ESCRITURA: Semana 2, día 4. La unión material del alma con Dios.

ESCRITURA: Semana 2, día 4. La unión material del alma con Dios.

“Creemos a la humanidad a nuestra propia imagen, a nuestra semejanza”. Génesis 1:26

 

La historia del Génesis de la tradición judeo-cristiana en verdad es bastante extraordinaria. Dice que fuimos creados a “imagen y semejanza” de Dios, procediendo de un amor libre y desbordante. Este fluir lo experimentan y descubren nuevamente varias personas a través de las escrituras judías y cristianas. Esto nos coloca sobre un cimiento positivo y esperanzador, el cual no puede ser modificado. Aun así, debemos decir que esto nunca funcionó completamente en la vida de muchos creyentes, fueran judíos o cristianos. Tal expresión gratuita era simplemente demasiado buena para ser cierta. Además, no podemos controlar o manipular este amor; y cualquier cosa que los humanos no podemos controlar no lo disfrutamos, no nos involucramos con ello. La Biblia en su totalidad ilustra a través de varias historias la unión material de la humanidad con Dios, la total gratitud por ese amor y, desafortunadamente, nuestra resistencia a tal “imposibilidad”.

 

Encuentro que muchos cristianos aun no tienen conocimiento de la unión material de la humanidad con Dios (1 Juan 3:2, 2 Pedro 1:4), en la que todos los místicos se regocijan, si no, no sería místicos. Incluso con frecuencia, ministros me pelean al respecto, citando el “pecado original” de Agustín, la “total depravación” de Calvino, o “los humanos son como pilas de estiércol, cubiertas por Cristo” del querido Lutero. Estoy seguro de que todos ellos tenían buenas intenciones, pero también de que cavaron una fosa tan profunda de la que muchos no pudieron salir o ser rescatados. Literalmente, ¡qué vergüenza! Tal clase de punto de partida negativo no será muy efectivo en crear personas amorosas o sensibles.

 

¿Cómo se puede deshacer tal maldición fundacional? En la gracia sólo pueden confiar humanos de naturaleza igualmente misericordiosa. Nuestra tarea es meramente labrar la tierra, sabiendo que el Espíritu que mora ya ha sido plantado en ella, y Ella es quien “te enseña y te recuerda todas las cosas” (Juan 14:26). Muchos cristianos han tratado de acumular una positiva teología de la salvación encima de una muy negativa antropología de la persona humana, y eso, simplemente no funciona. Tales tradiciones producen muy pocos místicos y amantes universales. Desde el principio, la imagen humana se encuentra muy dañada y distorsionada.

 

La palabra pecado tiene muchas connotaciones poco útiles que son muy problemáticas hoy en día. Para la mayoría de nosotros, “pecado” no connota lo que verdaderamente es: la ilusión de separación de Dios y de nuestra identidad original, o nuestro Verdadero Ser. La mayoría de las personas piensan en el pecado como pequeños comportamientos desobedientes o alguna “mancha” moral personal que sufrimos a razón de nuestros malos pensamientos, palabras o acciones. Pablo dejó claro que el pecado es más que nada un estado, un “principado” y “poder” corporativo, una trampa, o lo que muchos llamarían una adicción.  Jesús pareciera haberlo visto primariamente como una ceguera que nos atrapa en comportamientos autodestructivos y dureza de corazón. En consecuencia, Él siempre está sanando personas ciegas y desafiando a las personas que parecieran verse a sí mismas como superiores a otros.

 

Lo que llamamos pecado son usualmente los síntomas del pecado y no una negatividad inherente. Lo que llamamos pecado con frecuencia tiene más que ver con la estupidez e ignorancia que con la malicia real. Personas desconectadas con seguridad harán cosas estúpidas e incluso se convertirán en maliciosas, pero ellos no empezaron allí. Ellos empezaron en unión, pero la desunión se convirtió en su experiencia de vida. Esto suena terrible, pero te ayudará a comprender el punto: la mayoría de las personas son solamente estúpidos más que pecadores formales. Cualquiera que es dejado de lado se enfurece y ataca, mientras que a menudo aun procura obetener aceptación. El significado primario de pecado es vivir fuera del “jardín”, o en el ardiente basurero llamado “Gehena”, a las afueras de las murallas de la ciudad de Jerusalén, las imágenes bíblicas predominantes para describir el infierno o la separación de la realidad de Dios (Génesis 3:23-24, Isaías 66:24, Marcos 9:47-48). El pecado es, primeramente, vivir fuera de la unión; es un estado de separación, cuando una parte se plantea como un Todo. Es la pérdida de cualquier experiencia interna de quien eres en Dios.

 

No puedes alcanzar o trabajar por la unión con Dios, porque ya la tienes. “Antes de que el mundo empezara fueron escogidos, escogidos en Cristo para vivir a través del amor en su presencia”. (Efesios 1:4). Nunca podrás convertirte en digno por ti mismo; sólo podrás reconectarte a tu Fuente Infinita. La revelación bíblica se trata de un despertar, no de lograr. Es acerca de realización, no de desempeño. No puedes ir allí, sólo puedes estar allí. Estar en Dios es un pensamiento esencial que, por alguna razón, es muy difícil de creer, demasiado bueno para ser cierto. Sólo lo humildes pueden recibirlo y rendirse ante él, porque afirma mucho más acerca de Dios que de nosotros. Y nosotros tontamente creemos que debería tratarse “todo acerca de mí”.

 

Fuente original:

https://cac.org/the-souls-objective-union-with-god-2016-03-02/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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