ESCRITURA: Semana 2, día 1. La primera Biblia.

ESCRITURA: Semana 2, día 1. La primera Biblia.

El primer acto de revelación divina es la creación misma. La primera Biblia es la Biblia de la naturaleza. Fue escrita hace por lo menos 13.8 mil millones de años, en el momento que llamamos Big Bang, mucho antes que la Biblia de palabras. “Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas” (Romanos 1:20). Uno realmente se pregunta cómo hemos perdido de vista esto. Las palabras nos dan algo sobre lo que argumentar, supongo. La naturaleza sólo puede ser respetada, disfrutada y observada con admiración y asombro. No se atrevan a poner la segunda Biblia en las manos de personas que no se han sentado amorosamente a los pies de la primera Biblia. Ellos, sin duda, manipularán, mutilarán y asesinarán el texto escrito.

 

En el relato bíblico Dios crea el mundo paulatinamente a lo largo de siete días, casi como si hubiera una antigua intuición de lo que nosotros eventualmente llamaríamos evolución. Claramente la creación ocurrió a través del tiempo. La única afirmación teológica estricta en la historia del Génesis es que Dios lo empezó todo. El cómo exacto, cuándo y dónde, no es la preocupación del autor. Nuestra historia de la creación, escrita quizás quinientos años antes de Cristo, no tiene la intención o capacidad de ser un relato científico. Es un relato verdaderamente inspirado de la fuente, significado y bondad original de la creación. Por lo tanto, de hecho, es “verdadero”. El racionalismo occidental y el fundamentalismo religioso deben dejar de confundir verdadero con literal, cronológico o visible al estrecho espectro visual del hombre. Muchos asumen que la Biblia es una foto instantánea exacta ―como captada por una cámara― de la participación de Dios en la tierra. Pero si Dios necesitara tal clase de literalismo, hubiese esperado al siglo veinte de la era actual para empezar a hablar y revelarse a través de tecnología “infalible”.

 

Nota que, en Génesis, los días tercero, cuarto y quinto, lo que Dios creó es llamado “bueno” (1:9-25) y en el sexto día es llamado “muy bueno” (1:31); pero en el primero y segundo día las Escrituras no dicen que fue bueno. El primer día es la separación de la oscuridad y la luz, y el segundo día es la separación de los cielos arriba y la tierra abajo (1:3-8). La Biblia no dice que es bueno ¡porque no lo es! Esto deja el drama en movimiento; una serie de luchas y traspiés, sin embargo, el texto sagrado trata de poner la oscuridad y la luz, la tierra y el cielo juntos de nuevo, como uno.

 

Por supuesto que la oscuridad y la luz, el cielo y la tierra, nunca han estado verdaderamente separados, pero el “pecado” piensa eso (el pecado separa; Dios y el alma se unen). Ese es el trágico defecto en el corazón de todo, lo que Agustín desafortunadamente llamó “pecado original” y yo quiero llamar “vergüenza original”, o la ilusión de la separación. Entonces Jesús se convierte en el ícono de la reconciliación cósmica (Colosenses 1:19-20, Apocalipsis 21:1-3). El une lo que nosotros dividimos y separamos (esto es el misterio sobre el que se basa el “perdón”) y nos dice que podemos y debemos hacer el mismo trabajo de reconciliar los opuestos (2 de Corintios 5:17-20, Efesios 2:14-22).

 

Ahora la ciencia tiene la capacidad de afirmar lo que por siglos han sospechado los Místicos por intuición. Ahora damos por sentado, y es incluso probable, que todo en el universo esté profundamente conectado y en una relación esencial, incluso y, sobre todo, la luz, la cual interesantemente es el primer acto de la creación (Génesis 1:3). Todo el universo conocido orbita y cumple su ciclo alrededor de algo más. No hay tal cosa en todo el universo como la autonomía. Eso no existe. Esa es la ilusión del occidente moderno e individualista, el cual trata de imaginar que el ser autónomo es el ladrillo fundamental y el verdadero profeta. De hecho, todos los santos parecen decir que el ser independiente ve todo de manera incorrecta. Las partes sólo pueden ver partes, y así dividen las cosas aún más. Las personas completas ven las cosas completamente, y así crean integridad (“santidad”) donde quiera que van y donde quiera que miran. Las personas santas encontrarán a Dios en la naturaleza y también en cualquier otro lugar. Las personas testarudas sólo encontrarán a Dios en libros y palabras y, finalmente, ni siquiera allí.

 

Fuente original:

https://cac.org/the-first-bible-2016-02-28/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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