ESCRITURA: Semana 1, día 3. Orden, desorden, reorden.

ESCRITURA: Semana 1, día 3. Orden, desorden, reorden.

La Biblia revela el desarrollo de la consciencia humana y la preparación para un romance con lo divino. Las diferencias entre las Escrituras primitivas y las posteriores claramente muestran una evolución de la capacidad humana, la comprensión y la profundidad de la experiencia. Para mí, Jesús representa la imagen madura de lo que Dios está haciendo en la historia. En el crecimiento de Israel como pueblo vemos el patrón de lo que le sucede a cada individuo y comunidad que se embarca en el viaje de fe. Israel es la “matriz de la encarnación”, es por ello que en su historia todo el drama se pone en marcha. Jesús creció completamente dentro de esta matriz. Y nosotros también debemos crecer. Poco a poco, la consciencia humana es preparada para ver cómo Dios nos ama y nos libera. Pero enfrentaremos mucha resistencia, revelada en la constante hostilidad hacia Jesús, incluso y especialmente, de las personas religiosas, finalizando en el mismísimo “asesinato de Dios”.

 

Hay muchos modelos de desarrollo humano y espiritual. Podríamos describir tres etapas como: Consciencia Simple, Consciencia Compleja (ambas “luchan y luchan”) y Consciencia no dual (“el camino unitivo” o “el tercer camino”). Recientemente, he estado llamando a las etapas de progreso: Orden → Desorden → Reorden. En resumen, veo este patrón en la Biblia y en las vidas humanas:

 

  1. Orden: Comenzamos con un pensamiento casi completamente tribal, reflejando un viaje individual, el cual empieza con una egocéntrica necesidad de “orden” y “personalidad”. Sólo de manera gradual nos movemos hacia un amor inclusivo.

 

  1. Desorden: Lentamente reconocemos la invitación para un romance “cara a cara” a través del diálogo bíblico de la elección, el fracaso, el pecado y la gracia, lo que hace que el alma madure. Aquí es donde necesitamos maestros sabios que nos guíen a través de nuestro “desorden”.

 

  1. Reorden: En medio de algunos simbolismos, hay un avance hacia la consciencia unitiva (por ejemplo, figuras como Abraham y Sara, Moisés, David, el Salmista, muchos de los profetas, Job, María, María Magdalena, Jesús y Pablo). Esto es lo que también algunos llaman iluminación o salvación.

 

Normalmente, los conservadores quedan atrapados en la primera etapa, los progresistas en la segunda, y sólo una minoría de cada grupo pareciera avanzar hacia la tercera. La última etapa es considerada peligrosa por las personas de la primera etapa, y más bien desconocida e invisible para las personas de la segunda. Si no has sido entrenado en la confianza hacia el amor y el misterio, y también en cierta habilidad para soportar la ansiedad y la paradoja, todo lo cual permite a la divinidad entrar en el alma, no llegarás muy lejos en el viaje espiritual. De hecho, regresarás corriendo a la etapa uno, cuando las cosas se pongan ásperas en la etapa dos. La gran debilidad de mucha de la espiritualidad occidental es que hay muy poca comprensión de la necesidad de oscuridad y “el no saber” (que es la alquimia transformadora de la fe). Eso es lo que mantiene a muchas religiones en la etapa uno.

 

Por lo tanto, la tradición bíblica, y particularmente Jesús, alaba a la fe incluso con más frecuencia que al amor. ¿Por qué? Porque la fe es esa paciencia mezclada con misterio que te permite franquear las etapas de la vida y moverte hacia un amor no egocéntrico. Como lo señalan Juan de la Cruz y Gerald May en su propia descripción de “la noche oscura del alma”, Dios le enseña al alma más profundamente a través de la oscuridad, ¡y no sólo a través de la luz! Sólo necesitamos suficiente luz para ser capaces de confiar en la oscuridad. Las pruebas y la oscuridad nos enseñan a cómo confiar, de una manera muy práctica, en que un buen Dios nos está guiando. No necesito completa seguridad antes de tomar el próximo paso. Ahora puedo confiar en que incluso mis errores serán usados a mi favor, si yo se los permito. Esta es una maravillosa manera para crecer en el amor humano también, por cierto. La oscuridad, los errores y las pruebas, son los maestros supremos. El éxito en realidad no te enseña nada; simplemente te hace sentir bien.

 

El amor es la fuente y la meta, la fe es el lento proceso de llegar allí, y la esperanza es la voluntad de avanzar sin un final o conclusión. Y esas son, en efecto, “las tres cosas que permanecen” (1 Corintios 13:13). Las personas que tienen esos dones ―fe, esperanza y amor― son indestructibles.

 

 

Fuente original:

https://cac.org/order-disorder-reorder-2016-02-23/

Richard Rohr

Richard Rohr

Autor, Monje Franciscano.

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