablando en eventos religiosos y participando en diversos servicios de oración y adoración.

Después de esto, presentan una selección de artículos que han sido confiscados de tu casa: libros religiosos de tu propiedad, CDs de adoración y otros artículos cristianos. Entonces intensifican el ritmo mostrando muchos de los poemas, versos y frases que habías escrito amorosamente en tu diario, acerca de tu fe. Por último, para terminar, la fiscalía ofrece tu Biblia al juez. Se trata de un libro muy gastado, con garabatos, notas, dibujos y anotaciones en todos lados, evidencia, si fuese necesario, que habías leído y re-leído ese texto sagrado muchas veces.

Durante todo el caso estuviste sentado en silencio con temor y temblor. Sabes en lo profundo de tu corazón que con la gran cantidad de evidencia que se ha acumulado, por la acusación, te enfrentas a la posibilidad de una larga condena o incluso la ejecución. En varias ocasiones a lo largo del proceso has perdido toda la confianza y estado a punto de ponerte de pie y negar a Cristo. Pero mientras este pensamiento plagaba tu mente durante todo el juicio, resistías a la tentación y permanecías enfocado.

Una vez que la fiscalía termina de presentar su caso, el juez procede a preguntarte si tienes algo que añadir, pero permaneces en silencio y decidido, aterrorizado de que, si abres la boca, siquiera por un momento, pudieras negar las acusaciones formuladas en tu contra.

Como Cristo, tú permaneces en silencio ante tus acusadores. En respuesta, eres llevado hacia afuera para esperar que el juez analice tu caso.

Las horas pasan lentamente mientras te sientas bajo vigilancia en el vestíbulo, esperando a ser llamado de vuelta. Finalmente, un joven de uniforme aparece y te lleva a la sala del tribunal para que puedas escuchar el veredicto y recibir tu castigo. Una vez que te has sentado en el banquillo, el juez, un hombre duro e inflexible, entra a la habitación, se para delante tuyo, te mira profundamente a los ojos y comienza a hablar:

“Por los cargos que se han presentado encuentro al acusado inocente”.

“¿Inocente?” Tu corazón se congela. Entonces, en una fracción de segundo, el miedo y el terror que habían amenazado momentos antes con despojarte de tu determinación, son tragados por la confusión y la ira.

A pesar del ambiente, te pones de pie desafiante ante el juez y le demandas que dé cuenta de por qué eres inocente de los cargos a la luz de la evidencia.

“¿Qué pruebas?” Responde él en estado de shock.

“¿Qué acerca de los poemas y versos que escribí?” Respondes.

“Ellos simplemente demuestran que usted se cree un poeta, nada más”.

“Pero, ¿qué pasa con los servicios en los que hablé, las veces que lloraba en la iglesia y las largas noches de insomnio orando?”.

“Prueban que usted es un buen orador y actor, nada más”. Respondió el juez, “es obvio que usted ha engañado a los que le rodean, y quizás a veces, incluso a usted mismo, pero esta locura no es suficiente para condenarlo en un tribunal de justicia”.

“¡Pero esto es una locura!” le gritas, “¡Parecería que no hubiera pruebas que lo convencieran!”.

“No es así” responde el juez, como si te contara un gran secreto largamente olvidado.

“La corte es indiferente hacia su lectura de la Biblia y su asistencia a la iglesia; no se preocupa por adoración con palabras y una pluma. Continúan con el desarrollo de su teología, y lo utilizan para pintar cuadros de amor. No tenemos ningún interés en este tipo de artistas de sillón que pasan su tiempo creando imágenes de un mundo mejor. Existimos solamente para aquellos que dan su pincel y su vida en un esfuerzo como el de Cristo, para crear un mundo mejor. Así que, hasta que usted viva como Cristo y sus seguidores lo hicieron, hasta que desafíe este sistema y se convierta en una espina en nuestro pie, hasta que no muera a sí mismo y entregue su cuerpo para ser quemado, hasta entonces mi amigo, no es nuestro enemigo”.

 

Fuente original:

http://peterrollins.net/2014/10/lets-pretend-the-world-is-the-way-that-it-is/

Peter Rollins

Peter Rollins

Filósofo, Teólogo, Autor, Conferencista.

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