ESCRITURA: Semana 2, día 5. Una escuela de relaciones.

ESCRITURA: Semana 2, día 5. Una escuela de relaciones.

Al parecer, todos le tememos y evitamos a la intimidad. Es muy poderosa y demanda que nosotros también “tengamos rostros”, es decir, autoconfianza, identidad, dignidad y cierto coraje para aceptar nuestra verdadera cara. Una vez que nos aceptamos y nos amamos, debemos estar dispuestos a compartir esta osada intimidad con otros. El brillante título del libro de C.S. Lewis: “Mientras no tengamos rostro”, sugiere cuan central es esto; el arquetípico mito de Cupido y Psique revela el anhelo humano y divino de una intimidad cara a cara.

 

Al principio, el individuo no se encuentra preparado para la presencia. Se contenta con costumbres tribales, leyes y ocupaciones como identidad. La mayoría de los individuos no pueden contener o sostener la confianza y el amor por sí solos. Así que Dios comienza por darle al grupo completo un sentido de dignidad e identidad. Yahvé creó un “pueblo escogido”: “Ustedes serán mi pueblo y Yo seré su Dios”, le dijo Dios a Israel (Jeremías 32:38). Sólo el Grupo Completo puede acarrear el peso de la gloria y la carga del pecado, nunca una parte por sí sola. Una gran parte de la inefectividad del cristianismo contemporáneo se debe al individualismo occidental.

 

Al parecer, las experiencias de plenitud y pecaminosidad son muy pesadas para ser llevadas por un individuo. Un individuo, desconfiaría o abusaría de ellas, bien sea a través del autodesprecio o por un ego inflado y presuntuoso. Es casi imposible para una persona pararse frente al rostro de Dios en un balance perfecto de extrema humildad y perfecta dignidad. Así que Dios empieza con un pueblo “consagrado como propiedad suya” (Deuteronomio 14:2). El grupo sostiene el Misterio que los individuos no pueden llevar. Eventualmente, esto se convierte en el significado de “iglesia” o cuerpo de Cristo. Hacer parte del grupo sagrado debería y puede convertirse en la entrada a un encuentro personal y a una experiencia interior, aunque a menudo es un sustituto de ella. Por favor, confía en mí en esto.

 

Podríamos decir: “en el principio era la relación” o el plano original para todas las cosas que existen. La palabra que utilizó Juan para eso fue “Logos” (Juan 1:1). En otras palabras, el primer plano para la realidad fue la relacionalidad. Es una sola pieza. La manera en que nos relacionamos con Dios revela cómo eventualmente nos relacionamos con todo lo demás. Y la manera en que nos relacionamos con el mundo de “las diez mil cosas” es la manera en que estamos activamente relacionados con Dios, bien sea que lo conozcamos o no (1 Juan 4:20). De la manera que hacemos cualquier cosa es la manera en que lo hacemos todo.

 

En consecuencia, debemos leer toda la Biblia como una escuela de relaciones. La palabra trinidad, por cierto, no se encuentra en la Biblia. Con el tiempo, se convirtió en nuestra forma de explicar cómo Dios gradualmente llegó a ser visto como una comunión de personas, un dador perfecto y un receptor perfecto, una interfaz, una morada mutua, o como Charles William lo llamó: “co-inherencia”. Lentamente, la Biblia produce que la humanidad sea capaz de vivir dentro de tal amorosa co-inherencia. Como atrevidamente lo señalan algunos místicos, al final, toda la creación es atraída y seducida dentro de la Gran Co-inherencia, y en efecto, nosotros somos “El Cuarto Algo” dentro de la Bendita Trinidad. “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. (Juan 14:3). La salvación nos provee un rostro que es capaz de recibir la dignidad del abrazo divino, y por lo tanto la osadía de pensar que podríamos también amar a Dios, y que Dios lo disfrutaría, o incluso se interesaría por ello ¡Espero que vuele tu mente!

 

 

Fuente original:

https://cac.org/a-school-of-relationship-2016-03-03/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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