ESCRITURA: Semana 2, día 6. Divinización.

ESCRITURA: Semana 2, día 6. Divinización.

Si pudiéramos vislumbrar la vista panorámica de la revelación bíblica y la Gran Pintura de la que somos parte, veríamos cómo Dios se encuentra continuamente evolucionando la consciencia humana, preparándonos cada vez más para Él. Los profetas judíos, y muchos místicos católicos y sufís, usan palabras como desposar, matrimonio o noviazgo para describir este fenómeno. Este es el significado de “preparar una novia para que esté lista para su esposo” contenido en Isaías 61:10, 62:5, muchos de los Salmos, la escuela de Pablo (Efesios 5:25-32) y en Apocalipsis 19:7-8, 21:2. El alma humana está siendo preparada gradualmente, de tal manera que el verdadero matrimonio y la relación con lo Divino son el resultado final. Todo se está moviendo hacia una boda final entre Dios y la creación. Nota que tal salvación es un concepto cósmico y social, y no se trata sólo de individuos aislados “yendo al cielo”. La iglesia fue llamada a ser el primer grupo que materializaría esta consciencia de salvación.

 

Pero, ¿cómo podría tal matrimonio divino ser realmente el plan de Dios? ¿No es esto mera exageración poética? Si esta es la agenda, ¿por qué a la mayoría de nosotros nos presentaron una deidad enojada que necesitaba ser aplacada y controlada? E incluso, ¿por qué querría Dios “desposarse” con su creación? Si piensas que me estoy excediendo en este punto, busca todas las veces que Jesús usó un banquete de bodas como su imagen para la eternidad, y cómo a Él le encanta llamarse a sí mismo “el novio” (Marcos 2:19-20). ¿Por qué escogería tales metáforas? La muy osada y aparentemente imposible idea de unión con Dios aún es algo a lo que le tememos bastante, al punto de que no nos permitimos pensar en ello, especialmente ante el abanico de varias religiones. Sólo Dios en ti te permitirá imaginar tal posibilidad, o sea “el Espíritu Santo plantado en tu corazón” (Romanos 8:11 y a través de todo Pablo).

 

Los Padres Orientales de la Iglesia no le temían a esta creencia, y la llamaban el proceso de “divinización” (theosis). De hecho, ellos lo veían como el punto central de la encarnación y el significado preciso de la salvación. La iglesia de occidente, mucho más práctica y racional, rara vez utilizó esta palabra; era demasiado atrevida para nosotros, a pesar de las enseñanzas más directas de Pedro (1 Pedro 1:4-5 y 2 Pedro 1:4) y lo bastante claro del evangelio de Juan: “No ruego sólo por estos. Ruego también por los que han de creer en mí por el mensaje de ellos, para que todos sean uno. Padre, así como tú estás en mí y yo en ti, permite que ellos también estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.” (Juan 17:20-21). Jesús vino a darnos el coraje para confiar en nuestra unión inherente con Dios y permitirla, y Él lo representó para nosotros en este mundo. La unión no es simplemente un lugar al que vamos después, si somos buenos.

 

Pablo hace uso de un lenguaje casi físico para hablar de la encarnación en su frase más usada: “en Cristo”. Más adelante, Pablo nos ofrece la más hermosa enseñanza del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12), el cual toma la forma de una cena, de manera que frecuentemente recordemos la esencia de nuestra identidad (1 Corintios 11:17-26). Como dijo Agustín: “¡Somos lo que comemos, somos lo que bebemos!”. En consecuencia, soy bastante católico y conservador en mi creencia de la “Presencia Real” en el vino y el pan, de otra forma, la Eucaristía sería solamente un simulado juego de té para niños. La transformación debe ser real para las personas, para la creación, para todos los que viven y mueren. Esto es resumible en el acto tanto literal como metafórico de los humanos digiriendo los simples elementos que crecen de la tierra. Esto es el perfecto y supremo Holismo.

 

Al final, ¿qué conclusión podría ajustarse mejor a la “Segunda Venida de Cristo” sino aquella en la que la humanidad se convierte en “una hermosa novia toda vestida para su marido” (Apocalipsis 21:2), con Jesús como sustituto perfecto para el Esposo Divino (Mateo 9:15, Juan 3:29)? En lugar de negar la evolución, los cristianos deberían haber allanado el camino y ofrecido una imagen positiva para el fin del mundo. Por el contrario, hemos enfatizado ampliamente el lenguaje amenazante del Armagedón y el Apocalipsis.

 

Al final, la unión divina será permitida y disfrutada, a pesar de nuestra historia humana de resistencia y rechazo. Cuando Dios gana, ¡Dios gana! Dios sabe cómo ser victorioso. Dios no pierde. El día de Yahvé será en efecto el día de Yahvé, o como lo llamó Juliana de Norwich: “El Gran Suceso” que vendrá al final de la historia. La Apokatastasis o “restauración universal” (Apocalipsis 3:20-21), nos ha sido prometida como el mensaje real del Cristo Cósmico, el Alfa y Omega de toda la historia (Apocalipsis 1:4, 21:6, 22:13). Eso será un ganar o ganar para Dios, ¡y seguramente para la humanidad! ¿De qué otra manera podría ser una victoria divina? Seguramente no lo sería una afirmación de que el 99 % se ha malogrado y perdido.

 

La meta y dirección clara de la revelación bíblica es hacia una morada completamente compartida. El movimiento hacia la unión empezó con Dios caminando en el jardín con los desnudos Adán y Eva y “toda la matriz” de la creación (Génesis 2:1); continuó mediante la inspiración de los profetas, maestros y la historia “secular” a través de toda la Biblia judía. El tema encuentra su escandaloso clímax en la realización de “el misterio es Cristo en ti, tu esperanza de gloria” (Colosenses 1:27). Como entusiasmadamente lo dijo Juan: “¡Ustedes lo conocen porque Él está con ustedes y está en ustedes!” (Juan 14:17). El misterio eterno de la encarnación finalmente encontrará su señal, y “las bodas del cordero empezarán” (Apocalipsis 19:7-9). La historia ya no es un sinsentido o un gran fracaso, sino que tiene una promesa y una dirección positiva. Esto crea personas muy saludables, felices, esperanzadas y generativas; y sin duda alguna las necesitamos ahora. Todo lo que tengo por seguro es que un Dios bueno ha creado y continúa creando un mundo incluso mejor.

 

Fuente original:

https://cac.org/divinization-2016-03-04/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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