ESCRITURA: Semana 1, día 4. De lo especifico a lo universal.

ESCRITURA: Semana 1, día 4. De lo especifico a lo universal.

Gradualmente, los Israelitas aprendieron el poder transformador de la acción de Dios en sus vidas, como vemos a menudo en Isaías y muchos de los profetas. Lo que formaba a un profeta era su habilidad para confiar en que realmente Yahvé estaba activo y envuelto de manera practica en la historia ordinaria del pueblo judío. Uno tiene que preguntarse de dónde provenía tal confianza.

 

Así como la lluvia y la nieve descienden del cielo, y no vuelven allá sin regar antes la tierra y hacerla fecundar y germinar para que dé semilla al que siembra y pan al que come, así es también la palabra que sale de mi boca: No volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos. Isaías 55:10-11

 

Para el mundo, la historia de Israel es el seno del sentido inicial de la encarnación divina (la participación práctica de Dios en este mundo). En otras palabras, ellos vieron los patrones y conectaron los puntos tan bien, que pudieron confiar en que lo mismo continuaría sucediendo todo el tiempo y en todas partes. El amor y la presencia de Dios, cuando son plantados en tierra fértil, siempre tendrán una cosecha exponencial. Al aceptar gradualmente la audaz iniciativa de real intimidad de parte de Dios, el pueblo hebreo se convirtió en una verdadera comunidad de fe. No era tanto que Dios amara a Israel más que a los otros pueblos de la tierra, sino que de algún modo ellos fueron un pueblo que aprendió cómo escuchar y confiar en las iniciativas de Dios mejor que casi nadie más. ¡Esa es su eterna gloria y privilegio! Así que ellos estuvieron en la mejor posición para entregar el mensaje de la divina intimidad al resto del mundo. Ellos produjeron una visión del mundo en la cual Jesús pudo emerger.

 

Las escrituras hebreas —las cuales desafortunadamente los cristianos llaman “Antiguo” Testamento (implicando que es anticuado)— fueron ensambladas por más de dos mil años de historia. El Nuevo Testamento o Escrituras Cristianas incluyen los cuatro evangelios, el libro de los Hechos, las muchas cartas de Pablo, Juan, Pedro, Santiago y otros, y el libro de Apocalipsis. Esos 27 libros de las Escrituras Cristianas fueron escritos probablemente en el periodo de un siglo. Sin embargo, en conjunto, han definido la espiritualidad occidental e incluso la cultura.

 

Las Biblias Católicas incluyen 46 libros. Algunos de ellos son “apócrifos” y su inclusión en el canon de las Escrituras ha sido frecuentemente debatido. Esos libros incluyen 1 y 2 de Macabeos, Tobías, Judit, Ester, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc y partes de Daniel, que nuestros hermanos y hermanas protestantes no incluyen. En esencia, el mensaje fundacional es el mismo sin importar cual versión de la Biblia aceptemos.

 

El hecho de que los cristianos incluyeran a las Escrituras Hebreas como parte de nuestra Biblia nos debería enseñar que el cristianismo nunca tuvo la intención de ser una religión excluyente.Nosotros incluimos las Escrituras de otras religiones en nuestras propias escrituras cristianas —¡como dos tercios de nuestra Biblia!—. Jesús, que fue un judío observante, brillantemente tajó sus propias tradiciones y textos sagrados, dándonos un verdadero lente experto mediante el cual descubrir la profundidad de la sabiduría hebrea. Y la misma interpretación selectiva de Jesús de sus propias Escrituras representa la llave interpretativa.

 

En las historias del pueblo hebreo vemos a Yahvé, el Dios de Israel, gradualmente mostrándose a sí mismo como la esperanza y la promesa de todos aquellos que buscaban más. El principio de la encarnación es este: inicia con lo concreto, lo específico, lo personal, y entonces lo universaliza desde ahí. Dios nos salva como un pueblo, y, como el Papa Francisco ha dejado claro, el pacto de Dios con Israel es permanente, permanece (Romanos 11:1) y nunca caduca. Lo que fue cierto para ellos lo es para todos.

 

Fuente original:

https://cac.org/from-the-specific-to-the-universal-2016-02-24/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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